Los milagros de José Gregorio Hernández, el primer laico venezolano en ‘avanzar hacia los altares’

Actualizado
  • 25/02/2025 18:08
Creado
  • 25/02/2025 17:59
El filántropo y médico falleció en 1919. Venerado como santo en en su país, fue canonizado tras dos milagros comprobados por el Vaticano.

En Venezuela, José Gregorio Hernández era conocido como santo antes de oficialmente serlo. “El médico de los pobres” ya era venerado por todo un pueblo durante décadas. Su imagen cuelga en las paredes de hospitales, iglesias, casas humildes y consultorios médicos. Los creyentes oran con la suma certeza de que Hernández logra milagros. Para muchos, su canonización es un reconocimiento tardío de lo que un país creyó desde el día de su fallecimiento el 29 de junio de 1919.

En las calles, su devoción se entrelaza con la religión popular y es por ello que se cree fue la larga espera por su canonización. En barrios de toda Venezuela se evidencian pequeños altares improvisados donde la figura de Hernández, con su distintivo traje negro y sombrero, aparece junto a santos de la Iglesia católica o de imágenes representativas de divinidades yoruba.

En el culto a María Lionza, santo venezolano es considerado un espíritu protector dentro de la “Corte Médica”, grupo de almas elevadas que, según la creencia, brindan ayuda a los enfermos. En otros lugares, su imagen comparte espacio con José Martí, Simón Bolívar e incluso la Virgen de Coromoto.

Su santuario en Isnotú, del estado de Trujillo, aquel que lo vio nacer en 1864, es testigo de su cariño y devoción en el corazón de los fieles. Allí, la fe no parece tener límites. Personas alegan recuperar la movilidad y retratos de niños describen su recuperación pese a todo pronóstico. Cartas de agradecimiento se posan por todas partes, asegurando que el médico obró en sus vidas.

Pero si dicha devoción popular lo elevó como el favorito de los altares del pueblo, la Iglesia exigía pruebas. Fueron dos milagro que, reconocidos luego de rigurosos estudios, llevaron al “médico de los pobres” al altar de la santidad oficial.

Pero si la devoción popular lo elevó a los altares del pueblo, la Iglesia requería pruebas. Y fueron dos milagros, reconocidos tras rigurosos estudios, los que finalmente llevaron a José Gregorio Hernández al altar de la santidad oficial.

Yaxury regresa a la vida

En marzo de 2017, Yaxury Solórzano de 10 años, recibió un disparo en la cabeza tras ser víctima de un asalto. Su madre la llevó al hospital más cercano donde los pronósticos no parecían nada positivos. Los médicos la salvaron, pero le advirtieron que muy probablemente, la menor sostendría secuelas neurológicas que le prohibirían el movimiento y el habla.

La madre nunca se rindió y suplicó al “médico de los pobres” un milagro el cual muy pronto llegaría. Yaxury no solo sobrevivió, sino que se recuperó completamente. Los profesionales de la salud no encontraron explicación lógica que sostuviera dicho resultado, pero la iglesia decidió verlo como un milagro. Es así como en 2020, el Vaticano no solo aprobó el caso, sino la beatificación del santo venezolano.

Otro milagro

El segundo suceso ocurrió lejos del país suramericano y fue el responsable de otorgarle la canonización a Hernández, un siglo después de su fallecimiento. Un venezolano residente de Estados Unidos se enfrentó a una condición médica crítica. Su diagnóstico, según informó Infobae, “era devastador: fallas multisistémicas, órganos colapsados, daño cerebral irreversible. Los médicos, nuevamente, no daban un pronóstico positivo.

Pero la fe de los familiares hizo oído sordo a las palabras de los profesionales y en cambio, se dirigieron a la fe. Durante ocho días consecutivos imploraron la intercesión de José Gregorio Hernández y, en una semana, nuevamente ocurrió lo inimaginable: el hombre se recuperó por completo

El Vaticano, tras una investigación exhaustiva, reconoce el caso como el segundo milagro necesario para la canonización.

Canonización

Luego de ambos casos, el Papa Francisco confirmó lo que Venezuela ya reconocía desde hace 100 años: José Gregorio Hernández es un santo. Su proceso de canonización, el cual inició en 1949, se culminó luego de 76 años de espera.

El acto se vio como un reconocimiento de fe inquebrantable. Reconoció a un hombre que renunció a la riqueza para ayudar a personas de escasos recursos sin nada a cambio.

El filántropo no necesitó lujosos altares ni ceremonias para llevar el título de santo. Su comunidad de fieles se había forjado desde hace años e incluso se mantiene hasta el presente y aseguraron mucho antes del Vaticano aquel título que se le otorgó formalmente este martes 25 de febrero.

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