Cultura 08/02/2019 - 12:00 a.m. viernes 8 de febrero de 2019

En la Casa de Los Andes

El paisaje del sur de Bolivia es hermoso, pero representa un verdadero reto para los mochileros y aventureros ‘todoterreno'

  / Luis García | La Estrella de Panamá
Luis García | La Estrella de Panamá

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Ursula Kiener Ford
ursula@panamatravelgroup.com

Bolivia es un país con poca promoción turística, pero con mucho que ofrecer. En los últimos años, solo un destino se ha colocado en el mapa internacional gracias a documentales e Instagram: el salar de Uyuni.

El salar de Uyuni es el más grande del mundo, con 10,582 kilómetros cuadrados —4,086 millas cuadradas—. Está ubicado en la provincia de Daniel Campos, en Potosí, al sur de Bolivia, relativamente cerca de Chile.

La mayoría de los turistas que visitan el lugar lo hacen después de conocer el desierto de Atacama, en Chile, o la ciudad de La Paz, capital de Bolivia.

Por supuesto que hay aviones, pero en esa nación andina el turismo todavía es cosa de mochileros, para los que prefieren ahorrar viajando hasta diez horas en buses nocturnos. Los únicos que iban en nuestro vuelo eran los turistas asiáticos.

EL PUEBLO DE UYUNI

Llegamos de noche a un pequeño aeropuerto ubicado a minutos del pueblo de Uyuni. Un taxi nos deja en el hotel, anteriormente llamado Casa Andina, pero fue necesario cambiarlo a Casa de Sal, ya que tenía el mismo nombre que una cadena hotelera peruana. El hotel es uno de los más famosos construidos a base de sal y que son particulares de la zona.

Al solicitar indicaciones para cenar, del hotel nos mandaron a Lliphi, un restaurante muy económico donde cenamos tacos de cochinilla. Otra opción para comer es Minuteman Pizza.

Al viajar a Bolivia se debe llevar efectivo. Dado que el país aún no está preparado para el turismo, muy pocos lugares aceptan tarjeta de crédito. En ciudades grandes, como Santa Cruz y La Paz, es fácil cambiar dinero, pero en los pueblos es menester contar con billetes nuevos, ya que son rechazados por cualquier razón.

La altitud de Uyuni es de 3,700 metros, similar a los 3,640 metros de La Paz. Para adaptarse a la altitud hay que tener paciencia. El primer día no es recomendable comer mucho, tomar alcohol o practicar actividades que requieran mucha actividad física. El té de coca ayuda, al igual que unas pastillas llamadas ‘Sorojchi Pill', que quitan el dolor de cabeza causado por la presión.

Uyuni es un pueblo bastante pobre. Es un sitio turístico, pero tal parece que el dinero del turismo no es utilizado por la Alcaldía. Solo queda una calle con un monumento de reloj, iluminado al caer la noche.

¿CÓMO ESCOGER UN ‘TOUR'?

Hay muchos touroperadores que ofrecen diferentes opciones alrededor de Uyuni, como es el caso de Andes Salt Expeditions. La opción más básica son los tours diurnos, que van de cuatro horas a día completo, con la posibilidad de apreciar las estrellas de noche o el amanecer.

PLANEA TU VIAJE

Duración del vuelo: 5 horas a Santa Cruz.

Costo del vuelo: $400-$700

Horario: GMT-4 / 1 hora más que Panamá

Costos en destino: barato

Visa: no

Dato: Uyuni contiene 10 mil millones de toneladas de sal, de las que cada año se extraen 25 mil toneladas.

Contacto: www.andes-salt-uyuni.com.bo/

La mejor opción es el tour de dos noches con tres días, que incluye un recorrido más completo. No es recomendable ir solo.

En Atacama es posible alquilar un automóvil y conducir por las carreteras, que están bien señalizadas. En esta parte de Bolivia no existen carreteras ni señales; la señal telefónica es escasa —solo sirve Entel y yo tenía Tigo—.

Manejar por estos lugares extremos es exponerse a la muerte. Los tours son tan económicos que no vale la pena ni pensarlo, con guías que conocen bien la zona.

Otro detalle por considerar es la época del año cuando tiene lugar la visita. En enero cae la lluvia, que crea un efecto de reflejo sobre el salar.

La temperatura es cálida. Según nuestro guía, los mejores meses para visitar son marzo y abril. El invierno abarca los meses de junio a agosto, con temperaturas de menos 25 grados en la laguna Colorada. Cuando fui, todavía había nieve en los picos de las montañas y zonas bastante frías.

CEMENTERIO DE TRENES Y COLCHANI

En las afueras del pueblo de Uyuni se encuentra el cementerio o museo de trenes. Es un sitio para que los fotógrafos se den gusto buscando ángulos entre antiguos ferrocarriles americanos y franceses. Los de 1880 funcionaban a vapor, con agua y carbón.

La primera línea de tren en Bolivia se construyó en 1899. Unía Huanchaca, donde estaban las minas de plata, con Antofagasta —hoy en día en Chile—, pero los trenes murieron hace 60 años. En la noche, los locales se robaban las partes que servían y hoy en día solo quedan los esqueletos.

