Cultura 23/05/2019 - 12:01 a.m. jueves 23 de mayo de 2019

‘La gran vuelta a la pista del mundo' en 1,400 días

Simón Arriagada Munita es oriundo de Santiago de Chile y con un Chevrolet Chevette 1,400 comenzó un viaje de casi cuatro años. En su paso por Panamá relató la experiencia que le ha permitido cumplir su anhelo de recorrer el planeta


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Ivette Leonardi
ivette.leonardi@laestrella.com.pa

‘Aprendí a conducir antes que caminar, y es que me encanta hacerlo', habla Simón Arriaga Munita (Santiago, 1988), un joven chileno que quiere cumplir una hazaña: recorrer el mundo a bordo de un Chevrolet Chevette 1400 en 1,400 días. Simón es un hombre sencillo, sonrisa pícara y espíritu pujante que denota mientras cuenta su historia. Un viajero atípico con ansias de explorar el planeta y empaparse de la cultura de cada región. Llega a Panamá después de recorrer Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú, Ecuador y Colombia.

‘De niño siempre me llamó la atención manejar. Lo hago desde los nueve años, si hubiese podido antes, lo hubiese hecho... (suspira). Yo soñaba con ser taxista para conocer toda la ciudad. Llegué a serlo unos meses y conocí todo Santiago. Después quise conocer más allá y comencé a recorrer el país', recuerda. ‘¡Ahora me toca el mundo!', subraya.

El chileno no sólo ama lo que hace. La inclinación abarca las tradiciones, el ser humano. De no ser así, dice, se hubiese quedado esperando a que un amigo le cuente cómo es la vida más allá de los límites territoriales. ‘Uno no se puede imaginar cómo es un país hasta que lo vive', acentúa. ‘Nada como verlo con tus propios ojos. Conversar con la gente, probar la gastronomía, diferenciar los acentos…', describe.

Simón parece olvidarse de que en el mundo existen fronteras porque se siente un ciudadano universal. Es un hombre estratégico que cree fielmente en su determinación para alcanzar los objetivos. ‘Antes de salir de Santiago, organicé todo mi viaje. Eso es básico', dice, y se apoya en la tecnología que ahora es capaz de resumirnos todo. ‘Utilizo la aplicación Overlander. Su nombre es un término que se acuñó hace varias décadas, que va dirigido a viajeros a largo plazo, donde lo importante no es llegar al destino final, sino todo el camino', explica. ‘Hay muchas personas en la actualidad que son viajeros ‘overlander' y se hizo esta aplicación donde uno va marcando los puntos y uno va buscando dónde puedes dormir, dónde encuentras un mecánico… en fin, todo lo que necesitas', describe. También destaca que utiliza la aplicación Google Map, por ser la plataforma más precisa en cuanto a ubicación.

‘Lo que más me gusta es estar en las carreteras, observando. Hacer las paradas, conversar con la gente en cada lugar'.
 

El viajero chileno, graduado en Ciencias Políticas, vive del oficio de la transcripción. Antes de emprender su travesía ahorró ‘lo suficiente', pero admite que continúa trabajando para seguir autofinanciándose. ‘Mi presupuesto son unos $400 para cada mes. El alojamiento me lo ahorro, porque duermo en el auto; y de vez en cuando hay que pagar una ducha…', ríe.

Risueño, el joven opina que no existe un buen viaje en carretera si no hay una plena convivencia consigo mismo y con su auto. Por ello nunca apaga la radio, porque para él ‘la música te cambia la atmósfera, te dibuja el paisaje'. ‘Tengo música para todo. Escojo la canción dependiendo del momento. Por lo general escucho rock , música típica, electrónica y música andina', detalla.

‘Tengo ruta ya determinada. Ahora de Panamá, parto a Costa Rica y después a Norteamérica. Luego tomo un barco a través del Pacífico hasta Rusia. Ahí, estando en Europa cruzaré Mongolia, Paquistán y haré vuelta por el viejo continente. Tras ello, el Medio Oriente y el Norte de África', especifica. Y también confiesa, aunque no muy convencido, que tiene entre manos otro proyecto en solitario: ‘Cuando termine este viaje de 1,400 días. Me iré a vivir en una cabaña en alguna montaña de Chile, como ermitaño, y me compraré una tráiler para seguir explorando…', dice.

UN VIAJE EN EQUIPO

El auto de Simón es modelo 1981, heredado de su abuela materna, un gesto que le agrega un valor sentimental al que se ha convertido en su compañero ‘inseparable'. Bautizado como ‘Chevette Munita', el auto luce impecable, a pesar de los años a cuestas. En la carrocería roja se le marcan los vestigios de los lugares visitados. ‘La gran vuelta a la pista del mundo', ya esta frase indica la intención, reza en las antiguas puertas del auto. Un carro atractivo que despierta curiosidad.

‘Mi auto es como un imán, es un auto muy especial. Llama mucho la atención'.
 

‘Mi auto es como un imán, es muy especial. Llama mucho la atención. Atrae mucho a la gente. Cuando voy andando, me tocan la bocina y me saludan…', relata Arriaga.

Durante varios años, el trasandino se dedicó a reparar el vehículo para cumplir su meta. Nunca había salido de la capital de Chile y temía que se accidentara durante su periplo. Por ello, comenzó un viaje por la Patagonia argentina y allí comprobó que su fiel amigo tenía un nuevo semblante. ‘El auto era de mi abuela, ella lo compró en el 88… Llegamos juntos a la fa milia, pero el carro es del 81. Recuerdo que de niño le rompía las luces, lo rayaba y jamás me imaginé que íbamos tan unidos. Desde 2005 comencé a repararlo hasta el 2017. Muy poco me ha fallado. Mis ángeles siempre nos están protegiendo', se aflige y se detiene a pensar unos segundos…

Simón reconoce haber encontrado en sus viajes más riqueza, más sensibilidad, más roce social, más calidad humana que en cualquier otra experiencia o profesión. ‘Lo que más me gusta es estar en las carreteras, observando. Hacer las paradas, conversar con la gente en cada lugar. La gente te sorprende. Hay una empatía automática. Da lo mismo de dónde viene uno. La realidad siempre sorprende'.

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