Cultura 06/08/2019 - 12:00 a.m. martes 6 de agosto de 2019

Orit Btesh: ‘Un país es un conjunto de costumbres y culturas, con una mezcla que enriquece'

La empresaria y presidenta de la Cámara Panameña del Libro anhela un país con arraigo en la educación y donde se estimule el valor de la lectura. Sostiene que la correcta actuación del sector gubernamental es necesaria para profundizar y diversificar el impacto de iniciativas como la Feria Internacional del Libro


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Yandira Núñez
yandira.nunez@laestrella.com.pa

Orit Btesh es una mujer que cobija el amor hacia Panamá tanto como el que profesa hacia la magia de los libros y sus cinco hijos. Nacida en Israel un 2 de octubre, la empresaria que echó raíces en el Istmo hace más de 50 años hoy se muestra directa y franca para hablar sin reparos sobre el reto de estimular la educación integral desde la Cámara Panameña del Libro (Capali), entidad que preside. Dirigiendo y articulando iniciativas como la Feria Internacional del Libro (FIL), lucha para destacar el valor de la cultura en la evolución de nuestros pueblos. Sensible y frontal, confiesa sentir la fuerza de Don Quijote y nos recibe en El Hombre de la Mancha Bookstore & Café de San Francisco, un rinconcito acogedor desde el cual gerencia sus pendientes y sazona la decimoquinta edición de la FIL.

¿Qué le ha dado la lectura a la vida de Orit Btesh?

Me ha dado ganas de vivir; ese universo que imagino cuando quiero escapar de la realidad y sentirme más apoyada cuando estoy en momentos de crisis, por ejemplo. La fortaleza de los libros para pasar los momentos difíciles, es un rescate.

¿Tuvo Orit Btesh una niñez entre libros?

Definitivamente. Vivía en una casa donde había libros en todos lados, en el baño, en la cocina, en la sala. Crecí con gente leyendo a mi alrededor.

¿Recuerda sus primeros encuentros con la lectura?

Tenía una relación muy especial con mi padre, que falleció a los 52 años y me incentivaba a leer. Eso me dio una magia y una fortaleza que me hizo sentir como Don Quijote de la Mancha, con ese afán de cambiar el mundo.

¿Cómo nace El Hombre de la Mancha?

Era una niña de primer grado cuando llegué al país. Mientras crecía, notaba que hacía falta una base cultural e intelectual en Panamá. Luego me volví madre y cada vez que quería enseñarle a mis hijos e introducirlos en la lectura, no había nada. Tenía que viajar y llenar la maleta para traer los libros. Quería que mis hijos crecieran en un país con educación y cultura porque ese es un regalo que nos da la vida. Sentía que no podía trabajar solo por mis hijos, sino por todos los hijos de Panamá, así que empecé con El Hombre de la Mancha. Aquí no existía la costumbre de pasar una tarde con tu hijo en una librería.

Entiendo que el nombre viene de un viaje muy especial y en familia a la ciudad de Toledo, ¿cierto?

Nos fuimos a España y a ver la obra Don Quijote de la Mancha con Paloma San Basilio, duró tres horas y media. Todos lloramos porque fue muy emotivo. Cuando culminó la pieza, mi hijo de cinco años me dijo que no quería irse del teatro, quería volver a verla. Me conmovió el impacto que causó en nosotros y decidí que ese sería el nombre de mi empresa.

Usted es madre de cinco, ¿comparten su amor y curiosidad hacia la literatura?

La lectura le llega a cada quien en diferentes etapas. En la adolescencia los chicos son rebeldes, pero en algún momento de su vida lo rescatan, y así ha sido.

¿Estaría dispuesta a escribir su propia obra literaria?

Cuento con mucho por escribir porque he tenido una vida bastante compleja e interesante, con muchos altos y bajos, con muchos cambios. Creo que sería una tremenda novela. Hay que causar un cambio en el mundo, no podemos seguir siendo apáticos a todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor.

Usted ha dicho que Panamá es uno de los países que más presupuesto destina a la educación, pero no se ve. ¿Por qué?

Si miras la serie de Simón Bolívar en Netflix, te darás cuenta de la corrupción de la época, todo lo que sucede a través de la historia, y nosotros somos reflejo de esa parte de la historia. Hay mucha corrupción. Si todos aportáramos un granito de arena al país, sin pensar solo en nuestra ganancia, las cosas serían distintas. No es la cantidad de dinero que los países invierten, es la cantidad de energía e interés.

¿Considera entonces que el mundo del poder y las altas esferas ha tenido siempre un conflicto con la educación?

En el caso de Panamá, a nadie le importa. Al final del camino, solo piensan en cuánto les entrará al bolsillo. En mi alma soy socialista y no puedo aceptar esas diferencias sociales tan marcadas porque no es correcto que no permitamos a la gente estudiar. En El Hombre de la Mancha trato de incentivarlos cuando se gradúan de la universidad mejorándoles el salario para que se superen. No puede ser que un empresario quiera mantener a sus colaboradores en un nivel más bajo porque va a ganar más dinero o tener más control. No puede ser que la gente todavía no entienda de qué se trata la responsabilidad social; estoy convencida de que lo han tomado como si fuera un gasto de mercadeo, todavía la empresa privada no lo ha entendido, los países no se manejan así. Singapur logró hacer lo que nosotros no hemos logrado, porque hay muchos bolsillos alimentándose alrededor y el país no avanza.

¿Existe hoy en nuestro país un hábito de estímulo y disfrute de la lectura?

