
- 05/04/2025 00:00
¡Sí! Leyó muy bien, amigo lector: la ignorancia es audaz, sobre todo cuando navega en aguas que carecen de educación, de hambre por conocimiento o carecen de criterio para analizar lo que ven o escuchan, haciendo que muchos sean víctimas de “expertos” de oído.
¿Quiénes son los “expertos” de oído? Todos aquellos que saben de todo y nada, aquellos que son todólogos con certificados de humo u ostentan doctorados de Wikipedia; aquellos que hoy le hablan de ciencias, pero mañana están en foros de política, pasado mañana en mesas redondas de recursos humanos o economía, jamones, masas madre o estrategias de comunicación, sin saber tan siquiera dónde se estudian dichos temas.
La ignorancia puede ser bastante letal cuando tiene seguidores, especialmente si esos seguidores no cuestionan o reflexionan sobre la información que reciben. Las personas que siguen ciegamente ideas erróneas o dañinas pueden perpetuar creencias perjudiciales, tomar decisiones peligrosas o, incluso, influir en otros de manera negativa.
Ello lo vemos a diario cuando somos víctimas de esos “profesionales” de oído que dicen saber, los contratamos, les pagamos y, al final, debemos gastar el doble para que un real profesional y bien preparado arregle sus errores y claro, nos cobre como Dios manda.
En situaciones de salud, política o ciencia, la ignorancia puede llevar a consecuencias graves, como la propagación de teorías conspirativas, el rechazo a vacunas o el apoyo a políticas perjudiciales e, incluso, tener miles de interpretaciones a leyes o normas.
La gente que no cuestiona lo que se le dice pueden estar expuesta a tomar decisiones que pongan en riesgo su bienestar o el de los demás, y es aquí donde la educación es crítica para no caer en estos fraudes autollamados “expertos”. En estos tiempos, un solo medio no puede ser nuestra única fuente de información y menos, mucho menos, las redes sociales llenas de noticias falsas, bochinches y maledicencia. Si queremos LA VERDAD, debemos investigar a profundidad múltiples medios y seguir a profesionales comprobados.
Por eso es tan importante fomentar el pensamiento crítico, la educación y el acceso a información verificada. Cuando las personas son ignorantes, pero están rodeadas de seguidores que piensan igual, la probabilidad de crear un entorno peligroso se incrementa considerablemente.
Da tristeza ver a nivel global cómo profesionales serios y gremios autorizados, que les ha costado posicionarse en un mercado, terminan criticados, devaluados o ignorados producto de que, quien fuese la víctima de ese “experto de oído”, se encarga de desacreditarlos a todos y generaliza porque tuvo una mala experiencia y compara al resto de la misma manera o los encasilla.
La historia está llena de líderes carismáticos, pero desinformados, que han guiado a multitudes hacia tragedias, como cultos destructivos o políticas desastrosas. La letalidad no está solo en la ignorancia en sí, sino en el poder que los seguidores le otorgan, convirtiendo una visión limitada en acción masiva.
En un mundo conectado como el de hoy, con redes sociales y comunicación instantánea, esto se acelera y, al mismo tiempo se hace imperdonable que seamos víctimas de la ignorancia, sobre todo cuando la ignorancia es voluntaria habiendo múltiples fuentes para aclarar dudas.
¿A qué me refiero con ignorancia voluntaria? Fíjese, una vez me topé con una persona que en su mano tenía un celular de última generación que pasaba de los mil dólares alegando que no tenía dinero para la universidad, en su mano amigo lector, esta persona perfectamente tenía el cuatrimestre de una universidad privada, ya ni hablar de la pública, pero prefería el estatus a la educación, prefería leer bochinches y banalidades antes de aprender, por ejemplo, la palabra del día en la Real Academia Española de la Lengua.
¿Ha notado que hay gente a la cual le dicen gordo y sale corriendo a un gimnasio, pero si a esa misma persona le dicen ignorante, por nada del mundo agarra un libro o un curso?
Cuidado también con esos “cursos de oído” que en internet abundan, como así también abundan algunas promesas de títulos y certificaciones de dudosa reputación que nos enmielan el oído y alimentan la ambición a ser reconocidos mundialmente una vez los tengamos. Nuevamente, instrúyase antes de caer en estas trampas adornadas de licenciaturas, diplomados, especialidades o doctorados online.
Recuerde que existen tres clases de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe. y saber lo que no debiera saberse.
Confucio decía que “la ignorancia es la noche de la mente, pero una noche sin luna y sin estrellas”. Y vaya que ha habido estrellados por seguir a un ignorante.
Le pongo otro ejemplo: en mi rubro de comunicación no verbal he visto y escuchado cantidad de “expertos de oído” que basan sus talleres en mitos y que dichos mitos han sido puestos en práctica por gerentes de recursos humanos, comunicadores y hasta sectores de seguridad... para luego pagar muy caro las consecuencias con una mala contratación o la cárcel misma.
La única manera de combatir a la ignorancia y a esos “expertos de oído” es con el saber bien formado y con criterio basado en la experiencia correcta, ¡todo lo demás es cuento!
Lo único que importa es el final, esa es la parte más importante de cualquier cuento, amigo lector y, si no quiere besar muchos sapos en el camino antes de llegar a su príncipe o princesa, aprenda a combatir la ignorancia, porque ella es audaz.