El presidente Aniceto Arce fue el propulsor del proyecto, ya que su plan de gobierno incluía la vinculación territorial. Empezó como político y luego minero, y se convirtió en el primer millonario de Bolivia. Uyuni como tal no existía. En la zona solo había una familia de apellido Uyuli. El 11 de julio de 1889, Aniceto fundó oficialmente la ciudad, cambiándole el nombre a Uyuni, que significa ‘hija predilecta de Bolivia'.

Colchani es un pueblo ubicado justo antes de entrar al salar de Uyuni. Su principal fuente de ingreso es la producción de sal, que es muy barata: 50 kilos cuestan 15 bolivianos —$2.40—. Tienen puestos donde venden artesanías, ceniceros hechos de sal compactada, ropa, comida, bebidas, etc. También es posible visitar un pequeño museo gratuito con esculturas de sal.

HISTORIA ANCESTRAL

Hace cien millones de años, el salar de Uyuni era parte del mar. Pero las placas tectónicas colisionaron: las de Nazca y Suramérica formaron la cordillera de Los Andes, que es la columna vertebral de Suramérica.

Antes de que existiera el salar de Uyuni, existía un lago llamado Minchin. Era enorme, con más de 200 kilómetros (120 millas), de este a oeste, y 400 kilómetros (250 millas) de norte a sur.

Hace 45 mil años empezó a evaporarse el lago y nació el salar. En el centro tiene 140 metros (460 pies) de profundidad. Abajo todavía hay agua. Posee 11 capas de diferentes tamaños.

Se encuentran muchos tipos de minerales, incluyendo entre 50-70% de las reservas mundiales de litio. Según el guía, en el 2020 van a empezar a exportarlo. Además, cuando se secó el salar dejó varias islas que eran las cimas de volcanes antiguos sumergidas en el lago. Este es el caso de una llamada Incahuasi, cubierta por enormes cactus que contrastan con el salar.

Originalmente, los hoteles eran permitidos dentro del salar, pero estaba contaminando, así que los trasladaron a la entrada. Los visitantes deben recordar utilizar protector solar, ropa ligera cubierta y gorra. El sol es intenso por el reflejo de la sal.

LAGUNAS Y GÉISER

También hay tours de tres días, el primero transcurre en el salar de Uyuni. Es posible pernoctar en un hostal bastante básico, con baños compartidos. Durante el segundo día, se visitarán las lagunas Cañapa, Hedionda, Chiarcota y Honda. En ellas habitan tres tipos de flamencos: chileno, james y andino.

Acto seguido, se procederá a entrar en la Reserva Nacional Eduardo Abaroa, pasando por el desierto de Siloli, donde está el famoso árbol de piedra —de lava petrificada—. Su formación se da a raíz de la erosión ocasionada por la lluvia y la brisa. Las condiciones climáticas inestables no permitieron una estadía más prolongada en el lugar.

La laguna Colorada debe su color rojizo a las algas y plancton que crecen alimentándose de los depósitos de sodio, magnesio, bórax y yeso en el agua. Ya para esta parte del recorrido se ha alcanzado la altura de 4,278 metros.

La última parada del día es la más alta: el Géiser Sol de Mañana, a 4,850 metros. Vladimir, nuestro guía, hizo un truco genial utilizando una botella de Coca-Cola que flotaba por encima de una fumarola. Habiendo visitado el Géiser del Tatio, en Atacama, pensé que iba a ser similar, pero son totalmente diferentes. Los de Atacama deben ser visitados al amanecer, para ver los chorros de agua. Los otros pueden ser visitados en cualquier momento del día. Contaban con pequeños pozos rebosantes de lo que parecía arcilla, pero que en realidad es lava hirviendo, lo que contrasta con los colores del desierto.

Cuando se visitan los géiseres hay que tener cuidado de no acercarse mucho. Hay cuentos de personas que han perdido la vida por descuidos.

Finalmente, arribamos a nuestro hostal por la noche, junto a unos pozos termales, al lado de una laguna con flamencos. Este hostal era aún más rústico que el de la primera noche, sin duchas y sin luz —el generador solo funcionó 25 minutos—. Compartí el cuarto con los de mi coche: tres alemanes y un hongkonés.

EL ÚLTIMO DÍA

La siguiente mañana empieza el largo recorrido de vuelta a Uyuni. En tres días recorrimos mil kilómetros. Para hacer el viaje un poco más placentero se realizan algunas paradas: el Desierto de Salvador Dalí y la Laguna Verde, rumbo a la frontera con Chile. Ahí el grupo se divide. Muchos siguen su viaje hasta Atacama, que se encuentra a una hora en bus. La otra opción es pasar todo el día en el carro de regreso a Uyuni.

Paramos en un Valle de Rocas, donde habían formaciones petrificadas y luego en el cañón de Catal, una zona verde atravesada por ríos donde se crían llamas. Cuando finalmente arribamos a Uyuni estábamos muertos. El recorrido es hermoso, pero es un viaje ‘todoterreno'.

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