Creo que hemos subido el nivel de lectura, al menos el interés. Tuve discusiones con intelectuales en Panamá, donde me amenazaron con represalias para que la gente no visitara la FIL si traía algún youtuber. Eso no es correcto, porque hay diferentes maneras de leer y cada quien aprende a acercarse a la lectura de diferentes formas. La sociedad está equivocada, no se trata de un nivel más alto de la lectura, sino más profundo.

En la pasada edición de la FIL, usted mencionó que ‘leer es entender, pensar, sentir y crear', ¿de qué manera la lectura ha impactado su vida?

Me ha dado muchas cosas. Ganas de vivir, ese universo que imagino cuando quiero escapar de la realidad y sentirme más apoyada, cuando estoy en momentos muy estresantes o de crisis. Es un rescate.

¿Cuáles son los grandes retos de la FIL 2019?

Ahora celebramos los 500 años de la ciudad y el primer reto es que luego de hacer un llamado al gobierno nos diga: ‘Aquí estamos, queremos ser parte de esta evolución de nuestro país'. Hasta este momento, el presidente Cortizo se ha mostrado dispuesto a colaborar e invertir en educación y cultura en nuestro país. En el momento en que tengamos apoyo del gobierno todo cambiará, la filosofía del país tiene que cambiar.

¿Podría ser este un primer paso para democratizar el conocimiento?

¡Exacto! porque actualmente estamos desenfocados.

¿Un ejemplo de esa pérdida de foco?

Estamos preocupados por cambiar las leyes migratorias en lugar de entender que hay buena y mala migración y no se puede generalizar. Cuando ocurrió la invasión a Panamá, mucha gente se fue a Venezuela, a Canadá y a otros países, y fueron recibidos con las puertas abiertas.

‘La lectura me ha dado ganas de vivir, ese universo que imagino cuando quiero escapar de la realidad y sentirme más apoyada, cuando estoy en momentos muy estresantes o de crisis'
 

¿Cuál considera que es el aporte sociocultural de una migración consciente y organizada para nuestros países?

Somos un país de migración. Somos el producto de todos los pueblos que se asentaron acá. Al final, un país es un conjunto de costumbres y culturas, con una mezcla que enriquece, y esa es la riqueza de Panamá. La estamos destruyendo con todo lo que está sucediendo en la Asamblea Nacional; en lugar de plantear leyes de educación que mejoren el país, estamos perdiendo el tiempo escuchando gritos de diputados por normas que no ayudan a evolucionar. Yo soy panameña nacionalista y hay carreras que no puedo ejercer por no haber nacido acá, eso es absurdo. Mira a Chile, todos los venezolanos médicos especialistas, que llegaron, fueron ubicados en los mejores hospitales y han aportado mucho al país. Nosotros no tenemos suficientes especialistas , estamos yendo hacia atrás en lugar de progresar y salir adelante. Deberíamos comportarnos como un país desarrollado y no lo estamos haciendo.

¿Padres lectores, niños lectores?

Todos los hábitos se adquieren a través del ejemplo. Si los niños ven a sus padres leer, los van a imitar.

¿Cómo ha evolucionado la integración de los diferentes actores para que la FIL sea un hecho?

Ha sido muy difícil. En los últimos años tocamos puertas a empresas grandes, medianas, gobierno, organizaciones internacionales. Hemos recibido apoyo; me he dedicado a desarrollar una relación con las embajadas porque me he dado cuenta de que a ese nicho le interesa la cultura en el país; hoy día tengo todo el cuerpo diplomático apoyándome y este año la Unión Europea tendrá su stand .

¿Considera que existe una fórmula atractiva para conjugar en el mercado a los literatos tradicionales con los ‘youtubers' que disparan contenidos a las nuevas generaciones?

Están allí y es inevitable. Es un lenguaje nuevo que debemos aprender. Tenemos que buscar la forma de llegarles. Sacándolos del camino o cortándoles las alas no acercaremos a la juventud. El éxito de sacar a los jóvenes adelante es cortar la brecha entre las generaciones.

La palabra es poder, pero a veces parece cada vez más desvirtuada ¿Cómo fortalecerla cuando vemos una disrupción muchas veces desfigurada de la comunicación en las nuevas generaciones, a través de las plataformas tecnológicas?

No creo que exista una desfiguración sino una mala interpretación. Quizás no estamos listos para ese lenguaje tan agresivo de los jóvenes porque tenemos todavía un estigma. No digo que debamos usar palabras sucias, debe haber un balance. Los chicos se acercarán a nosotros y mejorarán su idioma con educación.

¿De qué manera siente, como representante de Capali, que los gobiernos del mundo deberían alinearse con las entidades privadas para promover el enriquecimiento cultural?

Colombia es un buen ejemplo de ello. Hacen la tercera feria más importante de Latinoamérica. Envidio cómo el presidente todos los años se para allí y da un discurso, el gobierno invierte. Al final ellos invitan a la feria a formar parte, son tres semanas de feria y pasa más de un millón de personas. En Panamá no lo logramos.

¿Estamos aún muy lejos?

Pienso que sí. Se acaba de abrir el Museo de los Derechos Humanos, hemos recibido apoyo de la empresa privada, un pequeño grupo al que le importa y quiere lograr un cambio, pero ha sido muy duro. Todavía nos faltan tres edificios. Si el gobierno da el ejemplo, la gente se sentirá más segura.

¿Cree que habrá un punto de inflexión en la historia de Panamá, con la creación del Ministerio de Cultura, tal y como lo ha prometido el presidente de la República?

Considero que sí. Cuando le das un lugar a la cultura, toda la población mira con otros ojos, ese cambio es importante. Me he dado cuenta de que para este gobierno esto es importante y si lo asumen como un proyecto personal en estos cinco años, lo podremos lograr.

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