- 04/04/2025 16:55
Una alerta a Panamá y al mundo ante las amenazas de Trump
El actual presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump, sigue inquietando a toda la comunidad internacional al igual que a la panameña. No ha cesado y no cesará, recurrir con extraordinaria facilidad a las mentiras. Es un mitómano obsesivo y empedernido. Es su método de presión y de chantaje con tal de obtener sus objetivos. En el caso de Panamá, su afán manifiesto es renovar la presencia militar estadounidense, y por supuesto, apoderarse nuevamente del control del Canal de Panamá.
A sus seguidores les ha hecho creer que el Canal de Panamá fue cedido por el pago ridículo de un dólar; que el Partido Comunista chino domina las operaciones canaleras.
Obviamente, atemoriza y envió a Panamá a su secretario de Estado, Marco Rubio; después arribó el almirante Alvin Holsey, actual jefe del Comando Sur. El primero, su regreso le mostró haber conseguido que Panamá abjurara de la Ruta de la Seda china, y el militar se regresó contento con la firma de un acuerdo para inmiscuirse en la ciberseguridad de la Autoridad del Canal.
La presión sobre Panamá se suma a su agresiva política contra México, Canadá y Groenlandia. Las coerciones abarcan a todo el planeta, en especial a la República Popular China, Rusia y a la Unión Europea.
La lógica común indica que hay que recurrir a una política concertada para frenar ese ímpetu del presidente Trump a imponerle al mundo su peligrosa agenda hegemónica.
Pretende refugiarse detrás del argumento de combatir a pandilleros y terroristas, sin respetarles a los inmigrantes ilegales sus más elementales derechos humanos para prácticamente cazarlos y expulsarlos sin previo juicio de Estados Unidos. En aeronaves se les conduce a prisiones inhumanas de Guantánamo, Cuba, y recientemente a San Salvador, El Salvador. A Panamá arribaron unos cuantos sin que sus estatus legales hayan sido precisados.
Nos inquieta hasta dónde el Gobierno nacional está dispuesto a ceder o complacer las constantes exigencias de Estados Unidos.
No es aconsejable seguir cediendo. Salvaguardar nuestra dignidad y al Canal de Panamá se requiere firmeza y resistencia. Para esto, contamos con lecciones aprendidas en nuestro centenario enfrentamiento con el gobierno colonialista. Lo que debemos tener siempre presente que fue posible gracias a nuestra unidad interna y el haber logrado la solidaridad de gobiernos de diversas fuerzas políticas, religiosas y de destacadas personalidades, tanto internacionales como nacionales.
Es indiscutible que el presidente de la República, por mandato constitucional, es responsable de la política exterior del Estado, pero también es cierto que no posee el monopolio absoluto y mucho menos desdeñar los sinceros aportes de los otros. Mientras mayor sea ese apoyo, mejor alcanzaremos objetivos soberanos.
Construyamos esa unidad. Forjemos con paciencia la anhelada unidad. En la actual situación por la que transita la sociedad panameña no es fácil superar las diferencias, las disidencias o los desencuentros; sin embargo, la vida misma nos impone como imperativo categórico dar los pasos para alcanzar la unidad.
Queda por ver qué se le antoja al Secretario de Defensa estadounidense que viajará a Panamá en abril, y qué se le cederá. Es indiscutible que a los guerreristas estadounidenses le interesa reinstalar en nuestro territorio bases militares. En especial, en áreas como Darién y Colón.
Por todas estas sospechas, a Panamá le conviene apoyarse en el Tratado de Neutralidad Permanente del Canal y el funcionamiento del Canal de Panamá. Defender con ahínco lo estipulado en ese tratado y en especial la sentencia que dice que solo la República de Panamá, después del año 2000, tendrá en su territorio, fuerzas armadas y sitios de defensa. Esto no es negociable. Hay que promover la adhesión de una mayor cantidad de países al protocolo de neutralidad.
Los estrategas militares estadounidenses saben a la perfección que el Canal de Panamá es indefendible y es un mito recurrir a armas convencionales. Ni aviones, buques de guerra, tanques o cientos de soldados podrán detener un ataque al Canal con las nuevas tecnologías armamentistas. Los militares estadounidenses siempre insistirán en la utilización de sus fuerzas, como una manera de que cada una de sus ramas sean favorecidas al momento de disputarse el presupuesto.
Por consiguiente, es peligroso para la existencia del Canal quedar atrapado en los planes guerreristas del Gobierno de Estados Unidos. Nuestro Canal y el país deben resaltar su misión geoestratégica, es decir, la vía interoceánica abierta y segura, sin discriminación de ninguna clase, tanto en tiempo de paz como de guerra al servicio de todas las naciones del mundo y de los panameños.
Nuestra tarea es forjar una férrea unidad a lo interno de Panamá y concertar las alianzas con otros países y movimientos que defienden el desarrollo pacífico del mundo.