Gastronomía 08/07/2018 - 12:00 a.m. domingo 8 de julio de 2018

Vinos del Perú

La Oficina Comercial del Perú fue la anfitriona de una cata - maridaje con vinos Intipalka y la cocina del restaurante Gran Inka

1. Tiradito de atún con puré de yuca  2. Lomo saltado  3. Magret de pato y arroz verde  4. Suspiro limeño y pisco  5. Cebiche nikkei con atún, leche de tigre, aguacate y wantan

1. Tiradito de atún con puré de yuca 2. Lomo saltado 3. Magret de pato y arroz verde 4. Suspiro limeño y pisco 5. Cebiche nikkei con atún, leche de tigre, aguacate y wantan

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Esther M. Arjona
earjona@laestrella.com.pa

Vanessa Bonifatti se considera una apasionada del vino y aunque no es sommelier, a través de su labor como gerente de ventas en H. Tzanetatos ha acumulado conocimientos que le permiten ser una guía en eventos como la cata-maridaje que se llevó a cabo en el recién abierto restaurante peruano Gran Inka, con el apoyo de la Oficina Comercial del Perú.

Esta vez no se trata del reconocido pisco peruano. Algunas bodegas han incursionado en la producción de vinos que van más allá del dulce vino borgoña.

‘La familia Queirolo, inmigrantes italianos sabían hacer vino, pero amntuvieron su producción en una escala familiar', cuenta Bonifatti. Comercialemnte se dieron a conocer por el pisco Santiago Queirolo, pero dcidieron llevar más allá su deseo de producir vinos y con el apoyo de experimentados enólogos iniciaron el proyecto Intipalka.

Intipalka, en idioma quéchua significa valle del sol. ‘Hace referencia al valle de donde provienen los vinos, el valle de ICA, reconocido desde la antigüedad por su clima y suelos excepcionales para la agricultura', explica la página web de la bodega.

Los viñedos ubicados al pie de los Andes, a 500 m.s.n.m. y más de 60 km. de la costa tienen un clima desértico, con gran amplitud térmica y suelos francos, profundos, ricos en magnesio.

Intipalka maneja tres líneas de producto, los varietales jóvenes; en reserva, interesantes ensamblajes y un gran reserva denominado No. 1, un blend de los mejores vinos con 24 meses de crianza en barricas de roble.

En la velada serían degustados cuatro vinos de la línea de varietales, acompañados por deliciosos platos de la carta de Gran Inka

LA CATA

Como es costumbre iniciamos con los vinos blancos, en este caso el sauvignon blanc, de un amarillo pálido con ribetes verdes que hacen notar la juventud del vino. Aromas a manzana verde y durazno acompañan una expresión refrescante en boca, con poca acidez y un final largo.

Este vino se acompañó con el cebiche nikkei, fusión de la cocina peruana y japonesa. El cebiche es el único de la barra cebichera de Gran Inka preparado con atún, con una base de leche de tigre, aguacate e hilos de wantan.

Pasamos al segundo vino de la noche, un chardonnay, de un amarillo pálido con ribetes verdes y aromas a frutas tropicales. En boca tiene una entrada suave, acidez moderada, frescura y más cuerpo que su antecesor.

Fue servido con un tiradito de artún, pasado brevemente por la brasa, marinado al estilo peruano, acompañado de un puré de yuca y mermelada de ají picante.

Pasamos al tercer vino de la noche, un syrah, color rojo rubí con reflejos violetas con aromas de frutos rojos, especias y un toque de ahumado. En boca, entrada suave, un toque astringente en un punto medio, final leve, fresco al paladar.

Se acompañó con un magret de pato sellado, arroz al cilantro, chalaquita y huancaínas.

El cuarto vino malbec, de color rojo oscuro, con aromas que recuerdan a frutos negros, chocolate y cerezas maduras. En el paladar se perciben notas a cuero, por taninos redondos y un largo y elegante final. Se acompañó de un lomo saltado.

La noche finalizó con el postre, un suspiro limeño, refrescado con un chorrito de pisco Santiago Queirolo. Gran final.

 

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