Familia 19/04/2019 - 12:00 a.m. viernes 19 de abril de 2019

¿Cómo ser padres brillantes?

Tanto los padres de antes como los de hoy se enfrentan al arte de educar, de entrar en el mundo de sus hijos, por lo que se destaca la necesidad de educar la inteligencia y la emoción, pues esto define la calidad del registro en la memoria e influye sobre nosotros

El primer aprendizaje de las normas sociales debe ocurrir en el seno del hogar parental. / Archivo | La Estrella de Panamá
Archivo | La Estrella de Panamá

El primer aprendizaje de las normas sociales debe ocurrir en el seno del hogar parental.

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Elisa Fernández
periodistas@laestrella.com.pa

Históricamente nos han enseñado que la primera socialización de todo individuo inicia en la familia, por lo que es importante que los miembros de la misma cuenten con las competencias necesarias para lograr esto.

El psicólogo José Iván Guerrero señala que el primer aprendizaje de las normas sociales debe ocurrir en el seno del hogar parental, proceso conocido como socialización primaria. Pero, ¿cuentan los padres con herramientas que le permitan educar y formar a sus hijos?

Para desarrollar este tema plasmaré uno de los mejores libros que he leído de Augusto Cury, que se llama Padres brillantes, maestros fascinantes , el cual es un manual transcendental para enriquecer la relación padres e hijos. El mismo brinda habilidades que deben conocer los padres, máxime cuando no existe ninguna profesión que forme en tan noble misión de hacer felices, sanos y sabios a quienes se ama.

La obra contiene un capítulo que se titula ‘Siete hábitos de los buenos padres y de los padres brillantes'. Trataré en este espacio de compartir tres de las técnicas que el autor señala que deben aplicar los padres para actuar con eficacia en la personalidad de los hijos, pues estas cualidades lo acompañarán a lo largo de su vida y lo ayudarán a desarrollar una relación sana consigo mismo y con los demás.

Evolución de las amistades

MARISOL GUIZADO

Me animé a escribir sobre este tema porque me he dado cuenta de que, a través de los años, las amistades cambian muchísimo y los intereses con las mismas también, todo depende de la etapa por la cual estemos transitando. Normalmente, en las primeras etapas de nuestra vida hasta los 20 años analizamos las amistades por el total o cantidad que tengamos de ellas. Luego viene la etapa de los 30 y te das cuenta de que lo que necesitas de una amistad es realmente la calidad. Normalmente en la juventud nos buscamos en diferentes grupos sociales, que realmente es un error, porque aún estamos buscando nuestra real identidad tratando de echar raíces firmes. Luego de esto pasamos los encuentros y desencuentros que nos pone la vida, empezamos a ser más selectivos, porque cuántas veces no te ha pasado que pierdes la afinidad con algunos amigos con el paso de los años y pasan a ser totales extraños.

Esto es de esperarse, y creo que no se debe temer. Lo que necesitamos es más honestidad y aceptación. Tenemos que aceptar que ciertos amigos cumplen su propósito en nuestra vida, y que se merece la gratitud de nuestro pasado. Debemos dar pase a las amistades que nos ayudan a cristalizar nuestros ideales y metas, sobre todo en lo que sentimos como tranquilidad y felicidad para nosotros. Recordemos que en nuestra adultez el tiempo es limitado. Debemos entregarnos a los que han pasado la mejor prueba llamada tiempo. Aquellas amistades que conocemos desde niños y nos han hecho sentir mejor e incluso las nuevas que traen consigo aires de nuevo comienzo y frescura. Yo me despido de ustedes hoy diciendo que entre los amigos reales, la felicidad siempre de lo que hagas va a ser contagiosa, y te van a impulsar y hacer sentir bien en tus sueños y momentos de felicidad, así también como te acompañarán en tus peores momentos.

