Gastronomía 01/07/2018 - 12:00 a.m. domingo 1 de julio de 2018

Una noche con 1789

Los asistentes a una exclusiva cata del Ron Santa Teresa tuvieron la oportunidad de conocer sus cualidades solo y en cocteles

En 1796 acompañado de una croqueta de maíz

En 1796 acompañado de una croqueta de maíz

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Esther M. Arjona
earjona@laestrella.com.pa

La lluvia no logró espantar a los invitados a una singular cata que se llevó a cabo en el Hotel Santa María.

Nuestro anfitrión Carlos Maestracci, embajador regional del portafolio Bacardí tuvo la tarea de presentar a los asistentes las cualidades de 1789 de Santa Teresa, con denominación de origen de Ron de Venezuela, producto muy apreciado entre los conocedores del destilado de la caña de azúcar.

Maestracci destacó los cambios que se han hecho en el mundo de los productos premium. ‘Han dejado de estar en botellas polvorientas en una tablilla en el fondo del bar', ahora son mucho más apreciados y además, con ellos se preparan bebidas ‘extravagantes y atrevidas', pero siempre respetando el licor inicial.

‘El ron 1796 utiliza para su guarda el proceso de solera en el cual intervienen rones de 4 a 35 años de añejamiento logrando un color ambar muy rico'.

Así, Maestracci nos serviría inicialmente un trago de 1789 para degustarlo y conocer todas sus características como se hace en una cata formal.

Pero antes explicaría cómo se lleva a cabo el proceso de producción, que parte de la melaza de caña, subproducto con menos cantidad de agua, para mantener lo más posible la pureza del producto final. Esta melaza rehidratada pasa a los procesos de fermentación y destilación.

En esta última fase, se purifican los alcoholes en dos tipos de alambique distintos. De esta manera se mantienen las mejores cualidades de distintos alcoholes que después pasan a reposar en barriles de roble blanco de segundo uso.

El ron 1796 utiliza para su guarda el proceso de solera en el cual intervienen rones de 4 a 35 años de añejamiento logrando un color ambar muy rico, un aroma frutal connotas de madera, producto de su añejamiento y en el paladar, toques de nueces, cuero vainilla, miel, chocolate amargo y canela.

Es delicioso solo, pero también lo degustamos con un chorrito de agua, que aligera su carga alcohólica y destaca sus notas dulces.

Pasamos a la segunda parte de la cata que incluyó dos cocteles maridados con unas deliciosas picadas.

El primer coctel, muy fresco, lo llamó Maestracci, ‘En 1796'. Elaborado con miel de abeja, para destacar las notas de madera; jengibre, para desacar las notas especiadas; romero, para las vegetales y limón fresco y toronja rosada, para destacar el cítrico amargo. el coctel se acompañó con una croqueta de maíz.

El segundo coctel es una versión del clásico Old Fashioned, con sirope dulce, gota amargas y cáscara de naranja. Un trago con profundidad y un interesante contraste entre lo dulce y lo amargo. El coctel se acompañó con un taco con el característico picante, generando una interesante combinación.

La noche no finalizó allí. Amenas conversaciones salpicadas con 1796 extendieron un poco la reunión en una noche lluviosa en un espacio acogedor.

 

 

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