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- 02/04/2025 13:41
Cuando Roger Durling estudiaba teatro en la Gran Manzana lo invitaron para que asistiera al Festival Internacional de Cine de Nueva York. Aquello fue amor a primera vista.
“Lo describo como cuando Dorothy abre la puerta en la película El Mago de Oz y sale un color maravilloso del otro lado de la puerta. Verdaderamente fue la primera vez que sentí que estaba con mi tribu. Me sentía en casa viendo películas todo el día y hablando sobre cine con gente que tenía la misma afición que yo”, recuerda este dramaturgo panameño a estudiantes y profesores de la Universidad Católica Santa María la Antigua (USMA).
Siguió su carrera con los escenarios, pero continuaba soñando en celuloide. Entonces, una obra de teatro suya es llevada a las tablas en Nueva York y luego una sala de teatro en Los Ángeles pidió que si podían hacer esa misma pieza. La respuesta obvia fue que sí.
“En Los Ángeles, un agente de Hollywood me dijo que podía conseguir trabajo en el cine haciendo guiones, pero me tenía que quedar en Los Ángeles. No me gusta la ciudad y hasta el día de hoy no me gusta Los Ángeles por el tráfico y por cómo la gente vive allá”, contó en un conversatorio organizado por la revista académica La Antigua y la Escuela de Comunicación Social de la USMA.
El agente al ver su negativa de estar en una de los puntos clave del cine estadounidense, le propuso que probara un año residiendo en una comunidad cercana a Los Ángeles y viniera a hacer las entrevistas de trabajo. Y así descubrió a Santa Bárbara.
No sabe cómo explicarlo, pero de la noche a la mañana se le ocurrió la idea de abrir un café. “Cuando estaba en ese café, yo me pasaba hablando de cine con los clientes. Y comenzaron a llegar actores como Michael Keaton, Jeff Bridges o Rob Lowe”.
Uno de esos famosos comensales le habló del Festival Internacional de Cine de Santa Bárbara, que por entonces andaba moribundo. “Yo le dije que ese festival tenía mucho potencial, pero no lo habían aprovechado”.
Entonces lo conectaron con la Junta Directiva del festival. “Fui a hablarles, y ahí fue cuando supe que iban a despedir al director y que ellos tenían una deuda de 150,000 dólares. No tenían opción, iban a cerrar el festival”.
Roger Durling les propuso elaborar un plan de contingencia que permitiría revivir al festival antes de cinco años. “Les dije que sería el director ejecutivo del festival gratis por un año, pero si aquello era un éxito, entonces sí me empezarían a pagar. Y aceptaron”.
Su identidad
Hoy, 25 años después, el Festival Internacional de Cine de Santa Bárbara es uno de los diez festivales más indispensables de la unión americana.
La clave es que ocurre después del anuncio de los nominados al premio Oscar y antes de la ceremonia de entrega de la estatuilla dorada. Por lo que cada año pasan todos los directores, productores, guionistas y actores de las producciones que están en la carrera por la distinción cinematográfica más deseada del mundo.
Lo que hizo fue cambiar la fecha del festival. “Antes era en abril o mayo y lo pasé para febrero. Y eso fue un éxito enorme”.
“Antes que tú seas nominado al Oscar puedes hacer toda la promoción quieras y como quieras. Después que eres nominado, solo puedes hacer presentaciones de las películas en festivales y en los sindicatos de Hollywood. El festival queda tan cerca de Hollywood: a dos horas de Los Ángeles”, le comentó Durling al profesor Daniel Domínguez Z., quien fue el encargado de guiar el conversatorio en la USMA.
El estudio les paga todo a sus talentos. “Vamos a decir, llega al Festival de Santa Bárbara Zoe Saldaña, quien acabó de ganar el Oscar como mejor actriz secundaria por Emilia Pérez. Los estudios pagan por su maquillaje, vestuario, carro, estadía. Porque ese es el dinero que usan para promover las candidaturas de sus películas”.
De esa manera la idea de Durling colabora al desarrollo de Santa Bárbara. Antes del festival, la ciudad a inicios de año no tenía tanto movimiento turístico, ya su principal momento de alza es durante la época de verano por el aluvión de personas que buscaban distracción en sus famosas playas.
Después de un comienzo lento, un cuarto de siglo más tarde, es normal que el Festival de Santa Bárbara convoque cada año a más de 100 mil visitantes de todas partes de Estados Unidos. “El impacto económico del festival es enorme para los distintos sectores económicos de la ciudad”.