Gastronomía 16/06/2019 - 12:00 a.m. domingo 16 de junio de 2019

Una deliciosa cena en el Monte Carmelo

Nurah's Kitchen nos ofrece una mirada a la vida en comunidad de la minoría drusa en Israel. El restaurante es reconocido como uno de los mejores en su tipo

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Esther M. Arjona
earjona@laestrella.com.pa

Luego de una gira por Nazaret y algunas poblaciones cercanas al lago Tiberíades, conocido también como el mar de Galilea, en un día muy caluroso, llegaríamos al final del recorrido: un pueblo druso, Daliat el Carmel, población en el área del Monte Carmelo, donde nos recibiría una cocinera muy especial, de acuerdo con los organizadores de la gira. Ella había sido ‘descubierta' por un afamado chef israelí y, desde entonces, se ha convertido en una celebridad. Nurah, así se llama la cocinera, nos recibió en su restaurante, ‘La cocina de Nurah', un local al cual se accede entrando por una calle secundaria y luego, atravesando una vereda.

‘No es fácil de ubicar, pero la gente de la comunidad ayuda siempre con las direcciones', leí en la reseña de un visitante en Trip Advisor. Más que un restaurante, La cocina de Nurah tiene un ambiente casero, acogedor. Su decoración es muy sencilla, lo notamos desde el jardín, donde en horas más tempranas —hemos llegado a cenar— los comensales pueden disfrutar de la tarde, tomando una limonada fresca o un café turco. El salón está inmaculado y no hay nada fuera de su lugar. Justo al lado de la puerta, se ubica una gran mesa donde se presenta una batería de ollas, todas relucientes, cubiertas con su tapa, sobre un mechero, que mantiene el calor sobre los platos principales. Nurah Huseyce , al igual que sus hermanas, viste ropa oscura y cubre su cabeza con una chalina blanca.

Los drusos son una minoría religiosa que habita principalmente en Siria, Jordania, el Líbano e Israel. Nos cuenta Nurah que hay aproximadamente un millón y medio de drusos viviendo en oriente medio y ellos se consideran afortunados de vivir en Israel. ‘Vivimos con el pueblo judío que respeta la vida humana', dice. Según la cocinera, ellos son un pueblo muy unido, los problemas están en las fronteras. ‘Tengo la esperanza de que un día haya paz, que cada pueblo tenga su país y que vivan en paz, con amor'. Originalmente musulmanes, se separaron aproximadamente en el siglo X. Su libro sagrado no es el Corán. Cuentan con varios libros, uno de los principales, el Libro de la Sabiduría. Los drusos se consideran ‘gente de un solo dios' y creen en la reencarnación. Para ellos nadie muere. El alma pasa de un cuerpo que está enfermo a uno que está saludable. Debido a esa creencia no luchan por tierras, porque ellos pertenecen a cualquier lugar y tienen que ser fieles al lugar donde nacen.

También nos recibió el embajador Walid Mansour, miembro de esta comunidad y tío de Reda Mansour, embajador de Israel en Panamá. Con 24 años en el Ejército, retirado como coronel y luego de 21 años en el servicio diplomático, se mantiene fiel al papel de embajador.

‘Los drusos participamos del ejército, hay generales drusos en el ejército de Israel', destaca. Y también hay drusos en el servicio diplomático. Mansour hizo servicio en Bolivia y Perú. Su sobrino Reda, actualmente a cargo de la embajada en Panamá, fue el embajador más joven en el servicio diplomático.

Antes de continuar con la conversación, Nurah nos invita a pasar al buffet, donde como manda la tradición habrá una gran variedad de ensaladas: de repollo, tomates y pepinos, tabbouleh y aceitunas. Se suman un arroz y burgul (trigo) con fideos y algunos otros condimentos. En cuanto a proteínas, un sanieh de cordero con piñones y tahini y pollo mahmar, horneado con pimientos, comino y paprika. También hojas de vid rellenas con arroz y cordero, saj pita, finas hojas de masa enrolladas y asadas y bamiah (ñajú) con tomates.

