Columnistas

El camino a la paz para el beneficio mundial

Actualizado
  • 28/02/2025 00:00
Creado
  • 27/02/2025 16:46

Con motivo del tercer aniversario de la operación militar especial de Rusia, los promotores occidentales del orden mundial neocolonial y exclusivista intensificaron su campaña propagandística anti rrusa en los medios panameños. En particular, en el diario La Estrella se publicaron artículos del canciller polaco Radosław Sikorski, el embajador británico en Panamá James Dauris y la emisaria de la Unión Europea en el istmo, Isabela Matusz.

La avalancha de falsedades echadas sobre Rusia en dichos panfletos ya se desmintió en numerosas ocasiones. En pleno 2025, afirmar que la operación militar rusa presuntamente fue “no provocada” es un ultraje al sentido común. ¿Es que no hubo varias “olas” de ampliación de la OTAN hacia las fronteras con Rusia en violación de las promesas que finalizaron la “guerra fría”? ¿Ni tampoco miles de millones de dólares en apoyo financiero y militar dirigidos al régimen neonazi tras el golpe anticonstitucional de 2014, orquestado por el Occidente en la capital de un país vecino y hermano de Rusia? ¿Acaso no instigaron Ángela Merkel, François Hollande y varios otros dirigentes europeos a sus títeres ucranianos a intensificar las preparaciones militares, “haciendo la vista gorda” a los acuerdos de Minsk de 2015 (avalados por el mismísimo Consejo de Seguridad de la ONU)? No cabe ninguna duda de que todas dichas actividades pusieron en jaque la seguridad nacional rusa, al pisotear el principio de la seguridad indivisible, incluido, entre otras directrices, en los convenios de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

Vale la pena recordar también que no fue Moscú, sino justamente el régimen de Kiev, que atentó contra las leyes internacionales, en especial, el principio de la libre autodeterminación de los pueblos. Según ha destacado el canciller de Rusia, Serguéi Lavrov, el derecho internacional no es un “menú de restaurante”. No permite que cada cual seleccione las normas que le gusten, ignorando las disposiciones que no le convengan. La Declaración sobre los Principios de Derecho Internacional de 1970 establece claramente que el principio de la integridad territorial solo ampara a los gobiernos que representan “a la totalidad del pueblo perteneciente a su territorio, sin distinción por motivo de raza, credo o color”. ¿Ha cumplido el régimen ultranacionalista con este alto criterio? Obviamente, la guerra civil en Donbás, que dejó sin vida a 14 mil personas inocentes, la discriminación masiva contra la lengua rusa y la persecución abierta de la Iglesia ortodoxa ucraniana atestan lo contrario. Para mejorar su entendimiento de las verdaderas causas de la crisis, invitamos a los diplomáticos europeos a visitar la Alameda de los Ángeles en Donetsk en memoria a unos 150 niños caídos en los ataques y bombardeos lanzados por Kiev en contra de su propia población. Es precisamente en este contexto – y frente a la negativa obstinada del Occidente de tomar en consideración nuestros intereses vitales – que la Federación de Rusia se vio obligada a iniciar la operación militar, reivindicando el legítimo derecho de millones de rusos y ucranianos de hablar libremente su propio idioma, profesar su religión sin restricción alguna.

Nosotros, los rusos, siempre sabíamos que en algún momento el cáliz de las mentiras occidentales se desbordaría. Notamos con satisfacción que cada vez más personas en el mundo, incluso en el propio Occidente, apuestan por promover el diálogo. A esa posición se está sumando la nueva administración estadounidense, a diferencia marcada de sus predecesores cuyos seguidores británicos, según es bien conocido, instaron al régimen de Kiev a abandonar las negociaciones con Rusia en mayo de 2022, optando por la guerra “hasta el último ucraniano”. Consideramos que los contactos directos entablados entre Moscú y Washington, así como la recién adoptada resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el conflicto en torno a Ucrania (que, entre otros países, contó con el respaldo de Panamá) representan pasos significativos hacia el arreglo político-diplomático. Para asegurar la sostenibilidad de este futuro desenlace pacífico, será fundamental erradicar las causas primordiales de la crisis, tales como la ampliación descontrolada de la OTAN hacia el este y la discriminación contra los rusos en Ucrania.

Mientras más terreno gane la causa de la paz, más hostiles y virulentos serán los ataques de sus detractores. Las élites occidentales tradicionales exhortan a Panamá y otros países de Latinoamérica a que redoblen su apoyo para los neonazis de Kiev, bajo el falso pretexto de proteger la “libertad” y la “democracia”. Lo que realmente pretenden es agarrarse a toda costa a sus posiciones privilegiadas en el mundo, preservar su posibilidad de dictar al resto del planeta qué valores son “correctos” y qué no. Prefieren pasar por alto que las sanciones unilaterales sin precedentes impuestas contra Rusia no solo violan las normas internacionales, sino también debilitan la seguridad alimentaria y energética de los países del sur global.

Al mismo tiempo, Rusia, sus amigos y socios, abogan por un orden multipolar justo, democrático y equitativo. Un mundo fundado en el pleno apego a los principios universales de la Carta de la ONU en su totalidad e interconexión (y no las “reglas” seudodemocráticas selectivas que el Occidente pretende imponer a todos nosotros a través de sus políticas de “doble rasero”). Un mundo donde ninguna potencia no tendrá dominio sobre las demás y deberá respetar los intereses de sus contrapartes. Un mundo en que cada país podrá determinar libremente sus vías de desarrollo, preservar su cultura, tradiciones e idioma, sin intromisiones extranjeras ni exigencias neocoloniales. ¡Así será y así venceremos!