• 27/02/2025 00:00

Trump y el nuevo orden mundial

Trump y la élite económica que lo rodea son realistas sobre el declive del poder imperial de Estados Unidos frente el resurgimiento de las potencias asiáticas (Oriente) de Rusia, China, India, Irán (Persia) y Turquía, al igual que potencias emergentes como Indonesia, Nigeria, Sudáfrica y Brasil

El regreso de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos ha marcado un cambio en la política mundial; durante las elecciones estadounidenses vaticiné que con Donald Trump habría un cambio en el orden mundial. Cambio que está sucediendo de manera acelerada y que tiene desconcertados a los principales líderes europeos y en gran parte del mundo.

Trump y la élite económica que lo rodea son realistas sobre el declive del poder imperial de Estados Unidos frente el resurgimiento de las potencias asiáticas (Oriente) de Rusia, China, India, Irán (Persia) y Turquía, al igual que potencias emergentes como Indonesia, Nigeria, Sudáfrica y Brasil.

Trump sabe que el poder unipolar de Estados Unidos llegó a su fin con la derrota militar del imperio en la guerra de Ucrania por Rusia. También, es realista que con la decadencia de esa hegemonía se abre paso hacia un nuevo mundo multipolar, un nuevo reparto en el control del mundo y una nueva reformulación de las instituciones multilaterales.

Trump en las elecciones derrotó a la élite corporativa globalista liderada por los emporios económicos de BlackRock y George Soros, que controlaron la política estadounidense en los últimos gobiernos demócratas de Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden, en los otros países de la anglofera y en la Unión Europea.

Trump ganó las elecciones con el apoyo de una élite económica soberanista que puja por un nuevo orden mundial con una visión económica proteccionista, diferente a la que tiene la élite globalista de los consensos de Washington y Cornwall, este último sobre la economía verde, la transición energética y la Agenda 2030.

Por lo tanto, la apuesta de la administración de Trump no es seguir con el gigantesco gasto militar en conflictos bélicos externos y en una política exterior que tiene al borde del colapso al imperio. Su apuesta es desarrollar una política económica proteccionista, de reducción del gasto público, direccionada hacia una nueva reorganización financiera y económica del imperio, una reindustrialización del mismo con los altos avances tecnológicos para evitar el colapso del imperio.

La apertura de las conversaciones en Arabia Saudita con Rusia, por un lado, marca el interés de su administración en ponerle fin a la guerra de Ucrania, y del otro, reanudar relaciones políticas y económicas con Rusia. Igualmente, marca el surgimiento de un nuevo orden mundial multipolar que camina hacia un reparto del poder mundial con China y Rusia.

Pese a que hasta ahora las conversaciones son con Rusia, Trump ha manifestado interés de sentarse a dialogar con el presidente de China. Ahora el hecho que los diálogos se desarrollen en Arabia Saudita, un país que tiene buenas relaciones con las tres potencias, es un mensaje claro de que la administración de Trump va hacia un nuevo Yalta con Rusia y China. También es un indicador de que los conflictos de Oriente Próximo, especialmente los de Siria y los de Israel con los palestinos en Gaza y Cisjordania estarán en la agenda de las negociaciones de las tres potencias.

La derrota militar de Estados Unidos con sus 34 países aliados de la OTAN en la guerra de Ucrania y la quiebra económica de Europa como consecuencia de la guerra, marcan la desaparición de las potencias de Europa como actores decisivos en la política internacional.

Las conversaciones con Rusia son el preludio de que se cocina una nueva especie de Conferencia de Yalta, ciudad de Crimea donde del 4 al 11 de febrero de 1945, los líderes de Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética: Roosevelt, Churchill y Stalin, se repartieron hace 80 años el control del mundo.

La reunión en Arabia Saudita con Rusia, el mismo mes que se cumplieron 80 años de aquella conferencia de los líderes de las tres grandes potencias, después de la Segunda Guerra mundial, es un mensaje simbólico que escenifica los primeros pasos hacia una futura conferencia entre Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping, donde sellarán acuerdos sobre un nuevo reparto y control del mundo.

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