Mansour nos ofrece más detalles sobre los drusos en Israel. ‘Dos comunidades drusas en el área del Monte Carmelo se suman a otras 15 en todo Israel, sumando unos 140 mil, poca cantidad si se compara con los 400 mil en Siria o 200 mil en el Libano', cuenta. Aunque tienen participación activa como ciudadanos israelíes su comunidad no ve con buenos ojos los matrimonios con personas de otras creencias y no aceptan conversiones. Claro está, estos mandatos no son tan estrictos como en antaño y sí existen algunas parejas mixtas, sin embargo, viven en ciudades grandes y no en pequeñas comunidades.

Como los judíos y musulmanes, los drusos no comen cerdo. Pero fuera de esta restricción, no tienen ninguna otra. ‘Hacemos muchos platos mediterráneos. Alguno que otro sabor es diferente, pero la base de nuestra comida es la misma', dice Nurah.

La cocinera comenta que su madre era extraordinaria en la cocina y con ella aprendió el oficio. A pesar de ello, nunca consideró dedicarse a la culinaria, hasta que un día recibió una llamada telefónica que le cambió la vida.

—Hola, te habla el chef Heim, sé que hay una boda en tu comunidad y todo el mundo va a estar allí.

—¿Cuál es tu pregunta?

—¿Habrá buena comida?

Nurah no entendía la insistencia del reconocido chef y figura de la televisión israelí Heim Cohen, hasta que él le comentó que le habían pedido cambiar el menú de un hotel en Monte Carmelo y buscaba a alguien que supiera cocinar y que le ayudara a elaborar un menú druso.

‘Hicimos una cita, y acordamos preparar una cena drusa para un shabbat. Preparamos el menú y a todo el mundo le encantó',

NURAH

COCINERA

‘Hicimos una cita y acordamos preparar una cena drusa para un Shabbat. Preparamos el menú y a todo el mundo le encantó', recuerda Nurah, quien al finalizar la cena no cesaba de recibir preguntas consultándole cómo había preparado tal plato o con qué había condimentado otro. Una mujer le dijo entonces, ‘Si voy a Daliat, ¿dónde encuentro tu comida?'. El chef Heim respondió sin chistar ‘ella tiene un restaurante casero'. Ella miró sorprendida al chef mientras la mujer le preguntaba ‘¿por qué no me habías dicho?'.

A solas, Nurah le reclamó al chef el haberle dicho a esa mujer que ella tenía un restaurante cuando no era cierto. El chef no le dio importancia al asunto y le dijo, ‘tienes que imprimir una tarjeta, escribir tu número, si las personas preguntan tu número, le das tu tarjeta para que te llamen'.

Dos días después el chef la llamó para decirle que para el próximo Shabbat le tenía un grupo que iría a cenar. La cocinera en ciernes se quedó pensativa pues no había tenido tiempo de hacer las tarjetas. ‘¿De dónde salió este grupo?', le preguntó.

Llegada la fecha, el chef Heim se presentó con un grupo de personalidades de la televisión y un equipo de chefs y cocineros. Comieron, bebieron y luego el chef tomó dinero de cada una de las personas, cosa que la hizo sentir incómoda. ‘No es costumbre nuestra recibir personas y pedir dinero', increpó al chef, quien le respondió ‘tienes que recibir el dinero porque hoy abrimos tu restaurante'. Y así fue inaugurado Nurah's Kitchen, negocio familiar con 15 años de trayectoria que un día como el que estuvimos allí recibió a unos 200 comensales.

Llega el turno del postre, katayif: una empanada rellena con nueces, azúcar y canela, frita y sumergida en un sirope con nuez moscada y agua de rosas.

Y para terminar un café con cardamomo o un ligero té con hierbabuena.

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