• 27/03/2025 19:20

Reputación y transparencia: un matrimonio ético para un buen gobierno

Reinventarse en un mundo cambiante no es tarea sencilla, y para un gobierno con instituciones desgastadas por la corrupción es un verdadero reto. Un buen gobierno requiere líderes creativos con capacidad de ejecución y proyección. Conformar un equipo de líderes flexibles que sobrevivan a los tiempos cambiantes y se pregunten cada mañana: ¿Qué puedo hacer hoy mejor que ayer? Esta reflexión, cimentada en valores éticos y morales, es lo que impulsará y sostendrá todo plan estratégico dentro de cualquier institución pública o privada en sectores como: salud, educación, industrial, turismo, entre otros.

La reputación se construye con cada acción coherente que hagamos cada día, sea en el plano personal o profesional. Una reputación sólida y estable resiste ante cualquier ataque o sacudida proveniente de las redes sociales o cualquier otra fuente. Debemos tener en cuenta que el lenguaje es una tecnología y en el mundo de las redes sociales, éste se mueve dentro de una tormenta cargada de repertorios lingüísticos que componen la información y que muchas veces nos lleva a creer lo falso y dudar de lo verdadero.

Lo cierto es que la reputación y la transparencia siempre han estado unidas y comprometidas, como los matrimonios del tiempo de nuestros abuelos, para toda la vida.

Esto genera un alto grado de confianza y es lo que la sociedad, hoy día, demanda de nuestras instituciones públicas. Por lo que observamos que algunas instituciones han empezado a preocuparse por su comportamiento ético y buscan formas de mostrar un rostro con credibilidad.

La falta de transparencia es inaceptable y por sí sola es infértil, de manera que no basta con presentar una rendición de cuentas cada año y publicar que se ha obtenido el 100 % de transparencia si la realidad contradice lo que se reporta; y es justo aquí cuando la transparencia se convierte en una leyenda urbana disfrazada de buenas prácticas. Por lo tanto, estamos convencidos de que nuestras instituciones públicas deben mantener un entorno fértil y coherente para entonces poder presentarle a la sociedad una rendición de cuentas encarnada en valores, dándole al público el derecho a conocer realmente lo que se está haciendo y cómo se maneja el presupuesto del Estado en las instituciones.

En fin, una buena gobernanza requiere que sus colaboradores mantengan un estado de alerta permanente, y así identificar los síntomas de agotamiento institucional que puedan surgir debido a la falta de acciones coherentes y liderazgo creativo, ambos necesarios para la construcción de la reputación y transparencia institucional que podríamos decir, dentro de un matrimonio ético, el cual promueva y asegure credibilidad, bienestar y crecimiento sostenible tanto para el país y su gente.

*La autora es docente de la Universidad Especializada de las Américas, Udelas
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