• 28/10/2022 00:00

El capitalismo como camino a los problemas ambientales

“Luego de [...] entender que toda actividad humana tiene repercusiones al entorno, este mismo sistema ha creado nuevos inventos que, además de reducir costos de producción, representan un beneficio al ambiente [...]”

Vivimos tiempos en que las narrativas y la histeria colectiva se han apoderado de temas que anteriormente se mantenían en terrenos neutrales, alejados de la política e ideologías. Un ejemplo de esto son las frecuentes noticias de grupos autodenominados “Activistas del Cambio Climático”, que ingresan a reconocidos museos para vandalizar piezas de arte que hacen parte de la historia de nuestra civilización, con la excusa de que están visibilizando el problema climático de la Tierra y luchando contra el uso de los hidrocarburos como fuentes de energía. Si bien es cierto buscar la independencia energética de los combustibles fósiles debe estar entre los objetivos de nuestra generación para los próximos años, ya sea por temas ambientales o porque los que tienen el monopolio de estos recursos tienden a ser países autoritarios, la única forma de alcanzar esta meta es mediante la investigación y los estudios especializados.

Otra de las narrativas escuchadas en estos tiempos de polarización ideológica es la que se le atribuyen los problemas ambientales y el cambio climático al sistema capitalista, y que adicional propone saltar a un modelo socialista, alegando que, mientras no realicemos ese cambio, estaremos destinados a la destrucción. Partiendo desde el punto de vista histórico: ninguno de los intentos fracasados de naciones o bloques con tendencias socialistas han dejado evidencia de que tenían algún tipo de interés en la preservación ambiental, de hecho, con el afán que tenían en desarrollar su industria bélica, en expandir sus territorios e imponer su control social, terminaron devastando bosques, extinguiendo especies y hasta fueron capaces de secar el 4° lago más grande del planeta entre Kazajistán y Uzbekistán. Sin contar que sus principales exponentes de la región, Cuba, Nicaragua y Venezuela, no marcan en ningún “ranking” entre los países con las políticas ambientales más efectivas en materia de recuperación ecológica. Sumado a todo esto, de las tantas críticas que hacía Marx al modelo de producción, no existe registro de que alguno de esos planteamientos tenía un sustento ambiental.

Es una realidad que, con el inicio del modelo capitalista, nacido de la mano de la Revolución Industrial, se intensificó el desgaste ambiental, debido a que se dio un aumento en la obtención de los recursos naturales para producir de forma masiva, utilizando el carbón como fuente de energía; como ocurrió en Inglaterra en 1952 con la famosa “Gran Niebla de Londres”, que causó la muerte de 4000 ?personas y enfermó a otras 100 000, sin contar los lagos, ríos y bosques que quedaron impregnados de metales pesados. A raíz de ese hecho se impulsaron movimientos ambientales que llevaron a una reflexión acerca de la contaminación atmosférica, pero esto no ocurrió por una intensión en destruir el ambiente, sino por el desconocimiento de la época sobre los efectos acumulativos que existían cuando el ser humano alteraba de forma insostenible el medio ambiente. Nunca fue un tema del sistema.

Luego de atravesar ese umbral de aprendizaje y entender que toda actividad humana tiene repercusiones al entorno, este mismo sistema ha creado nuevos inventos que, además de reducir costos de producción, representan un beneficio al ambiente, como los vehículos eléctricos e híbridos, las lámparas LED, que sustituyen a los alumbrados tradicionales incandescentes y de vapor de mercurio y hasta los inodoros con opciones de elegir el nivel de agua que se usará en la descarga. Cosas pequeñas, pero al llegar a ser de uso diario en gran parte de la población mundial, su impacto positivo llega a ser muy significativo.

Entiendo que estos inventos no fueron ideados con la finalidad de solucionar los problemas ambientales, pero lo están haciendo y no hubieran existido en ningún otro modelo económico. A final, como ya decía Adam Smith: “No es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses”.

(*) Consultor, auditor y gerente ambiental. Secretario del Colegio de Ingenieros Ambientales de Panamá.
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