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El valor científico de las encuestas de opinión

Actualizado
  • 24/01/2024 00:25
Creado
  • 24/01/2024 00:22

A diferencia de años electorales anteriores, no se ha notado una encuesta que genere credibilidad, sino que hay una fragmentación de sondeos

Una encuesta es un instrumento o herramienta que sustenta de forma empírica las investigaciones, sobre todo de carácter descriptivo. Dicho instrumento para su ejecución requiere de un estudio previo de las preguntas que se utilizarán dependiendo del tipo de muestra. La muestra constituye una parte de la población que se desea medir y la misma debe ser representativa utilizando una operación estadística que nos revela cuál será. Dicha muestra debe ser aleatoria y debe recoger paridad en cuanto a edad, sexo, procedencia, educación, etc. Las preguntas pueden ser abiertas o cerradas. Generalmente, las encuestas que miden opinión o tendencias políticas deben ser muy concisas y cerradas, utilizando para ello variables que se desprenden de los indicadores escogidos, o sea las preguntas seleccionadas. El anonimato a la hora de responder suele ser importante, ya que la misma exime de compromiso a quienes responden las preguntas y estos se sienten con mayor libertad y menos presión para responder.

Todos los países del mundo, sobre todo industrializados donde impera la llamada democracia política apoyada en el sufragio, han utilizado las encuestas para monitorear la opinión política hasta determinados momentos. Por el hecho de que las opiniones pueden variar dependiendo de múltiples factores, las encuestas deben aplicarse cada cierto tiempo para revelar tendencias en el sentir popular. Y este el punto medular de una encuesta: describir o mostrar posibles acontecimientos. Es por ello que las respuestas vertidas por las encuestas están revestidas de un carácter probabilístico y no definitivo.

Un año antes de las elecciones presidenciales de 1994 en Panamá, dos empresas encuestadoras de renombre regional monitorearon casi hasta el final el posible resultado de las elecciones en cargos como la Alcaldía y la Presidencia, cuyos vaticinios fueron certeros con márgenes de error muy pequeños. A mi modo de ver estas encuestas se ciñeron al rigor científico que se requiere para un tipo de evento de esta naturaleza. Sin embargo, los candidatos que se veían desfavorecidos descalificaban estos resultados dándole epítetos de toda naturaleza. Como la política y la religión levantan pasiones, estas suelen nublar nuestra capacidad de raciocinio y es difícil la mayoría de las veces admitir resultados no favorables.

De tal suerte, que en las elecciones posteriores muchos candidatos contrataron sus propias encuestadoras que de hecho sí estaban salpicadas de subjetivismo. En estos casos podemos decir que las encuestas estuvieron amañadas, ya que respondían a los intereses de quienes las contrataban. En las elecciones de 2014 y faltando un poco menos de dos semanas para las elecciones, algunas encuestas con rigor científico mostraban diferencias mínimas entre los candidatos Juan Carlos Navarro, José Domingo “Mimito” Arias y Juan Carlos Varela. Aunque Varela se mantenía en tercer lugar, su distancia de los otros candidatos oscilaba entre cuatro a doce puntos. Viendo este panorama y tomando en cuenta una significativa población indecisa, cualquier cosa podía ocurrir como efectivamente pasó. Para sorpresa de muchos ganó Varela y con este resultado se empezó a estigmatizar el carácter científico de una encuesta. Recuerdo que uno de los cercanos colaboradores de Varela se mofó de los resultados sin saber realmente que las diferencias no significativas podían engendrar este resultado. Este año electoral, a diferencia de años anteriores, no se ha notado el peso de la influencia de una encuesta que genere credibilidad. Al contrario, existe una fragmentación de sondeos, muchos de los cuales no evidencian un rigor científico.

Tal parece que el valor de las encuestas ha quedado en descrédito bajo la mirada cómplice de muchas instituciones académicas que pueden dar fe de la eficacia de esta técnica de carácter científico si se lleva a cabo siguiendo los pasos requeridos.

Hemos retrocedido nuevamente para dar espacio al “rumor” y la especulación como garantes de algún vaticinio. Qué lástima.

Un año antes de las elecciones de 1994 en Panamá, dos encuestadoras regionales vaticinaron con un margen de error pequeño, los favoritos para la Alcaldía y la Presidencia.