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El frágil acuerdo entre Rusia y Ucrania en el mar Negro: un pacto arriesgado y lleno de incertidumbre

- 27/03/2025 06:42
El alto el fuego en el mar Negro estuvo al borde del colapso tras tres días de intensas negociaciones en Arabia Saudí. Hasta el último momento, no estaba asegurado que Rusia, Ucrania y Estados Unidos lograran cerrar un acuerdo. Finalmente, un esfuerzo diplomático de última hora por parte de la Casa Blanca permitió que Moscú aprobara este martes un inminente cese de las hostilidades marítimas.
Para convencer al Kremlin, Washington se comprometió, sin considerar las objeciones de Ucrania, a “facilitar la recuperación” de las exportaciones agrícolas rusas en el mercado internacional, que han sido gravemente afectadas por las sanciones y tarifas impuestas por los aliados occidentales de Kiev.
El desenlace en Riad fue tenso. En la tarde del martes, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirmó que el alto el fuego no podía concretarse porque Ucrania no garantizaba la protección de los intereses rusos. Aunque no detalló qué garantías exigía Moscú, insinuó que Kiev había incumplido disposiciones del acuerdo del grano de 2022, promovido por Turquía y las Naciones Unidas.
Este pacto permitió durante un año la creación de corredores marítimos para la exportación de productos agrícolas ucranianos, con inspecciones rusas para verificar la carga de los buques. Si bien el nuevo acuerdo con Washington no menciona estas inspecciones, el Kremlin insiste en restablecerlas.
Rusia decidió no renovar aquel pacto, argumentando que ni Europa ni Estados Unidos habían flexibilizado las sanciones a sus exportaciones agrícolas y que Ucrania continuaba atacando la flota rusa en Crimea. Durante la vigencia del acuerdo, Moscú también bombardeó puertos civiles ucranianos.
Lavrov no exageraba. Este martes, Volodímir Zelenski reconoció que el principal punto de fricción era la negativa de su Gobierno a permitir la reanudación del comercio marítimo de productos agrícolas y fertilizantes rusos. Según el presidente ucraniano, estas restricciones deben mantenerse como un mecanismo de presión para futuras negociaciones de paz.
Según informó la cadena Fox, en el último momento del martes, Mike Waltz, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, contactó con Moscú para garantizar la emisión del comunicado en el que se confirmaba la aceptación del acuerdo por parte de Rusia.
“Estados Unidos ayudará a Rusia a restablecer el acceso de sus exportaciones agrícolas y de fertilizantes al mercado internacional, reducirá los costos de los seguros marítimos y permitirá el acceso a puertos y sistemas de pago para estas operaciones”, señala el documento firmado con Washington.
El Kremlin ha precisado aún más los requisitos para comenzar a aplicar el acuerdo. La primera condición, según sus declaraciones, es el levantamiento de sanciones contra las principales entidades bancarias rusas que gestionan transacciones agrícolas internacionales.
Por su parte, el Black Sea Institute, un centro ucraniano especializado en estudios sobre comercio marítimo y derecho internacional en la región ya anticipó en un informe publicado en marzo que una tregua facilitaría las exportaciones rusas. Además, advirtió que el siguiente paso podría ser la eliminación de sanciones a las empresas rusas exportadoras de crudo. La Unión Europea tendrá un rol clave en la decisión final sobre la relajación del régimen sancionador impuesto a la economía rusa.
El mar Negro representa un eje económico vital tanto para Rusia como para Ucrania, ya que es la principal vía de salida de sus exportaciones hacia Asia y el Mediterráneo. Sin embargo, para Ucrania, la situación es aún más crítica, pues los puertos de la región de Odesa son su única conexión marítima con el mercado internacional. La ocupación rusa de los puertos en el mar de Azov ha restringido significativamente la capacidad comercial ucraniana.
