Columnistas 25/08/2019 - 12:00 a.m. domingo 25 de agosto de 2019

Las caras de Dios

Con motivo de la celebración de los 500 años de fundación de la Ciudad de Panamá

Francisco Carreira-Pitti
opinion@laestrella.com.pa

Con motivo de la celebración de los 500 años de fundación de la Ciudad de Panamá, se emitieron monedas alusivas que incluyen parcialmente el rostro de personajes involucrados en dichos eventos, Pedrarias de Ávila y Vasco Núñez de Balboa. Inmediatamente surgieron los conflictos entre historiadores, reconocidos y aficionados, con autoridad de investigación y sin ella alegando que los perfiles incluidos en las monedas no corresponden a ninguno de los involucrados. El fundamento de dichas alegaciones son investigaciones históricas o de internet que indican que dichos rostros corresponden a otros personajes. Incluso la controversia se ha potencializado al tema politiquero tratando de culpar al Gobierno anterior.

Escuchando a algunos reconocidos historiadores y viendo las publicaciones, creo que es obvio precisar que en ningún lado hay un catálogo de pinturas (no habiendo ningún otro medio de fijación de imágenes hace 500 años) que permita identificar a los personajes involucrados. Es claro que en aquel tiempo solo un grupo privilegiado de ciudadanos con recursos podía pagar las pinturas con sus caras. Adicionalmente muchos de los españoles que vinieron a América no eran ni nobles ni personas con recursos, muchos salieron de las prisiones como alternativa de sentencias, por lo que es imposible tener identificaciones precisas de cómo eran realmente. Es por ello que se usan grabados, dibujos y pinturas donde se usa el perfil de cómo lucían en aquella época, más que identificaciones reales.

Nada de esto es motivo para no utilizar ni circular las monedas. Lo que cuenta realmente es la intención 500 años después de rendir un homenaje a personajes importantes en la historia nacional. Muchos de ellos no ajenos a la controversia ni a los cuestionamientos de abuso; sin embargo, se les reconoce su rol en el establecimiento de lo que hoy tenemos como país. Si tenemos que decidir entre rendir el homenaje de los 500 años y no hacerlo por la duda en los rostros, debemos proceder a hacerlo sin ninguna reserva. La controversia histórica seguirá existiendo y la oportunidad de conmemorar los 500 años es ahora.

Esta controversia tiene similitudes con la que existe con el rostro de Jesucristo y Dios. Cada publicación, película o programa de TV le da a Jesucristo una identidad similar a las de la época, sin que nadie pueda realmente precisar cómo era, cómo lucía y no por ello dejamos de reconocerlo, orarle y darle todo el mérito como cristianos. Si nadie puede decir que no era así y nadie puede decir que era así.

Del mismo modo ocurre con otras religiones que reconocen un Dios que nadie puede precisar como era, ejs., Mahoma y Allah, Yahveh para los Judeo-Cristianos. Aunque se duda de cómo realmente lucían, se les reconoce su existencia. Lo mismo debemos hacer con esta controversia sin fundamento, si nadie puede decir cómo realmente eran, nadie puede afirmar que no eran como aparecen en las monedas. De allí que debamos circularlas; adicionalmente, la controversia les ha dado un valor de colección que las hará más atractivas.

ABOGADO

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