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- 27/03/2025 00:15
Este 25 de marzo, el cineasta y codirector de No Other Land, Hamdan Ballal, fue liberado por colonos israelíes tras ser apaleado y llevado vendado a un lugar desconocido el pasado lunes, tomado a la fuerza en Susiya, la localidad al sur de Cisjordania en la que reside. El cineasta, que dirigió el documental junto con el director palestino Basel Adra –ambos residentes de Masafer Yatta–, y dos directores israelíes, Yuval Abraham y Rachel Szor, fue atacado junto a otros activistas por un grupo de entre 10 y 20 colonos enmascarados judíos con piedras y palos, y les rompieron las ventanillas del automóvil y les reventaron los neumáticos.
Si hubiera habido una cámara filmando lo sucedido, cada porrazo y golpiza, la sangre salpicada en el rostro de Ballal (según comentó su codirector en la plataforma X), bien podría haberse utilizado como escenas bonus de su documental, el cual abarca cinco años de grabaciones (2019-2023) en el hogar del periodista palestino Basel Adra en el conjunto de aldeas en Masafer Yatta, en Cisjordania. Ballal se unió a Adra y otros dos cineastas israelíes para contar las historias de angustia, violencia y desesperanza que abundan en su hogar natal, cargadas de demoliciones de viviendas, escuelas, pozos de agua y carreteras por parte del Ejército israelí hasta la actualidad.
Si bien existe un video demostrando las acciones violentas de dichos colonos –que fue enviado al Center for Jewish Nonviolence– el Ejército israelí indicó que se estaba investigando la situación, no han emitido noticia oficial sobre lo ocurrido. La liberación de Ballal llegó a través de las autoridades israelíes y el codirector Abraham tuiteó en X: “Después de estar esposado toda la noche y haber sido golpeado en una base militar, Hamdan Ballal es libre y está a punto de volver a su casa con su familia”.
No Other Land obtuvo el Óscar a Mejor Documental, con su historia sobre la vulnerabilidad de la vida en Cisjordania, la violencia interna, la discriminación y los actos de guerra que se comenten día a día para sus ciudadanos. La cinta, que nació de las vivencias personales de Ballal y Adra, ha obtenido una serie de premios internacionales, tales como en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 2024. Su mensaje también ha causado ira en Israel y en el extranjero, con escenarios como cines que han sido amenazados con cerrar sus puertas por proyectar el documental.
Ahora, el ataque y liberación de Ballal causa una provocación más y deja una pregunta para la industria: ¿Qué tan dispuesto está el cine a ser el canal de las denuncias y la víctima de los denunciados?
En el extremo opuesto del globo, Latinoamérica no es ajeno a la representación de la violencia –real y explícita– que sufre cada país en su propio porcentaje. Así es como se demuestra en el cortometraje de Article19 –una organización que promueve la libertad de expresión y de información para México y Centroamérica–, llamado The Shooting (2025) en el cual en 4 minutos se cuenta la historia vivencial de la violencia contra periodistas en México.
Hasta la fecha, más de 200 periodistas han sido afectados en México desde el año 2000. 171 periodistas han sido asesinados y 31 se mantienen en estado de desaparición, mientras que el 90 % de casos contra periodistas se queda en impunidad, según estudios obtenidos por Article19.
Es debido a esta realidad que The Shooting se levanta como un grito de auxilio y un grito de guerra a la vez, buscando justicia para aquellos periodistas que se enfrentan a la verdad para sacarla a la luz. En el cortometraje se sigue a un fotoperiodista, que descubre un asesinato en un barrio mexicano, perseguido por los perpetradores, el periodista debe esconderse para salvar su vida, pero en el último segundo vemos el cañón de una pistola directamente a través de su lente.
La violencia en el cine es algo que se mantiene como un género, una integración homogénea utilizada para causar drama, enganche o despertar emociones fuertes en las audiencias, pero tras diversos casos del día a día se vuelve necesario reflexionar sobre lo que esto significa para la realidad que vivimos.
Según reportes de Article19, al mes corriente de 2025 se han registrado cinco periodistas asesinados; el caso más reciente: Raúl Irán Villarreal Belmont, asesinado el 13 de marzo de 2025 en Guanajuato. En tres de estos casos, se ha confirmado que el crimen está relacionado con su profesión, mientras que en los otros dos casos se siguen investigando y “no se descarta el mismo motivo”, según comentó Pedro Cárdenas, oficial de Protección y Defensa de la ONG.
El 3 de marzo, Ballal y su equipo de cineastas hicieron historia al ser galardonados con el Óscar y menos de un mes después, la realidad que capturaron a través de sus lentes le atraparía una vez más. El grupo de activistas palestino-israelí Standing Together ha continuado la organización de proyecciones en Tel Aviv y otras ciudades, siendo la protesta pacífica que busca llevar esta historia con una trama que abarca, más que la violencia, una esperanza de unión y rescate a dos pueblos. Cada vez más, el cine se vuelve una plataforma de denuncia, protesta y álbum de experiencias reales que poco se envuelve en la ficción, solo en la creación de nombres falsos y rasgos universales, pero en su centro se mantiene la realidad de la libertad truncada y el sadismo realzado por la corrupción, enfermedades y hambruna de justicia que se encuentra en las Américas y otros continentes.
No es exagerado decir que el cine es más bien un medio para afirmar las propias ideas y exponerlas al espectador, con cada quien encontrando su propia interpretación y opinión ante cada cinta. No se debe considerar como una manipulación, sino como una representación de la vida real, en las esporas en las que no nos movemos diariamente o en las que desafortunadamente hemos perdido a alguien importante por causa de la misma violencia que el lente encapsula.
La representación de la violencia es necesaria en el cine, es una forma de mostrar que sí sucede algo peor que nuestras pesadillas, es dar una voz a las poblaciones que son azotadas por estas consecuencias, y además es una prueba de la creatividad y estilo de cada cineasta. Quizás por eso el cineasta estadounidense Woody Allen dijo: “Si mi película hace que una persona más se sienta miserable, sentiré que he cumplido con mi deber”.
Desde ambos extremos, la libertad de expresión se vuelca a las cámaras para soltar su mensaje a las masas, desde un ataque sincronizado en medio de un campo minado, hasta un ataque ciego en el peor lugar y en el peor momento. Es el momento de la historia en la que el cine nos entretiene, pero nos busca abrir los ojos. En una reflexión podría saber la pregunta “¿Hasta cuándo con los dramas y la sangre en las salas de cine?”, pero a esto los cineastas parecen responder: “Hasta que haya un alto al fuego”.