Planeta 10/08/2016 - 12:00 a.m. miércoles 10 de agosto de 2016

El caracol rosado, termómetro para medir el cambio climático

El estudio lo realiza desde hace dos años el Centro de Investigación y Estudios Avanzados

La administradora de la ARAP, Zuleika Pinzón (d), junto a Aldana (i), en la inauguración del taller. / | ARAP
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La administradora de la ARAP, Zuleika Pinzón (d), junto a Aldana (i), en la inauguración del taller.

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Mirta Rodríguez P.
mrodriguez@laestrella.com.pa

En las profundidades oceánicas del Pacífico y el Caribe y en los manglares de sus costas se esconde el caracol rosado ( Strombus gigas ), una especie de valor cultural que se remonta a la época prehispánica y que los científicos han calificado como ‘un termómetro para medir el cambio climático' que se encuentra amenazada.

Dalila Aldana, científica del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), Unidad Mérida, reveló a La Estrella de Panamá que los corales y, más recientemente, los moluscos, específicamente los de fase larvaria, son organismos indicadores del cambio climático en el medio marino, por su estructura calcárea, la cual está siendo modificada por la temperatura y la acidificación del agua de los océanos.

DALILA ALDANA

‘No solo tenemos que aprender a cultivar o a manejar moluscos como el caracol rosado de forma sostenible en el sector pesquero, sino conocer que en ellos tenemos el mejor termómetro de cambio climático en el Caribe'

INVESTIGADORA DE CINVESTAV

‘El Strombus gigas se ha convertido, en los últimos tres años, en un indicador para el cambio climático en el Caribe', sostuvo Aldana, quien ha dedicado dos décadas de sus estudios a la especie y esta semana se encuentra en Panamá capacitando a biólogos y técnicos de distintas instituciones del país sobre mecanismos de conservación de la especie.

‘En particular la fase larvaria del caracol Strombus , esa cosita microscópica que dura treinta días y que anda en el agua, trae consigo una información de cambio climático impresionante, porque todo el proceso de calcificación va a estar modificado por la temperatura y por la acidificación del agua. Ese es nuestro tema de investigación de lujo', describió la científica.

Aldana logró la domesticación del molusco en proyectos de acuicultura y gestión pesquera, que también usan los estudios como un referente para medir el cambio climático en el Caribe.

‘Esa concha del caracol que todos pensamos es una piedra o un hueso, es un tejido vivo que desde que nace todos los días está registrando la temperatura y la acidificación de los océanos', explicó la investigadora mexicana.

La capacidad de maduración y de reproducción de los moluscos —añade— va en función de las condiciones ambientales, de la temperatura y de lo que comen, que en su estado normal dura de 4 a 5 años, por eso no solo hay que aprender a cultivarlos o a manejarlos en el sector pesquero, sino también a conocer que evidencian los efectos del cambio climático.

La investigación está siendo desarrollada por los científicos de Cinvestav desde hace dos años, recreando condiciones experimentales de cambio climático y de acidificación de los océanos de aquí a 50 años.

También intentan realizar los experimentos de aquí a 100 años, recreando condiciones climáticas que tendrá la Tierra para el año 2120, explicó Aldana.

Uno de los primeros hallazgos que arroja el estudio es que pese al impacto que sufrirá el molusco por el cambio climático, aunque con una mayor mortalidad, todavía resistirá.

El caracol rosado es una especie de gran valor económico que, además de estar en peligro por el cambio climático, también se encuentra en riesgo por la sobrepesca a nivel internacional, lo que ha llevado a la especialista a buscar su conservación desde la investigación científica, pero también a través de la educación ecológica.

Aldana, ganadora el Premio Nacional al Mérito Ecológico en 2009, participa, del 8 al 12 de agosto, en el taller de aprovechamiento sostenible y conservación de los caracoles marinos, como parte del proyecto ‘Transversalizando la conservación de la biodiversidad en la operación de los sectores de turismo y pesca de los archipiélagos de Panamá', que se realiza en la Estación de Maricultura del Pacífico, Vacamonte, Panamá, impulsado por la Autoridad de los Recursos Acuáticos (ARAP).

‘La idea del taller es que se capacite a los técnicos de distintas instituciones, de la ARAP en su mayoría, Ministerio de Ambiente y Universidad de Panamá, sobre los efectos biológicos de los caracoles marinos, específicamente de la familia de Strombus ', señaló la administradora de ARAP, Zuleika Pinzón.

Aldana y Martha Enríquez, oceanóloga de la Universidad Autónoma de Baja California, son las capacitadoras invitadas del taller.

El caracol rosado, concha reina, cambute o cambombia, es una especie que se encuentra bajo la protección de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES).

En Panamá, hasta 2020 se ha fijado un período de veda permanente para los caracoles, especialmente del caracol rosado, con el objetivo de rescatar las especies. ‘Aquí (en Panamá) está prohibida la captura y comercialización de cualquier especie de caracol Strombus o Strombus giga', advirtió Pinzón.

 

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