Planeta 10/06/2018 - 12:00 a.m. domingo 10 de junio de 2018

El Barú : 500 años de un gigante que duerme

Hace entre doce mil y quince mil años, el volcán Barú provocó la explosión más violenta registrada en América Central. Hoy, el volcán duerme tranquilo, asegura la ciencia. Sin embargo, las predicciones indican que en los próximos noventa años podría erupcionar

El Barú : 500 años de un gigante que duerme

Marlene Testa
mtesta@laestrella.com.pa

Barú se originó hace medio millón de años, antes de que los seres humanos habitaran la Tierra, como consecuencia de una serie de actividades efusivas. Hoy día, el volcán sigue activo generando algunos sismos tectónicos volcánicos que son la muestra más evidente de que estamos ante un gigante dormido que podría despertar en cualquier momento de los próximos noventa años, explicó Arkin Tapia, geógrafo del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá.

Aunque el volcán no siempre tiene el mismo comportamiento, la ciencia indica que nos encontramos en una temporada en la que el coloso podría tener algunas manifestaciones eruptivas, indicó el géografo.

Este volcán es el punto más alto de Panamá con 3,474 metros sobre el nivel del mar y desde su cima, con forma de herradura abierta hacia el oeste, se pueden observar los dos océanos (Atlántico y Pacífico). Está ubicado en la Cordillera de Talamanca, en la provincia de Chiriquí.

Es el tercer volcán más alto de Centroamérica siendo superado solo por el del Fuego en La Antigua, de 3,765.53 metros, y el Santa María, de 3,772 metros, ambos en Guatemala.

En los últimos 2000 años, Barú ha tenido cuatro episodios eruptivos. Haciendo un cálculo simple, se podría indicar que el volcán erupciona cada 500 años, dije Tapia.

La última erupción ocurrió en 1550. El evento fue documentado por navegantes españoles que observaron en el norte una columna de cenizas levantarse del volcán de Chiriquí, como era llamado entonces el Barú. Dicha erupción fue corroborada por un estudio científico realizado en 2008, que permitió documentar muestras carbonizadas de madera y material vegetativo de hace 400-500 años.

Los flujos laháricos, cenizas y rocas producto de la explosión alcanzaron por los menos tres kilómetros, llegando hasta la comunidad que hoy conocemos como Volcán.

Entre los registros de esta erupción están la sepultura del Sitio Barriles, una región habitada por una población indígena dedicada a la elaboración de vasijas de piedras con figuras humanas sentadas sobre los hombros. La explosión sepultó bajo cenizas este poblado, según el estudio ‘El volcán Barú. Lo que debemos saber de un gigante dormido'.

Esta erupción fue moderada, con caída de cenizas, pómez, flujos de piroclastos y un lahar que fluyó hacia las inmediaciones de Volcán.

Hace entre 12,000 y 15,000 años, este mismo volcán provocó la mayor de las erupciones de Centroamérica. Fue un acontecimiento comparable con lo ocurrido con el Monte Santa Helena, en EE.UU. (1980), considerada una de las erupciones más catastróficas del siglo XX.

La explosión hizo colapsar la parte suroeste del volcán alcanzando entre 70 y 80 kilómetros hacia la costa del Pacífico de Panamá. El estallido provocó que un bloque de hielo que estaba en la cima se derritiera e hiciera colapsar la parte suroeste del volcán empujando materiales a lugares tan distantes como Puerto Armuelles, indicó Tapia.

Aquel violento estallido dejó estrías de glaciación en la cima del volcán, lo que comprueba el desplazamiento del hielo. Pero, para que se repita una explosión de esta magnitud, tendría que volver a construirse un volcán con múltiples actividades volcánicas, explicó el geógrafo.

Se estima que la altura del volcán era entonces de 4,600 metros sobre el nivel del mar con la cima cubierta de nieves perpetuas.

Luego hubo otra erupción en el año 800 y otra en el 950. Es decir, que entre una y otra solo pasaron 150 años. Mientras que, desde la última ocurrida en el año 1550 hasta hoy, han pasado 500 años. ‘Hasta que no hayan transcurrido como mínimo 10,000 años, no se puede certificar la inactividad de un volcán. No hay más que ver el caso del Chaitén, en Chile, que entró en erupción en el año 2008 tras más de nueve milenios', señaló el vulcanólogo.

Por el momento, el Barú muestra una baja actividad, con movimientos sismos casi imperceptibles de 1.5 en la escala de Richter. Estos movimientos, sin embargo, son importantísimos para la ciencia porque permiten entender que el volcán está activo. Entre abril y mayo de este año, se produjeron al menos siete sismos en el volcán, añadió Tapia.

Las estructuras volcánicas presentan ruidos característicos. El Galera, en Colombia, tiene sismos estilo tornillo. El Arenal y el Irazú, en Costa Rica, presentan tremores volcánicos (señales sísmicas de muy baja frecuencia).

El Barú tiene sismos tectónicos volcánicos. ‘Tiene el ruido que debe tener y que ha tenido desde el 2008 cuando se instaló la red sísmica. No hay nada nuevo', dijo Tapia. Sin embargo, estos datos podrían no ser tan certeros. Los científicos solo tienen estaciones de monitoreo sísmico alrededor del volcán, no en la cima, donde se obtienen las verdaderas evidencias.

En las faldas del volcán están apostadas las comunidades de Boquete, Cerro Punta y Barú, que en conjunto podrían tener una población fluctuante de 20,000 personas, las más vulnerables ante una eventual erupción volcánica. ‘Gran parte de la comunidad entiende que el Barú es potencialmente activo y que tienen que estar prestos a tener su ruta de evacuación', reconoció Tapia.

Los modelos digitales del terreno y los estudios de campo indican que una erupción del Barú podría desencadenar un flujo lahárico de diez millones de metros cúbicos de suelo, lo que alcanzaría lugares tan distantes como Concepción y David, dijo el experto del Instituto de Geociencias.


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