El Metro de Panamá detalló que la construcción de la Línea 3 cuenta con un avance del 75%. Aunque aún no se conoce una fecha para la terminación de la...
Al inicio del año escolar 2021, cuando ya respirábamos un poco más tranquilos, pero vigilantes, después de que colectivamente superábamos la pandemia por la COVID-19, escribí que: “Si el sistema educativo antes de la pandemia era un tema de reformas profundas, este último año [2020-2021], ha retrasado el desarrollo de las generaciones en formación –en el marco de un nocivo tiempo de corrupción– cuyos resultados no se verán hasta dentro de algunas décadas”.
Hoy, cuatro años después, inicia el año lectivo 2025 y, además de los retos de un sistema educativo pernicioso, desde que asumió la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, ha colocado a los líderes de nuestro país en una incomodidad que no saben cómo resolver y sin el apoyo de la población. No podemos hablar con una sola voz.
En un sistema educativo robusto y moderno, centrado en la independencia y los derechos del país, los estudiantes de quinto o sexto año, por ejemplo, esta misma semana estarían manifestándose en favor de la dignidad nacional con el apoyo de sus profesores y consejeros. Organizarían conferencias y difundirían su posición como estudiantes. Me he adelantado a lo que puede ocurrir esta semana, pero tengo serias dudas de que esas manifestaciones de patriotismo se lleven a cabo de parte de autoridades o de estudiantes.
Yo no veo problemas con que el director de un colegio, en su primera presentación ante los estudiantes hoy, les hable claramente sobre la responsabilidad como ciudadanos en formación; la importancia de mantenerse informados ante los eventos de amenaza que nos acechan que, incluso, en un marco más amplio, pueden conducir a conflictos bélicos que nos pueden afectar. Una crisis se cierne sobre el mundo y ellos, los futuros líderes que hoy comienzan clases, deben estar informados. Es un asunto de liderazgo y, ante esa disyuntiva, presento nuevamente algunas ideas y conceptos que he sugerido anteriormente.
Existe una inmensa cantidad de libros y escritos sobre liderazgo, gerencia, visión, cambio y la capacitación en estas áreas para cumplir con procesos de cambio y crecimiento en el mundo. Esta multiplicidad de teorías, plantean conceptos que tienen a bien contribuir a mejorar el entorno para optimizar la producción hacia resultados positivos: de negocios y humanos.
La realidad, como sabemos, es variable. Una cosa es querer prepararse para enfrentar las responsabilidades inherentes a construir una mejor empresa y otra, muy distinta, es la de navegar en una ciénaga entre cocodrilos y culebras humanas con intenciones personales muy inmundas y muchos con una insaciable sed de poder y lucro personal.
De esas lecturas, solo hay cuatro libros que recomendaría que, en mi opinión, tienen el potencial de moldear una conducta profesional y humana subrayada por la honestidad; ya sea, para contribuir al engrandecimiento de una empresa o para adelantar una mejor causa humana.
Steven Covey y sus Siete hábitos de la gente altamente efectiva; La quinta disciplina, de Peter Senge; Leading change, de John Kotter; y The leadership challenge, de Kouzes y Posner. De allí los otros cientos de libros repiten las ideas y los conceptos de otros y en los últimos años, los llamados “influencers”, en muchos casos, han infectado los procesos sociales, culturales y hasta los educativos con la opinión ligera y sin fundamentos válidos.
Ha quedado claro que no podemos dejar a un lado nuestra historia: los conflictos, los sacrificios y sus triunfos. Es importante que les hablen a los jóvenes y mantener esos temas en los planes de estudios para el siglo XXI que, fundamentados en la innovación para el desarrollo humano, no deben perder nuestra esencia como nación digna y soberana.
La tarea es buscar la manera en que todos entendamos el peligro que nos acecha: los que gobiernan, los que educan y los que deben gobernarnos en las próximas décadas.
El camino que iniciamos hoy con los muchachos que regresan al colegio, debe inculcarlos a que se preocupen sobremanera en los asuntos que afectan nuestra realidad cercana, regional o mundial. Hay que enseñarles a pensar críticamente en lo que significa educarse en un mundo en donde los más poderosos piensas que pueden dirigir los destinos del mundo sin tomar en cuenta a los más pequeños y que por más pequeños que somos, ya nuestro país se hizo respetar.
Habrá quienes cuestionen mi opinión al respecto, pero desde el sistema educativo, con ese segmento de la población, los encargados de formarlos deben asumir la responsabilidad y el liderazgo de prepararlos conscientemente sobre las bondades y los riesgos del futuro.