Planeta 13/05/2018 - 12:00 a.m. domingo 13 de mayo de 2018

Expedición a Coiba marca nueva era de investigación

Un grupo de investigadores del Smithsonian estudian arrecifes de corales y manglares en el Parque Nacional Coiba. Los científicos buscan colectar datos que permitan estudiar los cambios que han sufrido los ecosistemas

Matthieu Leray toma muestras de sedimentos en el Parque Nacional Coiba de Panamá en octubre de 2017. / Sean Mattson I STRI
Sean Mattson I STRI

Matthieu Leray toma muestras de sedimentos en el Parque Nacional Coiba de Panamá en octubre de 2017.

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Marlene Testa
mtesta@laestrella.com.pa

Matthieu Leray flota sobre un arrecife de coral cerca de una remota cadena de islas en el Pacífico panameño. No puede ver ballenas jorobadas, tiburones ballenas o, para su alivio, enormes cocodrilos estadounidenses en los manglares cercanos. Pero una vez que lleve algunas bolsas de agua del arrecife al laboratorio, él podrá saber si hay alguna cerca.

Gracias a nuevas técnicas que detectan todo, desde megafauna hasta microbios, el investigador espera revolucionar nuestro concepto de un arrecife de coral saludable, y tal vez incluso desarrollar un sistema de alerta temprana para rastrear los cambios en estos ecosistemas que, hasta ahora, se han enfrentado a muchos menos impactos humanos que otros que hay en todo el mundo.

‘La información que (usted) puede obtener de una muestra de agua es extraordinaria', dijo Leray durante una expedición a fines del 2017 al Parque Nacional Coiba en Panamá, sede de la estación marina más nueva del Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonian (STRI, por sus siglas en inglés).

‘(Usted) puede obtener la huella de especies invasoras, caracterizar a las comunidades microbianas involucradas en el blanqueamiento de corales o detectar cualquier patógeno que pueda dañar el arrecife. Podría usarse como una alarma, si lo desea, como un indicador del riesgo potencial para la biodiversidad', dice el investigador.

LA EXPEDICIÓN

Una nueva expedición científica en el Parque Nacional Coiba, marcará una era de investigaciones marinas en el Pacífico Tropical Oriental. Científicos del STRI iniciaron numerosos estudios, según una publicación de la página digital del STRI.

La expedición incluye 14 estudios de campo, principalmente en arrecifes de corales y manglares. Los científicos colectaron agua para muestras de ADN ambiental, realizaron estudios de peces y tomaron muestras de sedimentos. También analizaron las propiedades fisicoquímicas del agua.

Maggie Johnson, de MarineGEO, otra de las científicas de la expedición, también estudia arrecifes en largos tramos de 50 metros. Ella fotografió parcelas de corales para rastrear los cambios que han sufrido con el pasar del tiempo y establecer superficies artificiales para que los organismos marinos los colonicen.

Estos estudios crearán datos de referencia para construir futuras expediciones. Los resultados se compararán con otros recopilados por científicos de la estación de investigación de Bocas Del Toro, donde en los últimos años se han colectado cantidades masivas de información científica.

Un área donde el equipo espera ampliar sus conocimientos es en la ecología microbiana, que es poco comprendida. ‘Los microbios son ingenieros de ecosistemas, son impulsores invisibles de nuestro mundo visible', dice Holly Sweat, de MarineGEO que tomó muestras de manglares alrededor de Coiba en la expedición.

‘Las bacterias y microalgas que están en el medio ambiente tienen el potencial de afectar la distribución y el crecimiento de organismos más grandes que vemos todo el tiempo', añadió.

UNA RESERVA ÚNICA

Coiba, la isla más grande del Pacífico en América Central, pertenece a un archipiélago protegido que es, en cierta medida, un portal a un tiempo en el que los ecosistemas tropicales no habían sido radicalmente alterados por la actividad humana.

Esto es evidente bajo las olas, donde los arrecifes muestran pocos signos de blanqueamiento y pérdida de biomasa, a diferencia de los de muchos otros lugares del mundo.

El estado relativamente prístino de Coiba se debe a siglos de mínima ocupación humana; la isla fue una pequeña colonia penal durante la mayor parte de su historia moderna y se ha mantenido como un parque protegido desde que los últimos prisioneros fueron embarcados en 2004.

Pero la creciente promoción internacional de Panamá como destino turístico, centro logístico y de inversión extranjera ha elevado el perfil de Coiba.

‘Coiba es único desde una perspectiva biológica porque el Pacífico Oriental es una de las regiones más inexploradas del mundo'

OWEN MCMILLAN,

CIENTÍFICO DE LA EXPEDICIÓN EN COIBA

Su entorno tropical idílico incluye largos tramos de playas ‘vacías' que son un bien mundial cada vez más escaso y codiciado por los constructores de centros turísticos.

Los planes de manejo actuales permiten algo de pesca y ecoturismo. Los ambientalistas e investigadores regularmente reniegan de las noticias que hacen referencia a los planes de ‘desarrollo verde' para el área, que el famoso fotógrafo de conservación Christian Ziegler denominó ‘la joya de la corona del sistema de parques nacionales de Panamá'.

Los científicos del Smithsonian aseguran que la reserva es un laboratorio mundial relevante para entender cómo los ecosistemas saludables deberían funcionar en una era en la que muchos arrecifes ya han sufrido un rápido deterioro.

Es esencial reducir el impacto humano en Coiba, dicen, para obtener los conocimientos que podrían ayudar a cambiar el destino de los sistemas de arrecifes del mundo, que albergan hasta el 25% de todas las especies marinas conocidas.

‘Hay una gran cantidad de especies en Coiba que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta, tanto a nivel terrestre como marino. Hay un potencial importante para hacer ciencia que ayuda a la conservación y gestión de un sitio del patrimonio mundial', dice Juan Maté, gerente de asuntos científicos y operaciones del STRI, que ha estudiado los ecosistemas marinos de la reserva durante unos 30 años.

‘Este sistema continúa funcionando a un nivel saludable y mantiene una resistencia que no se ve en muchas otras áreas', añadió.

En 1998, el instituto de investigaciones sentó un precedente en la isla Coibita con Manoucher Mohageri, un inversionista y conservacionista iraní, que quería convertirse en su custodio para salvaguardar su estado natural.

La propiedad de la isla de 242 hectáreas fue impugnada en tribunales estadounidenses y panameños. Pero, un fallo de 2017 del Tribunal Supremo de Panamá finalmente se la otorgó a STRI.

Tras este fallo, Leray y sus colegas, incluidos otros tres becarios postdoctorales y dos científicos del STRI, iniciaron una de las campañas de campo más intensivas en muchos años. Dado que la propiedad de Coibita ya no está en duda, sus proyectos marcarán el comienzo de una nueva era de investigación marina tropical en el STRI. William Wcislo, subdirector del instituto compara el potencial científico de Coiba con la isla de Barro Colorado, donde los científicos del Smithsonian han construido un legado inigualable de investigación sobre los bosques tropicales durante el último siglo.

‘Aquí tenemos una oportunidad extraordinaria', dice Owen McMillan, científico. ‘Coiba es único desde una perspectiva biológica considerando que el Pacífico Oriental es una de las regiones más inexploradas del mundo. Coiba está justo en el centro, en un corredor marino que comienza en México, atraviesa Costa Rica y termina en las islas Galápagos', añade.

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