Planeta 03/09/2019 - 7:46 a.m. martes 3 de septiembre de 2019

El bosque, un 'supermercado' para humanos y los últimos chimpancés en Senegal

Los chimpancés "están en peligro de extinción, en especial la subespecie presente en el oeste de África", según la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza

Imagen ilustrativa. / EFE
EFE

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Cada día Hiila, con su bebé Cheempo en brazos, busca en el bosque situado en el sur de Senegal, en la frontera con Guinea, algo para comer. Allí mismo, Fatoumata lava la ropa en un pequeño riachuelo y Daouda recoge madera para mejorar la cabaña en la que vive con su familia.

Mientras que Fatoumata y Daouda son humanos, Hiila y su pequeño son dos chimpancés de los menos de 500 que quedan en Senegal y que se encuentran en peligro de extinción debido a la amenaza que sufren sus hábitats, de los que se aprovisionan también los humanos.

"El bosque es su supermercado, ya sea para conseguir madera, bambú, frutas salvajes, algunas hierbas medicinales, comida para el ganado o agua", explica a Efe Federico Bogdanowicz, director general del Instituto Jane Goodall España, en la estación biológica Fouta Jallon.

Esta estación se halla en la Reserva Natural Comunitaria de Dindéfelo, en el sureste de Senegal, y fue construida en 2013 por el Instituto Jane Goodall con criterios ecológicos y sostenibles: la electricidad se obtiene con paneles solares, el agua es de pozo filtrada y la de lluvia se recicla, al igual que la basura.

El Instituto Jane Goodall España, dedicado a la investigación y conservación de los chimpancés, trabaja en Senegal desde 2009 y es una de las 30 oficinas abiertas en el mundo por la reputada etóloga británica y mayor experta en este animal, de quien la institución toma su nombre.

En ocasiones, entre humanos y chimpancés se producen conflictos por los recursos naturales del bosque, como sucede con una fruta silvestre llamada "lare" ("Saba senegalensis"), que, según Bogdanowicz, es la comida principal para esos simios en una época del año en la que no hay mucho más que comer, pero que también es recogida para su venta en Dakar, la capital de Senegal.

"Los camiones se llevan toneladas de "lare" y con ellas también las semillas, que no se quedan en el bosque y éste no se regenera", añade el director general del Instituto Jane Goodall España.

Pero las amenazas con las que se topan los chimpancés en Senegal no terminan ahí.

También existen otras, como la permanente creación de nuevos campos de cultivo debido al crecimiento demográfico, la pobre calidad del suelo y la disminución de las lluvias por el cambio climático, para lo que se corta y quema parte del bosque.

Los chimpancés "están en peligro de extinción, en especial los 'Pan troglodytes verus', la subespecie presente en el oeste de África, según la Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza, con menos de 500 individuos en Senegal", advierte Bogdanowicz.

Según Amanda Barciela, coordinadora del departamento de investigación del Instituto Jane Goodall en Senegal, esta subespecie "tiene características diferentes sobre todo a nivel morfológico", pero también es distinta culturalmente de otras por su adaptación a un clima mucho más árido y con menos acceso al agua y al bosque.

De lunes a viernes, desde las seis y media de la mañana, los asistentes de campo del instituto se adentran en cinco zonas boscosas -cuatro en Senegal y una en Guinea- para buscar rastros que indiquen por dónde han pasado los chimpancés, dónde duermen, comen y beben y anotar todos esos datos en un dispositivo para poder analizarlos en su conjunto.

Moverse por el bosque senegalés no es sencillo. Por momentos se torna muy denso y con pendiente, pues crece junto al monte que da nombre al pueblo de Dindéfelo, que significa "al pie de la montaña" en pulaar, la lengua local.

Y es que no se trata sólo de conocer los caminos y las zonas por las que transitarlo, sino también de reconocer los tipos de árboles, plantas y animales que conforman y habitan este ecosistema.

Por eso, los asistentes de campo del instituto son trabajadores locales que han nacido, crecido y vivido en la zona y la conocen bien.

"Creo que lo más remarcable de los cinco años que llevo aquí es el nivel de independencia de los trabajadores locales" que antes "funcionaban más como guías y actualmente manejan nuevas tecnologías, toman los datos, se ocupan del mantenimiento de cámaras trampa e identifican individuos", explica a Efe Barciela.

Todos los datos obtenidos durante las salidas permiten conocer el comportamiento de los chimpancés y ayudan a su conservación creando puntos de encuentro donde puede haber conflictos con los humanos.

Así, por ejemplo, estos expertos se dedican a la reforestación de aquellos árboles que son más necesarios para los chimpancés, pero que también son explotados por los humanos.

Desde que el instituto se instaló en esta zona ha logrado que se estableciera la Reserva Natural de Dindéfelo, a la que ayuda en el desarrollo de planes de conservación y de turismo que incluyen salidas de observación siguiendo protocolos internacionales.

Igualmente, trabaja en reforestación, creación de cortafuegos, extinción de incendios, sensibilización y educación ambiental, así como en alternativas económicas sostenibles, pozos de aguas y cuestiones sociales.

"Desde que el instituto está aquí no sólo se ha focalizado en los chimpancés, sino también en las personas", cuenta Kébé Mamadou Sylla, responsable de la estación biológica Fouta Jallon.

Para los pueblos de la Comuna de Dindéfelo, conformados en gran parte por casitas de barro y paja, donde la tierra es roja y el verde es protagonista por los cultivos y hierbas silvestres que crecen aquí y allá, esto es muy importante.

Si se quiere conservar a los chimpancés, es necesario que la población ponga de su parte. Y para lograrlo, tratándose de personas que ni tan siquiera tienen electricidad y agua potable en casa, tienen que sentir que obtienen algo a cambio a corto plazo.

"El dinero que se junta a través de donantes, subvenciones, socios, etc. jamás se da a los chimpancés porque se lo comerían", explica con una sonrisa Bogdanowicz, "sino que se le da a la gente: empleamos a asistentes locales, personal en el centro, personal logístico, de educación, etc. Por lo tanto, se distribuyen muchos recursos en las aldeas donde trabaja el instituto".

Prima la idea de que hay que trabajar codo con codo con las poblaciones locales para la conservación de los chimpancés.

Y la fusión del instituto con el pueblo es tal, que incluso los voluntarios expatriados que colaboran en Dindéfelo viven con familias locales donde acaban teniendo un padre, una madre y hermanos e, incluso, aprendiendo el idioma local.

Por el momento, tanto chimpancés como humanos seguirán necesitando aprovisionarse del bosque para su existencia.

Pero con todas las medidas que desarrolla el Instituto Jane Goodall se busca que la cohabitación no genere conflictos y que los hijos y nietos de Fatoumata, Daouda y Hiila puedan vivir en armonía.

Por: María Rodríguez

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