La ‘lepra de la montaña’

Actualizado
  • 28/02/2025 00:00
Creado
  • 27/02/2025 16:39
Los datos recopilados sobre los patrones de transmisión de la leishmaniasis y de los factores socioecológicos que determinan su distribución en el espacio y tiempo, son esenciales para desarrollar un modelo predictivo robusto, que permita implementar estrategias eficaces contra esta enfermedad.

La leishmaniasis es una enfermedad parasitaria, endémica en más de 90 países, y afecta mayormente a las poblaciones de escasos recursos. Es complejo estudiarla porque en el ciclo de transmisión participan diversos parásitos (protozoos), vectores (insectos) y reservorios (animales silvestres y domésticos). Además, los cambios ambientales y los determinantes sociales también influyen.

En las Américas, las leishmaniasis son transmitidas, sobre todo, por la picadura de flebótomos del género Lutzomyia. En Panamá es transmitida por “chitras” de este género, y la enfermedad se conoce popularmente como “picada de bejuco” o “yateví”.

La infección más común afecta la piel. Al inicio parece una picada de mosquito, luego se forman lesiones y úlceras que pueden cambiar de tamaño y apariencia. Otras formas de la leishmaniasis afectan las mucosas y puede causar deformaciones, y la visceral afecta los órganos del cuerpo y puede causar la muerte en más del 90 % de los casos no tratados. No existe una prueba específica de leishmaniasis. En Panamá se trata con inyecciones de Glucantime.

En los mapas de distribución de la leishmaniasis cutánea en Panamá se tenía información de Bocas del Toro, Panamá Centro, Panamá Oeste y Colón, pero faltaba estudiar esta infección en Darién, una provincia multicultural, con alta biodiversidad, deforestación y tránsito de migrantes.

Para actualizar la situación de la leishmaniasis cutánea en Darién, la doctora Anayansi Valderrama, investigadora sénior del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges), propuso realizar un estudio para analizar la presencia de los parásitos en vectores y hospederos en zonas de migración transfronteriza irregular.

El estudio “Identificación y caracterización de Leishmania spp. en la región del Darién” se hizo entre 2020 y 2023, financiado por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y sentó las bases técnicas, organizativas y colaborativas para desarrollar un modelo que permita predecir e informar sobre el ciclo de transmisión de la enfermedad.

Con este antecedente y los datos obtenidos, la investigadora fue beneficiada en una Convocatoria Pública de Fomento a I+D para el desarrollo sostenible 2024 de la Senacyt y empezó el proyecto “Modelado espaciotemporal de la infección por Leishmania spp. en Darién: un estudio de las redes de transmisión para la prevención y control de la enfermedad”.

Este trabajo es efectuado mediante la colaboración interinstitucional entre la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), el Icges, la Universidad de Panamá (UP), la Universidad Especializada de las Américas (Udelas) y el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront). Las entidades participan como coinvestigadores en esta iniciativa, que está en ejecución y cuya finalización está prevista para 2026.

Caravana científica

En El Real de Santa María y en Platanilla, Darién, los investigadores trabajaron con un equipo multidisciplinario, incluyendo médicos especializados en epidemiología, que fueron a los centros de salud para revisar a las personas; los entomólogos se encargaron de las colectas de vectores, no solo la chitra de la leishmaniasis, sino también de mosquitos que transmiten arbovirus.

El Ministerio de Desarrollo Agropecuario apoyó con los veterinarios para tomar muestras de los animales domésticos. Colaboradores del Icges especializados en zoonosis, virología y parasitología se ocuparon de los diagnósticos. El Senafront colaboró con el transporte, la seguridad y trayendo a las personas de lugares lejanos para las revisiones con los médicos y brindó la difusión de cápsulas sobre la enfermedad, a través de la emisora Voz sin fronteras.

“Las personas no reconocen el tipo de llaga y costras de la leishmaniasis. En Darién se conoce como la ‘lepra de la montaña”, comentó la doctora Valderrama.

