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- 01/04/2025 21:36
Después de la triste imagen de la derrota 4-1 ante Argentina, se hizo evidente que la Selección de Brasil se sostiene en el ámbito competitivo internacional más por su pasado histórico que por su presente; un pasado que la hace presentir como un gigante dormido o en una larga siesta de descanso de la que se le teme que despierte, porque de hacerlo puede imponer esa ley que le llevó a coronarse con reverentes aplausos cinco veces campeón del mundo, entre otros títulos, y ser la única que no ha faltado a las veintidós citas del principal torneo del fútbol.
Lleva 23 años de amagos -desde que ganara en 2002 su último título mundial-, sin sacudirse de un letargo al que cae por largos momentos y sin que le falle la producción de jugadores excepcionales, pero la máquina del juego colectivo no engrana para marcar un nuevo ciclo exitoso.
Es un equipo de altibajos, de repetidas turbulencias, que no logra estabilizarse. Lo muestra como un electrocardiograma revelador, la actual tabla de clasificación de la Conmebol para el mundial en donde están cuartos, y la inestabilidad de tres entrenadores después de Catar 2022: Ramón Menezes, Fernando Diniz y Dorival Junior, y el bajo volumen de juego que expuso ante la Selección de Argentina en el Estadio Monumental, lo que fue la más reciente manifestación de sus carencias. Siguen en el pelotón de las selecciones que encabezan el fútbol mundial, aunque sin amenazar por comandarlo.
Tras la destitución el pasado viernes de Dorival Junior, el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CFB), Ednaldo Rodrigues, busca un remplazo para sacudir los cimientos de la selección con un entrenador que aporte nueva metodología y motivación renovada. Atendiendo a su gusto personal, apuesta por Carlo Ancelotti o Jorge Jesús, ambos técnicos extranjeros. Ancelotti, italiano, hoy entrenador del Real Madrid, y Jorge Jesus, portugués, al mando del Al Hilal, campeón de la Liga Saudí. Ednaldo Rodrigues quiere ya a uno de los dos al frente de la canarinha para los partidos eliminatorios del 4 de junio de visitante en Ecuador, Quito y el 9 de junio frente a Paraguay de local.
Tanto Ancelotti como Jesus están comprometidos con sus respectivos clubes para enfrentar el Mundial de Clubes al que están clasificados, a disputarse entre el 14 de junio y el 13 julio próximo en Estados Unidos. Desde la perspectiva de accesibilidad por la urgencia, se entendería más viable la llegada de Jesus antes de que la de Ancelotti. Sin embargo, el arribo de cualquiera de los dos no estaría exento de inconvenientes marcados por la necesidad de obtener resultados inmediatos y por la renuencia a romper la tradición de tener entrenadores brasileños en su selección.
Entre los técnicos que se desempeñan en la liga local para suceder a Dorival Junior, los medios de comunicación postulan a Abel Ferreira, actual entrenador de Palmeiras, también portugués como Jesus, y entre los brasileños quien tiene mayor eco es Filipe Luis, técnico del Flamengo y con pasado de exjugador en el Atlético de Madrid; luego Renato Gaúcho, actualmente inactivo. El exjugador Ronaldo Nazario, El Fenómeno, propone a Pep Guardiola.
Todas las opciones encuentran inconvenientes, aunque no sobra subrayar que, si bien Brasil cuenta con grandes jugadores en el exterior, se ha quedado rezagado en materia de entrenadores. No hay un nombre a la vista de un entrenador brasileño que esté sobresaliendo por fuera de sus fronteras, mientras Argentina y España (dos referentes mundiales) no solo exportan jugadores, sino también entrenadores.
La selección brasileña es actualmente más saudade que ritmo de samba; tal vez incorporar un poco de música foránea contribuya a reavivar con resultados más halagadores, la alegría en su historial futbolístico o quizás quede al desnudo que la falla se debe a la deficiente gestión interna de sus dirigentes.