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- 27/02/2025 00:00
- 26/02/2025 12:09
El amor debería ser sinónimo de paz, y, sin embargo, el amor erótico del que nos gusta ocuparnos en esta sección, pareciera que es todo lo contrario a eso, que es una guerra avisada en la que casi todo se vale ¡una batalla que se libra en la cama! Una guerra que, en algunos casos, ayuda a la disolución de conflictos. Qué dicotómico. Parece mentira, pero muchas parejas se fracturan más por lo que dejan de decirse, hacerse o comunicarse, que por peleas cotidianas o diferencias.
Recojo en esta sección un testimonio valioso de una mujer que estuvo a punto de divorciarse, pero ambos (ella y su pareja), pusieron de su parte para recomponer la relación: “un día me desperté y dije ‘ya no puedo más, no puedo seguir así’. Cuando decidí terminar con todo, fue cuando mi esposo decidió escucharme [...] buscamos ayuda profesional y, poco a poco, fuimos entendiendo más al otro, yo me había absorbido en la maternidad y estaba enfocada en que fuese el papá que yo quería, y él estaba sumergido en la rutina y el trabajo. Ahora, dedicamos unos segundos para besarnos, para besarnos de verdad, no un beso fugaz, mirarnos a los ojos, o ponerme en su pecho y sentir su respiración [...] cosas que habíamos olvidado hacer”.
Hay que escuchar al amor. No solo ese momento cuando su llamado nos invita a entrar a la vida de otra persona y nos atrevemos a abrirnos como un libro que otra persona puede leer (y explorar, por supuesto). Me refiero a escuchar de verdad lo que el otro tiene que decirnos, no sólo quitarnos la ropa para hacer el amor, sino despojarnos del ego y de nuestras expectativas, y de verdad valorar al otro tal como es. Definitivamente, si debemos afinar algún sentido cuando estamos en pareja, es el de la audición, por donde también deambula el erotismo a través de palabras morbosas, fantasías susurradas o gemidos. La audición tiene que estar afinada para ser capaz de escuchar lo que quiere y necesita la otra persona, y que la otra persona esté atenta a escucharte a ti, porque en algunos casos, cuando ya logran escuchar, es demasiado tarde para recomponer lo que se ha perdido. Espero que oigas y te hagas escuchar.