Familia 02/08/2017 - 12:03 a.m. miércoles 2 de agosto de 2017

El poder del lenguaje corporal en la educación

Las expresiones faciales y corporales influyen en la comunicación entre padres e hijos

Especialistas aconsejan mirar a los ojos y bajarse a la estatura de los hijos mientras se les habla.

Especialistas aconsejan mirar a los ojos y bajarse a la estatura de los hijos mientras se les habla.

Keila E. Rojas L.
krojas@laestrella.com.pa

Ser padres no es tarea fácil. Muchos son los aspectos que contribuyen a que la labor sea compleja.

En este sentido, las expresiones faciales y corporales que transmiten mensajes no verbales podrían afectar la comunicación con los hijos y moldear su propio lenguaje corporal.

Sin embargo, la buena noticia es que una vez los padres o adultos logren dominar su lenguaje corporal, este es muy útil para mantener un clima de comunicación, armonía y respeto con los infantes.

‘Muchos confusiones y complicaciones surgen por no estar consciente de que también hablamos a los hijos con nuestros gestos'

MARIO BELTRÁN

PSICÓLOGO

‘Desde el momento en que un bebé nace los adultos le influencian, sobre todo sus padres y aquellos que están a su alrededor como sus cuidadores', señala Patricia Córdoba, pediatra.

Agrega que ‘ellos reciben los gestos, las señales no verbales que todos los adultos emitimos. Antes de hablar aprenden a saludar con su mano, a abrazar, a levantar los brazos, aprenden gestos que ven con regularidad o que se les enseña'.

‘No solo las palabras expresan lo que se desea comunicar', apunta Mario Beltrán H., psicólogo de adolescentes y niños, ‘los gestos de los ojos, las cejas, la expresión de la boca, en fin el rostro participa activamente en el contacto con los hijos'.

‘Los hijos no solo escuchan, sienten y perciben, aquellos mensajes que los adultos envían a través de diferentes medios, en esta ocasión el lenguaje corporal', dice Beltrán

Según la pediatra, durante el proceso de aprender y hacer señas, los infantes van asociando gestos con emociones y acciones. ‘Aprenden que cuando mamá o papá se van, se levanta la mano o se da un beso y también aprenden que cuando sus mentores están enojados cambia el rostro, se mueven los brazos, por citar ejemplos simple, dice Córdoba.

‘Parece muy obvio y lo es' indica la especialista, ‘pero muchos padres, y regularmente los cuidadores, ignoran esto y desconocen el valor de utilizar el lenguaje corporal en la educación de los menores'.

GESTOS CONTROLADOS

No son pocas las ocasiones que los adultos enfrentan situaciones que producen estrés, tristeza u otra emoción calificada como negativa. Estas emociones se reflejan en el cuerpo y aún los niños las perciben.

‘Muchos confusiones y complicaciones surgen por no estar consciente de que también hablamos a los hijos con nuestros gestos. Por ejemplo, un padre o madre que llega estresado o triste a casa del trabajo y creyó ser amable con su hijo, pero su cara manifestó disgusto o amargura', indica Beltrán.

Añade que ante lo inevitable de las situaciones del día a día ‘se debe tener un autocontrol, manejar el estrés, llorar si es necesario y ver su aspecto ante un espejo'.

El especialista aconseja ‘no hablar en un tono de voz alto, ni mover el dedo o los brazos, ni estar con los brazos cruzados delante', lo mejor es, dice el psicólogo, si atraviesa un momento difícil y aunque no sea el caso ‘sentarse justo al lado o agacharse a nivel de su hijo y expresarle cómo se siente sin ponerle carga: ‘Hijo estoy un poco cansado, voy a descansar. Te amo'; así estará expresando con palabras y gestos lo que desea trasmitir'.

Paul Ekman, psicólogo estadounidense destacado por el estudio de las emociones y pionero en el análisis de las expresiones faciales que las acompañan, asegura que las emociones principales son siete: la tristeza, la ira, la sorpresa, el miedo, el asco, el desprecio y la alegría.

Demostró a través de estudios y muchas fotografías que el rostro de las emociones es universal y se refleja de forma muy similar en cualquier cultura y raza.

Concluyó que la diferencia está en la respuesta que cada uno dé a esa emoción y cómo la viva.

En este orden, Beltrán afirma que ‘el punto está en que sepamos qué emoción vivimos, aprendamos a dominarla, al igual que a nuestras reacciones y poder transmitir con gestos y palabras lo que realmente deseamos comunicar a nuestros hijos'.

Reforzar la comunicación verbal con el lenguaje corporal trae beneficios para la conexión familiar.

‘Se fortalece el apego entre padres e hijos y se crea confianza pues el hijo percibe que a pesar de la situación el padre o madre muestra su cariño', puntualiza el psicólogo.

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