Tanto los padres de antes como los de hoy se enfrentan al arte de educar, de entrar en el mundo de sus hijos, por lo que el autor determina la necesidad de educar la inteligencia y la emoción, pues la emoción define la calidad del registro en la memoria y esto influye sobre nosotros y, de no gestionarlo bien, nos puede controlar.

GUÍA PARA LA PATERNIDAD

Augusto Cury señala que las herramientas son:

Hábito. Los buenos padres dan regalos, los padres brillantes ofrecen su propio ser. Si los padres practican este hábito, aprenderán a hablar el lenguaje de los hijos siendo capaces de penetrar en su interior, ya que más que atender las necesidades y deseos de los hijos, lo cual es algo innato de ser buen padre, los padres que aspiran a ser brillantes deben compartir su historia, su tiempo, su ser, sus alegrías, sus lágrimas, lo que lo convertirá en un padre o madre inolvidable.

Para la formación de la personalidad de los hijos, los padres se deben dejar conocer porque esto ayuda a crear vínculos consistentes y profundos entre ambos. Si los padres establecen buenos nexos con sus hijos, la calidad de la relación será impresionante. Mientras más experiencias positivas tengan los padres con sus hijos, mejor vínculo lograrán, pues todo lo vivido queda guardado en la memoria. Por eso pregúntate: ¿Qué ven y qué oyen tus hijos de ti?

Los hijos necesitan conocer a sus padres, al ser humano que más que un profesional, también juega, sonríe, baila; que aunque trabaje demasiado, siempre tiene tiempo para él, para preguntarle: ‘hijo cuéntame sobre tu vida, tus sueños, tus desafíos'... así también lo involucras en los tuyos, porque al sentirse valorados y abrir tu corazón para ellos, registrarán de ti tu mejor recuerdo, que los enamorará e influirá en el desarrollo de su autoestima y su capacidad de superar dificultades.

Los buenos padres nutren el cuerpo; los padres brillantes nutren la personalidad. Los buenos padres se preocupan por la alimentación de sus hijos, pues todos quieren que tengan una buena salud, pero si queremos ir más allá, tenemos que trabajar en darles una buena salud emocional.

Los tiempos han cambiado tanto y muchos son los estímulos que influyen sobre los hijos haciendo de ellos seres ansiosos, autoritarios o ‘ninis', producto de una sociedad estresante que demanda más de lo que nos aporta.

El sistema social incide sobre la personalidad de los hijos, incluso presionándolos, a tener un buen cuerpo, el último celular; los induce a tener más que a ser, de ahí la necesidad de formar en ellos una capacidad crítica, y así filtrar los estímulos estresantes, lo que les permitirá tomar decisiones basadas en la libertad de elegir y decidir.

Los padres brillantes nutren la inteligencia, le enseñan no solo la importancia de la higiene física, sino también la higiene psíquica. Pregúntale a tu hijo: ¿Qué te pasa? ¿Necesitas qué te ayude en algo? ¿Estás angustiado por la escuela, por los exámenes, por el trabajo? Cuando un padre nutre la personalidad de un hijo, está trabajando sobre su seguridad, su liderazgo y prevención de conflictos psicológicos.

Los buenos padres corrigen errores; los padres brillantes enseñan a pensar. Todos los padres se esmeran por enseñar a sus hijos a no cometer errores, pero la mejor manera de que esto no ocurra es enseñarlos a pensar, solo de esta manera reflexionará sobre lo realizado. Los padres brillantes acostumbran a elogiar primero antes de criticar.

Normalmente, los hijos al cometer un error esperan un regaño y una actuación agresiva de parte de los padres, pero los padres brillantes enseñan a sus hijos a ver en un error una oportunidad de crecimiento, logrando así desarrollar en sus hijos la honestidad y el pensar antes de reaccionar.

En definitiva, las conductas se vuelven hábitos mientras más se practican; estas herramientas lo ayudarán en la ardua tarea de educar a sus hijos y lo volverán un agente de cambio social, pues usted le dará al mundo su mejor obra.

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