Ante estas limitaciones, Ucrania ha sabido adaptarse, especialmente desde 2023, tras la ruptura del acuerdo del grano. Una de sus mayores victorias estratégicas ha sido el uso de drones marítimos y aéreos por parte de sus fuerzas especiales para debilitar a la flota rusa, obligándola a replegarse hacia la zona oriental del mar Negro.
Esto permitió a Ucrania reactivar el tráfico marítimo siguiendo la costa, primero en la provincia de Odesa y posteriormente navegando por aguas soberanas de países de la OTAN, como Rumanía, Bulgaria y finalmente Turquía.
Por su parte, Rusia ha restringido considerablemente las rutas marítimas que emplean sus buques en la región. Actualmente, pocos navíos rusos operan en mar abierto, limitando sus maniobras a ataques rápidos con misiles de crucero Kalibr contra objetivos en territorio ucraniano.
El acuerdo firmado entre EE. UU. y Rusia no aclara si el uso de estos misiles supondría una violación del alto el fuego. El documento solo especifica que ambas partes se comprometen a garantizar una navegación segura, evitar el uso de la fuerza y prohibir la utilización de embarcaciones comerciales con fines militares, términos que también rigen el acuerdo bilateral con Ucrania.
Dmitro Pletenchuk, portavoz de la Armada ucraniana, señaló el lunes en Radio Svoboda la amenaza que representan los misiles Kalibr y cuestionó si el alto el fuego implicaría también la prohibición del uso de drones y misiles de la flota rusa en Crimea, territorio anexado ilegalmente por Moscú en 2014.
La misma duda podría surgir en el bando invasor: ¿serán considerados blancos legítimos los activos de la flota rusa en tierra firme? Para Ucrania, lo esencial, según Pletenchuk, es que los puertos de Odesa, Jersón y Mikolaiv queden fuera del alcance de futuros ataques.
Tanto Ucrania como Rusia han planteado condiciones adicionales al acuerdo firmado con Estados Unidos. El ministro de Defensa ucraniano, Rustem Umerov, ha solicitado nuevas reuniones para definir con mayor precisión los términos de la tregua marítima.
Además, ha advertido que Kiev interpretará como una violación del acuerdo cualquier incursión de buques de guerra rusos más allá del este del mar Negro, es decir, fuera de las aguas territoriales rusas. Aunque no ha hecho referencia explícita a los puertos y aguas de Crimea, Ucrania mantiene desde la anexión de 2014 la exigencia de que Rusia abandone la península, una posibilidad que, por ahora, parece inalcanzable.
Las preocupaciones sobre la libre circulación de buques militares rusos en el mar Negro no son exclusivas de Ucrania. Según fuentes anónimas citadas por el Financial Times, tanto Bulgaria como Rumania han expresado su inquietud sobre los términos de un posible acuerdo entre Moscú y Washington.
Durante la guerra, el mar Negro ha adquirido un papel estratégico no solo por su creciente militarización, sino también por su peso comercial y su relevancia geopolítica en la expansión de la Unión Europea.
Así lo señala un informe publicado en marzo por el Centro Internacional para la Defensa y la Seguridad (ICDS), un instituto de estudios báltico que advierte sobre los intentos de Rusia de afianzar su control en esta zona clave para el comercio con Asia y la necesidad de que la UE tome medidas al respecto.
El plan de paz impulsado por el Reino Unido y Francia contempla el despliegue de buques de guerra y aviones europeos en el mar Negro para garantizar la estabilidad. En la misma línea, un análisis reciente del centro de estudios estadounidense Atlantic Council advierte que, incluso si se alcanza un acuerdo de paz, esta región seguirá siendo un territorio disputado, con una fuerte presencia militar y una estabilidad frágil.
“Rusia emplea con frecuencia tácticas de guerra híbrida contra sus vecinos, y un pacto de paz no impedirá al Kremlin seguir interviniendo en la región”, señala Arnold C. Dupuy, analista del Atlantic Council.