- 03/04/2025 00:00
¿Por qué abandonamos el campo y la necesidad de regresar?
¿Qué está ocurriendo en nuestros campos? ¿Cuáles son los motivos para abandonar la “tierrita”? Hace rato que se están sucediendo fenómenos de “desruralización” en América Latina, y Panamá no es la excepción. ¿Acaso la actividad agropecuaria está dejando de ser rentable o atractiva en nuestras tierras, o es que el sector primario es considerado una ocupación de poca trascendencia y de tercera categoría? Intentaremos, entonces, aproximarnos a esbozar algunas respuestas a las interrogantes sugeridas, que otros han explicado con argumentaciones ya conocidas.
Expondremos ciertos razonamientos sobre el sector agropecuario, entre ellos, la realidad en nuestras áreas rurales y el porqué de la diáspora hacia las ciudades o la búsqueda de otras alternativas más sugerentes.
Ya han sonado voces de alarma acerca de estos acontecimientos, con bastante antelación, en foros, estudios y análisis. La despersonalización, el abandono gradual de los hombres del campo raizal, el desarraigo del apego al terruño y, por ende, las expresiones del agro, están sufriendo un impacto bien marcado en las relaciones hombre-naturaleza y lo que esto implica.
La migración del campo a la ciudad se ha hecho evidente y notoria. La jungla, que todavía nos queda, real y efectiva, expuesta a través de montañas, llanuras, mesetas y ríos, se va transformando en la selva de cemento, con carreteras de asfalto y concreto, así como grandes malls y centros comerciales, barriadas enormes, esmog, contaminación y sin ninguna planificación: el siglo de la tecnología dura y pura.
Más allá del Puente de las Américas, todo el cordón territorial, desde Arraiján hacia el interior, y después de Pedregal rumbo a Chepo y Darién, el éxodo masivo, por diversas causas, se está dando gradualmente, con numerosos habitantes (aunque parezca contraproducente) con el aumento de la población hacia terrenos baldíos o explotaciones agrícolas, que ahora son barriadas para moradores. Muchos han emigrado y están en las periferias, cercanas a la metrópoli. Allí está, en medio de la “Ciudad fragmentada” (obra de Álvaro Uribe), el populoso San Miguelito.
Y que conste, a la altura de este planteamiento, no soy anti-progreso, ni he quedado rezagado en épocas arcaicas, pero sí evalúo, vuelvo e insisto, las posibles causas del abandono del campo y las labores agrícolas, sin ser apologista. Entre ellas, hago un bosquejo muy resumido de algunas causales: quizás la mecanización agrícola haya afectado a los pequeños productores, pues no tienen acceso a las grandes maquinarias, producto de préstamos con garantía prendaria excesiva. Aquellos, a su vez, no reciben la asistencia técnica adecuada, a la que sí pueden acceder, pagando, los técnicos particulares y los grandes productores. Falta de empleos, perspectivas y oportunidades de variadas fuentes de ingreso en las áreas rurales, envejecimiento de la población, fallecimiento de los padres y venta de las propiedades, edad promedio de los agricultores, productores y campesinos que va impidiendo la vida útil cronológica para las agotadoras faenas de campo, al igual que los técnicos del sector público y privado. Los hijos de los productores prefieren otras actividades más interesantes que las duras labores de campo, optando por empleos más remunerativos en oficinas refrigeradas, que por los soles incandescentes de la campiña. El negocio de fincas para la utilización de tierras con el fin de construir urbanizaciones, en detrimento de áreas o superficies aptas para la siembra de cultivos, ni del cambio climático o aranceles y TPC. Por lo tanto, esta situación y otras más hacen inevitable el relevo generacional, hasta donde sea posible, perentorio y necesario, aparte de otros mecanismos a ejecutar.
Recientemente, también varias personas lo han mencionado, publicándose una nota suscrita por el Ing. Oscar Osorio, en una hoja divulgativa del programa “El agro ahora”, donde hacía un llamado: “Urge un relevo generacional para el Agro en Panamá”, y enumera varios aspectos o acciones, entre otros, la sostenibilidad, rentabilidad y eficiencia a mediano y largo plazo, lo cual implica un apoyo urgente de todos los gobiernos (decisiones políticas), incluyendo tecnología desde agricultura de precisión, regenerativa, hasta automatización, educación y donde deben combinarse y entrelazarse la capacitación permanente, inversión, transformaciones de patrones culturales, en una sociedad de consumo, país comercial, servicios, donde las actividades del agro son subestimadas. Además, debe impulsarse los emprendimientos y la pequeña empresa con valor agregado.
Ahora bien, debe agregarse los aspectos de garantizar la seguridad alimentaria con la producción de alimentos nacionales, no depender de las importaciones foráneas desmedidas, ni de intermediarios abusadores, ahora con la eliminación gradual de los aranceles, impulsando la productividad y eficiencia de nuestros productores y técnicos asesores de campo.
Renovar, reintroducirse nuevamente, reinsertarse en la naturaleza de la tierra, quizás volver a nuestros orígenes primigenios, crear mayor conciencia nacionalista en la sociedad panameña, que somos más que un Canal, país transitista, claro está, con niveles superiores de desarrollo, sin devaluar o desmeritar lo que se conoció como Centro Bancario Internacional. O sea, reconceptualizar la despoblación rural e ir creando nuevos paradigmas.
Volver a la ruralidad de las Américas, y lo sentenció un organismo Internacional dedicado a las acciones agrícolas, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), en donde también debemos reinventarnos, sin perder nuestra propia idiosincrasia autóctona e identidad.
No podemos sustraernos, ni soslayar el papel que ha desempeñado la agricultura en nuestro país, desde la irrupción del istmo, la presencia de los primeros pobladores y grupos originarios, que practicaron una agricultura primitiva, pero que ha alcanzado cierto nivel de eficiencia y productividad.
Por eso y muchas otras cosas, recordar y practicar la sentencia de Cicerón, aplicable a todo ser humano: “La agricultura es la profesión del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre”. Y jamás pensar en la primera “E” de la trilogía que la Agricultura: embrutece, sino en las dos siguientes: ennoblece y engrandece.
Quizás sean utopías, sueños irreales o aspiraciones inalcanzables, en un país surrealista, el Macondo local de Gabo, lleno de tantas contradicciones, ilusiones y luchas intestinas, pero jamás olvidar el espíritu de combate y superación del Homo sapiens por pretender ser cada día mejor.