Planeta 01/02/2019 - 4:01 p.m. viernes 1 de febrero de 2019

Testosterona provoca comportamientos masculinos en las hembras de saltarín  

Un estudio determinó que la administración de esta hormona provoca  comportamientos extraños en las hembras

El 
macho de saltarín cuellidorado es conocido por sus acrobacias para atraer a la 
hembra, así como por su llamada de apareamiento, "chi-pú. / Christian Ziegler I STRI
Christian Ziegler I STRI

El macho de saltarín cuellidorado es conocido por sus acrobacias para atraer a la hembra, así como por su llamada de apareamiento, "chi-pú.

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Marlene Testa
mtesta@laestrella.com.pa

Uno se da cuenta de que ha detectado un saltarín cuellidorado en el bosque cuando ve un ave de pecho amarillo haciendo piruetas de un árbol a otro. El macho adulto hace esta especie de baile aéreo para atraer a las hembras y aparearse, pero también las seduce con un canto peculiar: el ‘chi-pú’. En la naturaleza, este canto es casi exclusivo de los machos adultos, lo mismo que las piruetas. Son su arma secreta para enamorar a las hembras.

Como la expresión de los comportamientos sexuales suele estar ligada a hormonas, los científicos del Smithsonian, Ioana Chiver y Barney Schlinger, quisieron averiguar qué pasaría si le dieran testosterona, una hormona masculina, a los machos juveniles y a las hembras de saltarín. En un primer experimento, los investigadores comprobaron que, al administrarles testosterona, los machos juveniles realizaban las mismas acrobacias de cortejo de los machos adultos, mientras que las hembras solo realizaban algunas.

Utilizando las grabaciones en video de este primer ensayo, los científicos pudieron analizar también los cantos de las aves. Descubrieron que, bajo los efectos de la testosterona, las hembras de saltarín podían hacer el ‘chi-pú’ típico del macho. Esto podría significar que su cerebro cuenta con los sistemas necesarios para hacer este canto de apareamiento, o que puede desarrollarlos rápidamente cuando recibe hormonas masculinas.

En los machos juveniles de saltarín, el efecto fue un poco distinto. Tanto los que recibieron la hormona, como los que no recibieron nada, emitieron el llamado de ‘chi-pú’. Sin embargo, los cantos de los machos juveniles que recibieron testosterona se parecían a los de las hembras tratadas con testosterona, mientras que los de machos juveniles que no recibieron la hormona se parecían más al de los adultos en la naturaleza.

“Puede haber distintas razones para estas variaciones en la vocalización, como la falta de práctica o las bases mecánicas”, dijo Chiver.

Las hembras normalmente no producen ‘chi-pús’, osea que al recibir el estímulo hormonal podrían estar usando ciertos músculos de nuevas maneras. En cuanto a los machos juveniles, podría significar que la práctica y las interacciones sociales tienen tanto peso sobre su canto de apareamiento como las hormonas. Los juveniles observan e imitan a los machos adultos a la distancia durante la temporada de reproducción, lo que les permite ir afinando sus vocalizaciones.

Para los científicos, esto sugiere que los cerebros de aves macho y hembra no son tan distintos. Por el contrario, son flexibles. Esto es lo que permite a las hembras exhibir comportamientos que generalmente solo presentan los machos.

“Se necesitan más experimentos para entender exactamente en qué parte del sistema nervioso actúan estas hormonas, para influir en los cambios de vocalización que observamos en los saltarines”, dijo Chiver.