• 05/04/2025 00:00

Árboles promisorios para la restauración forestal

Las Naciones Unidas ha declarado el período 2021-2030 como el decenio de la restauración de los ecosistemas a nivel mundial, como una estrategia para mitigar los impactos del cambio climático. Esta iniciativa tiene como objetivo detener y revertir el proceso de degradación de los ecosistemas, que afecta a las comunidades en general en la provisión de bienes y servicios ecosistémicos.

Se estima que cada año se deforestan 10 millones de hectáreas de bosque y existen más de 2.000 millones de tierras deforestadas y degradadas que deberían restaurarse. Para esta gestión, es clave involucrar a los pequeños productores familiares, las comunidades locales y los pueblos indígenas, los cuales desempeñan un papel clave en la preservación de estas reservas de carbono forestal.

La restauración forestal es el conjunto de acciones que se llevan a cabo para recuperar la salud, estructura y función de los ecosistemas naturales. Las acciones de restauración forestal dependen del grado de degradación en el sitio; por ejemplo, la regeneración natural. Un bosque bajo buen manejo forestal permite este tipo de restauración, ya que los daños no sobrepasan la capacidad del bosque para regenerarse. Es la opción más eficiente y económica, pues la intervención humana es poca.

En otros casos, cuando el bosque ha perdido su capacidad de regenerarse, se recurre a la reforestación para restaurarlo. En esta situación, se empieza por mejorar la estructura del suelo, su fertilidad y microfauna cuando ha sido afectado por un incendio forestal. Luego, se plantan especies nativas variadas que incluyan árboles de frutas silvestres, maderables y fijadores de nitrógeno. En este punto, haremos énfasis en ver cuáles son las especies de árboles más promisorios para hacer la restauración forestal en Panamá.

Es importante resaltar que no debe haber diferenciación entre especies nativas y exóticas en las actividades de restauración, porque aquellas se escogen según los objetivos y las condiciones del suelo y clima, entre otras.

Un ejemplo de esto son los pinares que hoy tenemos en la Reserva de La Yeguada en Veraguas, en donde el deterioro del suelo era tal que las especies nativas no tenían condiciones para su adecuado crecimiento. Sin embargo, para el caso del pino caribe (Pinus caribaea), esta práctica no limitaba su desarrollo. Es la mejor experiencia en la región sobre restauración de suelos degradados para propiciar la recuperación del bosque nativo.

Existen otras especies como el eucalipto (Eucalyptus spp.), que también, al igual que el pino, crece en suelos degradados y su madera puede usarse para leña, artesanías y muebles en general. También sus hojas contienen aceites esenciales para uso medicinal y para repeler insectos (mosquitos). Existen más de 700 especies de eucaliptos, de las cuales la mayoría se encuentran en Australia.

Otra especie con potencial para restaurar suelos degradados es la acacia mangium (Acacia mangium), originaria del sudeste asiático, la cual, además de crecer rápido, su árbol fija nitrógeno en sus raíces y mejora la fertilidad de los suelos.

De igual forma, en el país, dependiendo de la zona, existen especies nativas aptas para restaurar suelos tales como el corotú (Enterolobium cyclocarpum, ampliamente usado en los desiertos de China), el manca caballo (Prosopis juliflora), que es una especie de amplia distribución en América Central. En México se le conoce como mezquite y es utilizado para leña y carbón. El matillo (Matayba sp.) es otra especie promisoria por su rápido crecimiento y adaptabilidad a suelos degradados, que es muy usado como leña y carbón.

Un aspecto crucial es la investigación de otras especies nativas para fines de restauración forestal que puedan incorporarse en los proyectos que se desarrollan en el país. De esto depende, en gran medida, la efectividad de las decisiones de mitigación y adaptación al cambio climático para mantener los ecosistemas naturales saludables y puedan proporcionarnos sus bienes y servicios ecosistémicos para las futuras generaciones de panameños y panameñas.

*El autor es ingeniero forestal y labora en el Ministerio de Ambiente
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