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- 03/09/2021 00:00
¿Por qué fracasan los programas de reciclaje?
La contaminación por residuos sólidos urbanos (nombre técnico, pero que por un tema de practicidad en el texto me referiré a partir de ahora como “basura”) es en Panamá, y principalmente en la ciudad, uno de los problemas ambientales más críticos que hemos padecido por décadas, ya que sus efectos se pueden extender no solo en la alteración de las condiciones naturales del suelo, sino también en la calidad de las aguas superficiales, las aguas subterráneas, la alteración del equilibrio en los ecosistemas y hasta en la estética del entorno urbano. Partiendo de esta realidad, es muy común escuchar, entre gobernantes, activistas y la sociedad en general, dar la solución más conocida y popularizada hoy día: el reciclaje.
Vamos a los datos: en Panamá se generan 4400 toneladas de basura al día, siendo 500 mil toneladas/día la cantidad en la ciudad de Panamá. Según un estudio del PNUD, cada persona produce en media 1.22 kg/día, colocándonos en el 2° lugar en Latinoamérica, por detrás de Chile. De todo esto, se estima que un 58 % va a parar al relleno sanitario, mientras que un 42 % termina en vertederos informales, ríos, quebradas y en el mar. Se presume que, del total generado, menos del 5 % logra reciclarse. Este valor no ha variado mucho en los últimos 15 años.
Analizando esta información, queda claro que vivimos en una espiral de fracasos en materia de gestión de desechos. Esta gestión normalmente consta de varias etapas, que inician desde la generación, recolección, separación, tratamiento y finalmente disposición, cada una con su propia ingeniería de procesos. Al ser el tema más sonado y para no extender el texto, me enfocaré en el reciclaje.
Podemos partir de una pregunta clave: si tantos programas se han realizado por parte de municipios, empresas privadas, ONG e iniciativas ciudadanas en los últimos 10 años, ¿por qué no se perciben cambios positivos en los datos que mencioné anteriormente?
La respuesta es simple: el error está en la conceptualización que se hace de cómo se deben gestionar y ejecutar los programas de reciclaje, que muchas veces se resumen a tener tanques en distintos puntos de la ciudad y esperar que la población se movilice de manera espontánea hasta esos lugares para dejar sus desechos de plásticos, vidrio, papel, cartones, etc., sometiéndose al tráfico y gastando de su tiempo, sin recibir ninguna retribución por aportar al “mejoramiento del medio ambiente”.
Sin desmeritar a las personas que hacen ciertos sacrificios, es un error pensar que únicamente con el altruismo se podría llevar de forma sostenible un programa de reciclaje a nivel de una ciudad como la de Panamá. Entendamos algo, el ser humano, por naturaleza, actúa motivado por incentivos y si se quiere lograr que alguien separé sus desechos, los ponga en su vehículo, se someta al traque diario y constante de la ciudad y deposite cada material en el tanque correspondiente, al menos esta persona debería recibir algún tipo de retribución. Pero, lastimosamente, ocurre todo lo contrario, y termina siendo el “receptor” del desecho el que se lleva todas las regalías del trabajo de otro (ya que este lo vende y obtiene ganancias de esa gestión).
En las actividades de limpieza de playas o manglares, ¿han notado que se encuentra todo tipo de material, menos latas de aluminio? Pues, esto ocurre porque el aluminio tiene un valor interesante en el mercado, al punto que logra que pequeños “emprendedores” se organicen y empiecen a recoger todas las latas que encuentran. De esta forma el medio ambiente recibe un beneficio, al eliminar la contaminación por aluminio y, por otro, las personas involucradas en esta actividad mejoran su ingreso familiar, muchas veces sin darse cuenta del gran aporte que están haciendo al ambiente. Todo este sistema sin un intermediario (llámese Estado o Municipio) que interfiera en esta ecuación.
Se está aplicando perfectamente lo que menciona el padre de la economía moderna, Adam Smith, en su libro La Riqueza de las Naciones: “No es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses”.
Es importante tener claro algo, la solución para los problemas ambientales está en el libre mercado y en la independencia que se le pueda dar a las personas para emprender soluciones innovadoras que le generen beneficios. No debería ser responsabilidad del Estado apoderarse de las oportunidades de negocios que se puedan generar del reciclaje y sí, propiciar que surjan negocios privados (sea personas o empresas), en busca de generar ganancias económicas.