Los pobladores de ambos sitios de estudio se referían a los investigadores como “la caravana científica”. El centro de salud se llenaba. Se identificaron 12 casos de leishmaniasis activos y uno muy avanzado que fue difícil de tratar. Se recolectaron muestras de animales silvestres, entre ellos, murciélagos, ratones y zarigüeyas, y entre los domésticos, perros, vacas, pollos, caballos y gatos. Las muestras fueron llevadas al laboratorio.

El equipo científico visitaba las casas donde se reportaban pacientes infectados y ejecutaban un rastreo en los alrededores de las viviendas para documentar las rutas de transmisión del parásito. Sin embargo, en varias localidades, particularmente en Platanilla, los investigadores enfrentaron dificultades para establecer la conexión epidemiológica entre los casos y los posibles focos de transmisión.

En El Real, documentaron la presencia de flebótomos (chitras) infectados con leishmaniasis, así como un murciélago portador del parásito.

“Este hallazgo desafía nuestros patrones convencionales de investigación, ya que la teoría establece que los principales reservorios silvestres son los perezosos. La identificación de un murciélago infectado revela que los parásitos circulan en ese ecosistema, aunque no constituya el portador primario ni exclusivo. La realidad de campo frecuentemente presenta escenarios que complementan el conocimiento teórico. Según los fundamentos epidemiológicos, para establecer una cadena de transmisión efectiva, no solo se requiere que las chitras estén infectadas, sino también que su población sea abundante en la zona”, precisa la investigadora Valderrama.

Paralelamente, el equipo realizó un trabajo de detección e identificación molecular de filarias (gusanos redondos) en mosquitos colectados en las regiones previamente estudiadas y en otras áreas vinculadas con las rutas migratorias. Los resultados señalaron que El Real presenta condiciones propicias para la transmisión de filariasis, debido a su riqueza biológica, diversidad ecosistémica y la presencia del mosquito adecuado.

Herramienta

Para construir el modelo, el equipo interdisciplinario de científicos emplea una combinación de herramientas avanzadas que incluyen software especializado, imágenes satelitales, técnicas de análisis molecular y métodos estadísticos, integrando metodologías tanto sofisticadas como tradicionales. La doctora Valderrama explica que, como resultado del proyecto, se entregará a la Senacyt los componentes fundamentales para el desarrollo del modelo predictivo, aunque no se presentará un modelo funcional completo, ya que este requiere un periodo adicional para su desarrollo, evaluación y validación científica.

Los coinvestigadores especialistas de la UTP analizarán las variables obtenidas durante el trabajo de campo, así como los elementos pendientes para que el modelo permita visualizar el alcance e impacto de la leishmaniasis cutánea en el país. Este estudio también contempla la posibilidad de que exista leishmaniasis visceral subdiagnosticada o confundida con otras patologías, aunque hasta ahora no se han reportado casos confirmados en Panamá.

Los investigadores identificaron especies de Leishmania mediante análisis molecular de los flebótomos recolectados en ambos sitios de estudio. Está pendiente la obtención y análisis de datos correspondientes a los animales domésticos, que podrían actuar como reservorios del parásito.

Aunque en Panamá está ampliamente documentada la presencia de Leishmania panamensis, los muestreos realizados no revelaron su abundancia esperada.

Adicionalmente, se identificó Lutzomyia dysponeta, una especie no registrada previamente en Panamá y cuyo rol en la transmisión de leishmaniasis aún no ha sido comprobado. “No obstante, sus parámetros ecológicos nos han llevado a clasificarla con un índice de riesgo entomológico crítico y considerarla como potencial vector de transmisión. Este hallazgo constituye un aspecto fundamental para el diseño de nuestro modelo, que busca analizar cómo interactúan diversos factores no humanos para determinar zonas de alto o bajo riesgo epidemiológico”, concluye la doctora Valderrama.

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