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- 14/03/2025 00:00
Mujeres, trabajo e invisibilidad
En nuestra sociedad las personas van de un lado a otro, de la casa al trabajo, al supermercado a los centros comerciales, se realizan tareas, y quizás se piense a veces que somos personas invisibles.
Por supuesto, que algunos prefieren pasar desapercibidos y no quieren llamar la atención, a menos que sufra el síndrome de Bergerac, que por falta autoestima o temor al fracaso no quieren ser reconocidos por sus logros, pero también convivir con una persona que tiene una excesiva búsqueda de llamar la atención es una situación insufrible para las familias y compañeros de trabajo.
Ser invisible implica que la persona no puede ser vista, y hace recordar al hombre invisible de la obra de H.G. Wells, científico que descubre como hacerse invisible para hacer el mal; a la mujer invisible, superheroína de Marvel; deseo que a lo mejor han tenido algunos de poseer ese superpoder y que favoreció a Perseo que con su casco de Hades le permitía ser invisible.
Pero, la invisibilización en la sociedad, aunque parezca extraño es más normal de lo que parece. Se va a un restaurante, atiende el mesero y no se le ve; y dicen que estos “son invisibles aunque sea la cara visible de los restaurantes”. Y qué decir, de aquellos grupos sociales, que comúnmente se ignoran, personas en situación de pobreza, indigencia o sin hogar, los ancianos y menores en casas de hogar, los discapacitados, los enfermos mentales, y las mujeres.
En cuanto a la invisibilidad de las mujeres, es un hecho conocido que a lo largo de la historia, por razones culturales o estructurales, en un mundo de hombres, pasaron inadvertidas, y para ello valga mencionar, el papel clave (Carvajal, 2025) de algunas como, de Hiparquía de Maronea (siglo IV a.C.), fue una de las primeras mujeres filósofas que vivió en Grecia, Christine de Pizan (1364-1431), considerada la primera escritora profesional de Europa, rompió barreras al ganarse la vida como autora en un contexto donde la escritura estaba monopolizada por los hombres, Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), monja, poeta y filósofa mexicana, defensora de los derechos de la mujer a la educación y, Clara Zetkin (1857-1933), impulsora del Día Internacional de la Mujer, entre otras.
Y, todavía, hoy en día, aunque la mujer se ha vuelto más visible existen aún miles de mujeres en el mundo que a veces miramos, pero no vemos, porque se pasa frente a estas, de lado, se comparte y realizan trabajo en empresas, secretarias, oficinistas, entre otras, y muchas veces sus tareas son infravaloradas.
Así tenemos, que existe un grupo de personas esenciales, pero invisibles, como las mujeres trabajadoras, que se encargan del cuidado de niños y adultos, que en ocasiones son extranjeras, que no tienen un registro laboral, trabajan para lograr su supervivencia y obtener su residencia, o las que trabajan en fábricas, o son cajeras de supermercado.
También, en la industria hotelera están las mujeres que limpian habitaciones conocidas como camareras de piso o “kellys” que realizan largas y extenuantes jornadas de trabajo que son acosadas y padecen problemas de salud, siendo invisibles tanto para sus patronos como para los huéspedes de los hoteles que solo exigen su habitación impecable, que contrasta con la película estilo cenicienta, “Maid in Manhtattan” (Sueño de Amor), en la que el candidato a senador que se aloja en el hotel se enamora de la camarera que tiene un hijo.
En lo que respecta a nuestro país, hay mujeres trabajadoras invisibles que están en todas partes, entre estas, hay que destacar las Hormiguitas de la Unidad de Autoridad de Aseo que hacen su labor diaria de barrido y recolección de basura en las calles, así como también a las trabajadoras manuales de las instituciones, y especialmente de la Universidad de Panamá, que realizan funciones de aseo, limpieza de salones, pasillos, sanitarios y baños, oficinas, ventanas y otras tareas, que llegan a tempranas horas de la mañana para que todo esté listo antes de que se inicien las clases a las 7 de la mañana.
Y por supuesto, aunque no sea de menor importancia, está el trabajo oculto, doméstico cuya mano invisible lo realizan las mujeres, de la cual dependen los hogares, poco valorado, pero imprescindible, de cuidar, limpiar, lavar, cocinar, alimentar, planchar, hacer compras, sin horario de trabajo ni paga, entre otros, o el de las mujeres trabajadoras que tienen una doble jornada que también realizan labores domésticas.
En resumen, hay una exigencia por la igualdad de derechos y la promoción de los derechos de las mujeres, niñas y adolescentes, y estas deben ser perceptibles, valoradas por su trabajo y escuchadas, por lo que ante la invisibilidad que todavía tenemos, hay que seguir dando pasos para transformar la sociedad patriarcal y los roles de género.