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Es indudable, estamos ante un cambio de era, y ¡todo, absolutamente todo, está cambiando!
Cambia la política, la gobernanza, la comunicación, y por supuesto, la sociedad. Aunque algunos líderes aún no se han enterado. El histórico de la constante del cambio, se evidencia en los avances de todas las áreas del saber y de la vida en los últimos 30 años, siendo estos superiores a los acontecidos en los dos últimos siglos
La pandemia del COVID vino a acelerar esos cambios, pues, por un lado, la ciencia logró, en tiempo récord, desarrollar las vacunas; pero, por el otro lado, según el estudio de la Unicef, titulado “En mi mente”, la mitad de los jóvenes y adolescentes sufren trastornos de depresión y ansiedad. Otros estudios reflejan que lo mismo sucede con el 10 % de la población mundial.
Adicionalmente, buena parte de los ciudadanos (mayoritariamente en la franja de menores de 35 años), se refugian en las redes sociales, y es por allí que socializan, dejando de lado, en un segundo o tercer plano, el contacto físico y la interacción con humanos, llevándolos al aislamiento social.
Como consecuencia de lo anterior, investigaciones recientes de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.), encontraron que el uso y abuso de internet, y en especial, las redes sociales, está asociado a una disminución de la materia gris, en las regiones prefrontales del cerebro; siendo estas las que tienen que ver en la solución de problemas, la regulación emocional, la memoria y el control de los impulsos en el Homo sapiens.
Igualmente, también se observa que cada día hay mayor indiferencia y desapego por la democracia, aumentando el rechazo a la política, y la actitud individualista crece a pasos agigantados.
Visto todo lo anterior, aquella expresión de que “se ve la luz al final del túnel” ya no aplica, puesto que, buena parte de la población no logra ni siquiera dimensionar el túnel, por lo cual viven el día a día, sin dirección clara, dejándose llevar (metafóricamente) por la dirección del viento.
Como si esto fuera poco, tenemos el sistema educativo “moderno” enseñando lo mismo de hace más de medio siglo; con lo cual los jóvenes no están contando con herramientas adecuadas para construir su futuro.
Otro hecho digno de destacar es que, la productividad en el mundo ha aumentado significativamente en los últimos 25 años, pero, no proporcionalmente los salarios del trabajador; los cuales están por debajo de los precios de productos y servicios esenciales (alimentos, medicinas, electricidad, salud, transporte, entre otros), generando una gran brecha de desigualdad social.
Mientras, el liderazgo, (fundamentalmente político) se mantiene en una burbuja, desconectado, en muchas ocasiones, de la realidad, sin escuchar a los ciudadanos y con las prácticas políticas de siempre.
Es hora de que los líderes despierten, tanto en lo estratégico como en lo político, colocando al ciudadano en el epicentro de toda la ecuación, escuchando con atención las necesidades de los ciudadanos.
Deben hacer alianzas (con todos los sectores) creando sinergias poderosas y eficientes, que les permitan ver con claridad la realidad de las personas a quienes representan. Generando con ello mayor cercanía, empatía, facilitando los caminos de la equidad y crecimiento social.
En materia de gobernanza deben innovar, apoyándose en las tecnologías, para ofrecer mayores y mejores servicios, facilitando el acceso para ayudar a simplificar la vida al ciudadano. Los líderes deben actuar con transparencia, sin agendas ocultas, con una constante rendición de cuentas, aumentando así su capacidad de respuesta ante los requerimientos de la población, y empoderando al ciudadano, para que sea parte de las soluciones requeridas.
En lo comunicacional, los líderes hoy están en desventaja para lograr la atención del ciudadano, la competencia es con los distractores modernos que hay, además del rechazo y desgano por la política, por lo cual, al comunicar se debe no solo ser breve, sino efectivo.
Comunicar breve no significa que deba ser superficial, por el contrario, requiere profundidad y trascendencia, para que el receptor comprenda el mensaje, le impacte de tal manera que lo movilice en la dirección que el emisor del mensaje desea.
Esto implica enfocarse en la audiencia, no en el ego propio, superando uno de los errores que usualmente se presentan en la comunicación de algunas campañas y algunos líderes.
Todo cambió, y sigue cambiando; en consecuencia, los líderes deben despertar, salir de la comodidad del pasado y actualizarse, o serán sustituidos por los nuevos liderazgos que surgen, y que están no solo alerta, sino conectado con la realidad actual.