Mulino, ¿atrapado entre el Gobierno de Nicaragua y Martinelli?
- 02/04/2025 00:00
El asilo ‘político’ del líder de Realizando Metas devino en una crisis diplomática con Nicaragua, con consecuencias inciertas para el gobierno de Mulino. Un asilo en otra embajada o la ruptura diplomática son algunos de los escenarios La salida del exmandatario Ricardo Martinelli pasó, en menos de 48 horas, de un proceso administrativo simple que debía terminar con la llegada del expresidente a Managua como “asilado político”, a una crisis diplomática entre Panamá y Nicaragua, con consecuencias políticas para los dos Estados.
El ‘limbo’ de Martinelli La trama tomó un giro inesperado el domingo 31 de marzo, tras conocerse la solicitud de alerta roja de Interpol contra Martinelli y el comunicado de la Policía Nacional que comentaba sobre dicha solicitud, atribuyéndose facultades de agentes judiciales, contrario a la Constitución. La Cancillería salió al paso y confirmó que el petitorio de Interpol fue rechazado.
Pese a ello, el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha mantenido la postura de que la administración de José Raúl Mulino habría preparado una “emboscada” contra Martinelli y Nicaragua para “generar” un conflicto internacional; reclamando no solamente la alerta roja, sino incluyendo ahora una vieja queja por el veto de Panamá a su candidato a la Secretaría General del Sistema de Integración Centroamericano (SICA).
La Cancillería, que había puesto como fecha límite la medianoche de este lunes, se vio obligada a extender el salvoconducto al líder del gobernante partido Realizando Metas por 72 horas más.
Al mismo tiempo, crecen las críticas hacia Mulino de todos la sectores: los martinelistas ya están sugiriendo que hubo “traición” al expresidente y que Mulino no lo “ayudó” como prometió durante la campaña electoral; mientras miembros de la sociedad civil cuestionan el salvoconducto como un acto de impunidad para que Martinelli evada la justicia, al estar con condena en firme de 128 meses de prisión por blanqueo de capitales, además de tener abiertos otros procesos judiciales. Lo que deja por ahora su salida en un limbo y coloca a Mulino en una posición en la que parece tener poco margen de maniobra.
¿Qué viene ahora? En un primer escenario, el Gobierno panameño podría aceptar las exigencias de Murillo y apoyar sus aspiraciones en el SICA, permitiendo así la llegada de Martinelli a Nicaragua.
Para el internacionalista y catedrático de la Universidad de Panamá Euclides Tapia, en ese contexto Panamá se mostraría débil y sería un error de Mulino ceder ante los chantajes de Managua. “Quedaría en ridículo. Además, sería la segunda partida que le gana Ortega a Mulino; ya lo consiguió sumando los votos de los diputados de RM para la entrada de Rusia como observador del Parlamento Centroamericano”. Eso llevaría a un mayor descrédito internacional de Mulino, comentó Tapia a La Decana, además de duras críticas internas, por lo cual esa posibilidad pareciera en un inicio poco probable ante su alto costo político.
Un segundo escenario es el rompimiento de relaciones por el rechazo de Panamá a las exigencias de Murillo. Esto llevaría a una salida inmediata del persona diplomático nicaragüense y la permanencia de Martinelli en suelo panameño, en virtud de que Nicaragua no forma parte de la Convención de Asilo de Caracas de 1954, que permite que el asilado salga con la delegación en caso de ruptura. Así las cosas, el expresidente puede ser detenido y llevado a prisión para cumpla su pena. “Algo como eso no lo quiere ni el gobierno de Mulino ni Nicaragua. Martinelli es un problema político para Mulino; estando preso podría ser mucho más complicado para él. Ortega sabe que él necesita a Martinelli fuera de Panamá, por eso lo chantajea”, sostiene Tapia.
A juicio del sociólogo y docente José Lasso, el asunto está vinculado también a la situación nacional. Aunque ve poco probable una explosión social por una detención de Martinelli, sí piensa que Mulino perdería fuerza. “El presidente no controla el partido ni la bancada de RM y Cambio Democrático, vería sus margen de gobernabilidad muy mermado en momentos de fuerte descontento social. Es algo que podría entrar en juego al momento de que tomen una decisión”.
Otra posible opción sobre la mesa sería que Panamá no acepte las condiciones de Nicaragua, volviendo al statu quo anterior. El líder de RM seguiría en la embajada, lo que marcaría un escenario temporal de punto muerto en el conflicto.
Un cuarto escenario sería que Martinelli encuentre la forma de conseguir un asilo en otra embajada. Fuentes cercanas al expresidente confirmaron que esa opción se llegó a evaluar poco después de que recibiera el salvoconducto. “Puede ocurrir, siempre y cuando otro país este dispuesto a acogerlo”, precisó Tapia.
En medio de esta crisis diplomática con efectos en la política interna, a juicio de Lasso, la institucionalidad del país queda seriamente golpeada.
“Queda totalmente vulnerada; este tipo de acciones de aprobar un salvoconducto a un delincuente condenado golpea la estabilidad del país”, sostiene el docente universitario.
