Cultura 08/11/2018 - 12:00 a.m. jueves 8 de noviembre de 2018

Pedro Luis Caselli y la construcción de la Escuela Normal J. D. Arosemena

La ciudad de Santiago sometida a una reorganización urbanística

Santiago de Veraguas, 1926.

Santiago de Veraguas, 1926.

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Aristides Ureña
opinion@laestrella.com.pa

Conjugar la voluntad de colocar una estructura arquitectónica con la repartición de los espacios necesarios a tal empresa fue, tal vez, uno de los primeros problemas que debió enfrentar Pedro Luis Caselli junto en la construcción de la Escuela Normal (1936-38).

El pequeño pueblo de Santiago vino sometido por primera vez, desde sus orígenes, a una organización de tejido urbano, caso único en territorio istmeño (con excepción de la ciudad de Colón) transformando bajo estas necesidades, la vieja estructura colonial que desaparecerá por completo en algunas partes y se modificará en otras, como la antigua Iglesia San Juan de Dios (1768-1938) que se demolió y en su lugar se colocó el internado de varones de la Escuela Normal.

Se reorganizarían las calles iniciando desde la ya existente, que cambiarán sus antiguas nóminas por sistemas numéricos: ‘El Chorrillo', en calle primera; ‘De los Ñopos', en calle segunda; ‘De los Guevara', en calle tercera, etc., dejando como punto de partida la Avenida Sur. Esto dotaría al pequeño pueblo de una estructura urbanística concebida para satisfacer las exigencias imperiosas y sus futuras necesidades.

El contexto, como viene efectuada la organización de los espacios de la estructura escolástica de la Escuela Normal es, sin duda, de autonomía e independencia y se nota desde los repartos dedicados a la logística.

Caselli, en 1936, presenta los diseños preparativos para la construcción de El Club Atlético de la Piscina Olímpica para la celebración de los IV Juegos Olímpicos Centroamericanos y del Caribe, que se realizarían en febrero de 1938. Anteriormente, había trabajado en la proyección y construcción del Centro Escolar ‘Amador Guerrero' situado frente a la bahía de Panamá, en el sector denominado Barraza (1933), mas lo que nos interesa es acercarnos, poco a poco, a las motivaciones y puntos de referencias que ayudaron a Caselli en la proyección del magno edificio.

Paralelamente a los trabajos ya mencionados, Caselli se encuentra trabajando junto a Carlos Fábrega y Jesús María Sosa en los diseños del Hospital Amador Guerrero (1936), que se levantaría frente al mar en el barrio de Nuevo Cristóbal, ciudad de Colón. Este fue el momento en que Caselli proyectó los planos de construcción para la Escuela Normal de Santiago.

El concepto para la construcción de este hospital (que sería el segundo en grandeza de todo el país), respecto a las funciones necesarias para el desarrollo de su peculiar actividad, hacen tomar conciencia de la estructura en relación a las actividades que en ella se deben ejercer, humus que se respira en los amplios salones de la Normal.

Es obligatorio llamar a consideración otras motivaciones que, sin duda, estaban presentes en las reflexiones del joven Caselli, anteriormente remarcados por otros estudiosos. Esta es, seguramente, la atención que Caselli pone en el edificio del Cristobal High School de la zona canalera de Colón.

Se debe focalizar la atención, sobre todo, en la parte de los esquemas de las estructuras y la repartición de los mismos: la conciencia de estar proyectando una de las obras de mayor impacto educativo del país en un momento histórico donde la arquitectura afirma, con mayor énfasis, la idea del ‘Estado', encontrándonos en un momento de transición y de neotendencias respecto al lenguaje arquitectónico istmeño.

El lenguaje arquitectónico panameño, haciendo referencia a los años treinta, se encontraba en un periodo de transiciones, y se desarrollaba bajo el conocimiento de las corrientes internacionales y la adaptación de sus novedades, Caselli había demostrado ya su dominio de estas novedades, en las anteriormente citadas realizaciones, abandonando los elementos decorativos y neocoloniales, por las líneas sobrias de elegantes formas circulares y, sobre todo, simplicidad en la presentación de las fachadas.

Caselli, junto a los arquitectos panameños con los cuales había colaborado, interpretaba los formalismos del Streamline Style -y lo más increíble era que poseía un profundo conocimiento de las novedades del funcionalismo Vienese-Berlines- dejándonos innumerables testimonios póstumos de la absoluta modernidad de la arquitectura istmeña. En cambio, para el edificio normalista Caselli resulta ser, al primer impacto, conservador y ‘retro', por su rica utilización de elementos decorativos neoclásicos, como si a través de esta manera, respondiese a una voluntad de embellecimiento de la estructura, mas no de la búsqueda de contemporaneidad estilística.

Caselli permitió a los nuevos colaboradores (escultores extranjeros) que trabajaran en la fachada y en el vestíbulo, de manera que tuvieran libertad para proponer prototipos de nueva imaginación, y que resultó en la escogencia de la actual fachada entre dos modelos diferentes. Estos modelos resultan interesantes a los estudiosos, ya que ambos dan una referencia imprescindible para comprender las razones básicas de la problemática estilística.

Es por ello que, cuando hablamos de la Normal, se debe hacer referencia al estilo del proyecto arquitectónico (el edificio) por una parte, y al lenguaje de la fachada por otra. Contraposición que ha producido una obra única en su género, y de auténtica originalidad en nuestro Panamá.

Así vemos que se respira en toda la construcción arquitectónica un regreso sobrio interpretativo del ‘Hispanicismo' marcadamente ‘retro': los repetidos arcos neocoloniales dispuestos a lo largo de los pasillos y corredores, la utilización de zócalos -tal vez en defensa de la humedad- que extrañamente desaparecen en el último bloque del edificio, del lado de la calle séptima, con eficaz solución al problema climático.

También cuenta la utilización de material de construcción obsoleto para el momento, pero estéticamente coherente con el mix de estilo arquitectónico escogido, como piedra, mosaicos, remaches de madera para las ventanas, y techos enteramente cubiertos por tejas. Una infinidad de intervenciones que responden, junto a todas las motivaciones anteriormente señaladas, y que confirman una particular interpretación del ‘Hispanicismo'.

Tomado de ‘El Escorial de América, los misterios de las decoraciones de la obra veragüense' .

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