A inicios de los años noventa, Panamá enfrentaba un desafío económico tras la invasión militar, con varios servicios públicos en quiebra debido al déficit presupuestario nacional. En el contexto global de apertura económica que vivía el mundo, la privatización de los puertos tomó relevancia en muchos países como una estrategia clave para modernizar la infraestructura y mejorar la eficiencia logística, mediante la gestión privada. Como resultado, en Panamá, este proceso constituyó el punto de partida de la transformación del país hacia un hub logístico de clase mundial.
De esta manera, la globalización redujo las barreras comerciales y favoreció el desarrollo de estrategias orientadas a fortalecer la seguridad en la cadena de suministro y a combatir actividades ilícitas como el terrorismo, el contrabando y el tráfico de drogas. Estas amenazas enmarcadas dentro de la delincuencia organizada transnacional han expandido su rango de acción a nivel global, lo que ha exigido una respuesta coordinada e inmediata entre los países.
Producto de lo anterior, organizaciones como BASC (Business Alliance for Secure Commerce) en cooperación con CBP (Customs and Border Protection) y CTPAT (Customs Trade Partnership Against Terrorism), han logrado un progreso notable en materia de colaboración internacional para garantizar un comercio seguro y reducir los riegos en la cadena logística entre los mercados.
Panamá no es ajeno a esta realidad. Su posición estratégica dentro de la geopolítica mundial ha llevado al país a afianzar su Sistema Logístico Nacional, con un enfoque en seguridad, competitividad y transparencia, que facilita el comercio internacional.
El Canal de Panamá, inaugurado a principios del siglo XX, es hoy una ruta marítima estratégica que reduce tiempos y distancias en el comercio global. La expansión llevada a cabo por Panamá en 2016, incrementó significativamente la capacidad y conectividad del Canal, lo que lo consolidó como un referente fundamental para la estabilidad del comercio global. Esta infraestructura también juega un papel crucial en la plataforma logística nacional, la cual debe mantenerse a la vanguardia para afrontar los desafíos que impactan las rutas comerciales.
Dado que el Canal de Panamá ha sido un eje primordial para el desarrollo sostenible del país, al fomentar las inversiones y fortalecer los ámbitos financiero, comercial y logístico de la región y el mundo, nos exige a todos los sectores públicos y privados demostrar el compromiso con los objetivos de nuestro hub de clase mundial. Este hub, que permite a todos los países utilizar la vía interoceánica, impulsa la actividad de los buques mercantes entre ambos océanos y garantiza la sostenibilidad y el crecimiento global.
Como parte de esta evolución, los avances del Canal, la infraestructura de los cinco puertos ubicados a lo largo de la vía interoceánica, el fortalecimiento de las navieras más destacadas a nivel global y el ferrocarril transístmico, que conectan con innumerables puertos alrededor del mundo, nos permitirán seguir desarrollando propuestas orientadas a mejorar la competitividad y el valor ofrecido a los usuarios, lo que no solo impulsará el desarrollo económico de Panamá, sino que también posicionará al país como un pilar esencial en el comercio internacional.
Potenciar a Panamá como modelo en la conectividad marítima mundial, a través de estrategias integrales y de largo plazo, es un desafío que requiere el esfuerzo conjunto de todos los sectores del país.
Por ello, me complace participar como panelista en el Foro Internacional BASC, Panamá 2025, bajo el lema “Navegando con el futuro marítimo y logístico de Panamá: seguridad para el comercio global”, cuyo propósito es reforzar la seguridad y competitividad logística de Panamá, lo que responde a las exigencias del comercio global y refleja nuestro firme compromiso con el desarrollo sostenible, la innovación, la digitalización y el bienestar de las futuras generaciones.