Cultura 20/01/2019 - 12:00 a.m. domingo 20 de enero de 2019

A un siglo de J. D. Salinger

Con una sola obra, El guardián entre el centeno', el escritor estadounidense llegó a convertirse en un fenómeno literario

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Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com

El 1º. de enero se cumplió un siglo del nacimiento de Jerome David Salinger, el escritor que se convirtió en un fenómeno literario con una sola obra, y mediante la cual llegó al Parnaso, como escribió el escritor mexicano Jorge Fabricio Hernández recientemente. Ese libro fue El guardián entre el centeno , que en inglés es ‘The catcher in the rye', que casi inmediatamente después de su publicación, en 1951, se convirtió en un clásico. No se le conoce al autor una obra extensa, apenas una compilación de cuentos y dos o tres más relatos pero su figura siempre estuvo rodeada de mística, quizás porque prefirió recluirse, no dar entrevistas, y vivir lejos de la civilización del espectáculo.

Salinger nació en Manhattan, New York y murió en New Hampshire en 2010. Era descendiente de alemanes y polaco-lituanos cuando esa región era parte del imperio ruso y todos tenían sangre judía en sus venas. Comerciantes prósperos, la gran depresión no los afectó y vivieron holgadamente en un edificio de Park Avenue. Lo enviaron a estudiar en la academia militar de Valley Forge y después a Europa, donde estuvo entre Austria y Polonia, en momentos de tensión extrema por el preámbulo de la II Guerra Mundial. En Viena vivió con una familia judía y dedicó un cuento a la hija del matrimonio titulado ‘The girl I knew'. Fue posiblemente su primer amor. Posteriormente, cuando la guerra terminó, se empeñó en encontrar a esta familia sin éxito, porque ninguno de sus miembros sobrevivió.

SU ÚNICA NOVELA

‘The catcher in the rye', casi inmediatamente después de su publicación, en 1951, se convirtió en un clásico. No se le conoce al autor una obra extensa, apenas una compilación de cuentos y dos o tres más relatos pero su figura siempre estuvo rodeada de mística, quizás porque prefirió recluirse, no dar entrevistas, y vivir lejos de la civilización del espectáculo.

De vuelta de su periplo europeo, se matriculó en la Universidad de Columbia, en New York, para tomar clases de escritura con Whit Burnett, el mismo profesor de Tennessee Williams, Norman Mailer y Truman Capote, que le aconsejó buscara que le publicaran en revistas de mucha circulación, como eran Esquire o The Saturday Evening Post. Sin embargo, sus textos no eran suficientemente atractivos para el público que las leía por lo que se decantó por historias más convencionales, apegadas a la realidad apabullante que representó el desenlace bélico y cuyos lectores serían los soldados en el frente.

Tal parece que las primeras páginas de El guardián entre el centeno las llevaba Salinger consigo cuando desembarcó en Normandía, y le fue agregando partes en la medida que iba desarrollándose la guerra y él se horrorizaba de lo que veía. No fue muy afortunada su participación en el frente porque acabó recluido en un hospital para soldados afectados por los combates con lo que se llama como shock postraumático.

Antes de partir al frente, tenía una relación amorosa con Oona O'Neil, la hija del famoso dramaturgo Eugene O'Neil, y apenas él se fue, ella se casó con Charles Chaplin, lo que contribuyó a su desasosiego. Al regresar del frente, se trajo como esposa una antigua funcionaria nazi que no duró mucho a su lado, y de allí rehízo su vida con Claire Douglas, con las que tuvo dos hijos, de la que también se divorció por su tendencia al aislamiento.

‘Se especula que no sorprendería que se encontrara un baúl lleno de manuscritos escritos por el autor estadounidense desaparecido hace 9 años y de quien conmemoramos su centenario el 1 de enero'.
 

Dice Jorge Fabricio Hernández, con su prosa prodigiosa que ‘entre ese descalabro y el vodevil del mundillo literario, el fanguito de los premiados que se creen indispensables, el lodo de los reseñistas a sueldo, los críticos frustrados, los enfurecidos lectores que se clonan con las páginas, los miles de admiradores que en realidad ni leen los libros que luego piden ser autografiados y quién sabe cuántos enredos aledaños' provocó que Salinger, que desde los inicios de su escritura se hizo llamar J.D. se refugiara en una cabaña en medio de la nada y así vivió hasta los 91 años.

El argumento de este libro es la vida de un adolescente rebelde, que narra en primera persona y es inadaptado e inmaduro (a lo mejor él mismo). Por eso tuvo y tiene tanto éxito, porque logra captar la esencia de la adolescencia en todas sus variantes y muchas contradicciones. Eso que muchos de los jóvenes dicen que no saben qué quieren se hace patente y, curiosamente, ha sido la novela favorita por asesinos, inadaptados y otros desajustados. Por ejemplo, el asesino de John Lennon, Mark David Chapman, una vez hubo acabado con la vida del famoso cantante en el edificio Dakota de Park Avenue en 1981 (cerca de donde vivió la familia Salinger a inicios del siglo 20) se sentó a esperar a la policía leyendo el último capítulo del libro.

Su hija Margaret escribió posteriormente un libro titulado El guardián de los sueños donde revela cosas muy indecorosas por parte del autor de sus días. Su hijo Matt es actor. La película Descubriendo a Forrester , actuada por Sean Connery está basada en la vida de Salinger, así como Mel Gibson, en El Complot , sale con un ejemplar del libro y la policía lo ubica cuando adquiere ese ejemplar. No hay duda de que influyó definitivamente en la escritura de una generación entera de escritores, entre los que se cuentan John Updike, Harold Brodkey y Philip Roth. La banda Gun's Roses se inspiró en el libro para la canción Chinese Democracy.

SALINGER Y EL PARNASO

El que con una obra un escritor llegue al Parnaso es un tremendo elogio y paso a explicar por qué. En la mitología griega, Parnaso era el hijo de Poseidón, a quien se le atribuye la fundación del oráculo de Delfos, que luego ocuparía Apolo, en la ladera que se llama también monte Parnaso. En ese monte se dice que moraban las Musas. Es por eso por lo que cuando se dice que alguien llega al Parnaso es que llega a la patria simbólica de los poetas y desde entonces la expresión se viene usando para señalar tanto las obras como las recopilaciones, que en su mayoría es cuando un autor alcanza un nivel de excelencia, de las más prestigiosas obras artísticas y literarias. Tanto que se escucha hablar de las Musas, pero ellas solamente acudían al llamado de Dios, por eso para Hernández, el escritor que cito aquí, J.D. Salinger llegó al Parnaso con todas sus musas. No necesitó más que una obra para ser famoso.

Se especula que no sorprendería que se encontrara un baúl lleno de manuscritos escritos por el autor estadounidense desaparecido hace 9 años y de quien conmemoramos su centenario el 1 de enero. Sería reconfortante pero mientras tanto, tratemos de entender esta obra que ha sido coyuntural en la literatura de su país y del mundo.

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