Pese a ello, el sociólogo piensa que la discusión de la institucionalidad tiene poco peso en un sector de la población, especialmente la más vulnerable, que vive enfocada en sobrevivir entre la precaridad y el alto costo de la vida.
La salida del exmandatario Ricardo Martinelli pasó, en menos de 48 horas, de un proceso administrativo simple que debía terminar con la llegada del expresidente a Managua como “asilado político”, a una crisis diplomática entre Panamá y Nicaragua, con consecuencias políticas para los dos Estados.
La trama tomó un giro inesperado el domingo 31 de marzo, tras conocerse la solicitud de alerta roja de Interpol contra Martinelli y el comunicado de la Policía Nacional que comentaba sobre dicha solicitud, atribuyéndose facultades de agentes judiciales, contrario a la Constitución. La Cancillería salió al paso y confirmó que el petitorio de Interpol fue rechazado.
Pese a ello, el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha mantenido la postura de que la administración de José Raúl Mulino habría preparado una “emboscada” contra Martinelli y Nicaragua para “generar” un conflicto internacional; reclamando no solamente la alerta roja, sino incluyendo ahora una vieja queja por el veto de Panamá a su candidato a la Secretaría General del Sistema de Integración Centroamericano (SICA).
La Cancillería, que había puesto como fecha límite la medianoche de este lunes, se vio obligada a extender el salvoconducto al líder del gobernante partido Realizando Metas por 72 horas más.
Al mismo tiempo, crecen las críticas hacia Mulino de todos la sectores: los martinelistas ya están sugiriendo que hubo “traición” al expresidente y que Mulino no lo “ayudó” como prometió durante la campaña electoral; mientras miembros de la sociedad civil cuestionan el salvoconducto como un acto de impunidad para que Martinelli evada la justicia, al estar con condena en firme de 128 meses de prisión por blanqueo de capitales, además de tener abiertos otros procesos judiciales. Lo que deja por ahora su salida en un limbo y coloca a Mulino en una posición en la que parece tener poco margen de maniobra.
En un primer escenario, el Gobierno panameño podría aceptar las exigencias de Murillo y apoyar sus aspiraciones en el SICA, permitiendo así la llegada de Martinelli a Nicaragua.
Para el internacionalista y catedrático de la Universidad de Panamá Euclides Tapia, en ese contexto Panamá se mostraría débil y sería un error de Mulino ceder ante los chantajes de Managua. “Quedaría en ridículo. Además, sería la segunda partida que le gana Ortega a Mulino; ya lo consiguió sumando los votos de los diputados de RM para la entrada de Rusia como observador del Parlamento Centroamericano”. Eso llevaría a un mayor descrédito internacional de Mulino, comentó Tapia a La Decana, además de duras críticas internas, por lo cual esa posibilidad pareciera en un inicio poco probable ante su alto costo político.
Un segundo escenario es el rompimiento de relaciones por el rechazo de Panamá a las exigencias de Murillo. Esto llevaría a una salida inmediata del persona diplomático nicaragüense y la permanencia de Martinelli en suelo panameño, en virtud de que Nicaragua no forma parte de la Convención de Asilo de Caracas de 1954, que permite que el asilado salga con la delegación en caso de ruptura. Así las cosas, el expresidente puede ser detenido y llevado a prisión para cumpla su pena. “Algo como eso no lo quiere ni el gobierno de Mulino ni Nicaragua. Martinelli es un problema político para Mulino; estando preso podría ser mucho más complicado para él. Ortega sabe que él necesita a Martinelli fuera de Panamá, por eso lo chantajea”, sostiene Tapia.
A juicio del sociólogo y docente José Lasso, el asunto está vinculado también a la situación nacional. Aunque ve poco probable una explosión social por una detención de Martinelli, sí piensa que Mulino perdería fuerza. “El presidente no controla el partido ni la bancada de RM y Cambio Democrático, vería sus margen de gobernabilidad muy mermado en momentos de fuerte descontento social. Es algo que podría entrar en juego al momento de que tomen una decisión”.
Otra posible opción sobre la mesa sería que Panamá no acepte las condiciones de Nicaragua, volviendo al statu quo anterior. El líder de RM seguiría en la embajada, lo que marcaría un escenario temporal de punto muerto en el conflicto.
Un cuarto escenario sería que Martinelli encuentre la forma de conseguir un asilo en otra embajada. Fuentes cercanas al expresidente confirmaron que esa opción se llegó a evaluar poco después de que recibiera el salvoconducto. “Puede ocurrir, siempre y cuando otro país este dispuesto a acogerlo”, precisó Tapia.
En medio de esta crisis diplomática con efectos en la política interna, a juicio de Lasso, la institucionalidad del país queda seriamente golpeada.
“Queda totalmente vulnerada; este tipo de acciones de aprobar un salvoconducto a un delincuente condenado golpea la estabilidad del país”, sostiene el docente universitario.
Pese a ello, el sociólogo piensa que la discusión de la institucionalidad tiene poco peso en un sector de la población, especialmente la más vulnerable, que vive enfocada en sobrevivir entre la precaridad y el alto costo de la vida.