Cultura 02/06/2019 - 12:00 a.m. domingo 2 de junio de 2019

Café con tema

En Japón, ir a tomarse un café puede convertirse en una experiencia fascinante. Al menos este fue el caso de nuestra visita al temático @home café, ubicado en el edificio Don Quijote, en la zona comercial de Akihabara (Tokio)

  / Rolando José Rodríguez De León
Rolando José Rodríguez De León

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Rolando José Rodríguez
periodistas@laestrella.com.pa

Tomarse un café en Panamá puede ser un acto social, para interactuar con familiares o amigos. En solitario, para relajarse, pensar o analizar; con algo de comer o solo, en un restaurante o cafetería, pero siempre será un acto sobrio e incluso monotemático, sin embargo, en Japón puede llegar a ser una aventura.

El surgimiento

¿Cuándo surgieron los cafés temáticos en Japón? No existe una fecha exacta. En 2011 Patrick W. Galbraith realizó una investigación en que proponía un posible precursor, un puesto de café que apareció en agosto de 1998 en un evento llamado Tokyo Character Collection (Colección de personajes de Tokio), que aunque era algo temporal, estaba basado en el videojuego Welcome to Pia Carrot 2, un simulador de citas en que los personajes visten como doncellas francesas.

Después, en el área de Akihabara, conocida por sus tiendas de tecnología en que se vendían muchos de estos juegos que atraían una gran población masculina, se comenzó a gestar la idea de hacer maido café o cafés de doncellas, en que las meseras vistiesen dicho atuendo y para no incurrir en violaciones de derecho de autor, copiaron el estilo de las doncellas de la Francia victoriana.

Estos lugares cumplían la misión de dar un espacio donde los jugadores podían sentirse a gusto. Kaichiro Morikawa los describe en su libro Shuto no tanjo: Moeru toshi Akihabara (Aprendiendo de Akihabara: El nacimiento de una Personapolis) como: ‘un espacio donde el comprador de juegos bishojo puede sentirse relajado en presencia (pero no en compañía) de otros que comparten sus mismos intereses, además de cumplir su fantasía de ser servido por los personajes y no por una mesera que podría juzgarlo por sus gustos'.

Otra hipótesis dice que los cafés fueron la evolución de los restaurantes temáticos existentes, al servir bebidas y cosas sencillas de comer, podían atender una cantidad menor de comensales en locales más pequeños, lo que les permitiría acaparar un nicho y sobrevivir.

La diversificación

Uno de los primeros cafés fue el famoso Cure Maid Café que en marzo de 2001 abrió en Akihabara, un lugar sobrio y refinado cuya única diferencia era la vestimenta de las anfitrionas.

Como táctica para atraer mayor clientela, la mayoría utiliza la estética Moe, la que se refiere a un personaje o ambiente que es bonito, adorable, tierno y sensual al mismo tiempo y que produce en el observador una inclinación afectiva.

Lugares como Maid Café Pinafore, @home Café, Maid Café Royal Milk o ‘little sister' Café tuvieron tanta acogida que abrieron sucursales por todo Japón.

Si se podía alcanzar una población con gustos tan exóticos, también se podría acceder a otras y algún empresario con visión debió darse cuenta que quedaban aún más nichos por llenar. Entonces llegó el surgimiento de cafés donde el cliente podía interactuar con animales como los neko café, lugares con gatos sueltos en el local, que pueden ser acariciados, o si el gato lo desea interactúa con los clientes. Otros cuentan con los puerco espines, serpientes y, hasta hace poco más de un año, existió en Tokio un café con búhos.

Los menús cambiaron, de modo que la comida fuese alusiva a la temática del lugar. Se creó el ‘Vampire café' en Ginza, el ‘Moomin house café' en Tokio sobre el personaje de animación, el ‘Gundam café' en Akihabara para los fanáticos del anime ‘Gundam' (Kido Senshi Gandamu, 1979) y el basado en la novela de Lewis Carrol ‘Alice in magical land Café' en Shinjuku.

No todos los temas son de fantasía, el ‘Sengoku bujuden' remonta al período de los estados guerreros (Sengoku, 1467-1600) y el ‘Ninja Akasaka' recrea el escondite de estos míticos guerreros, por supuesto, los comensales son atendidos por camareros vestidos como ninjas.

La visita a @home café

Hace poco más de un año, gracias a la invitación del Ministerio de Asuntos Exteriores del Japón pudimos visitar y vivir la experiencia de un Maido café.

En Hiroshima tratamos de ir al ‘Mike Café', un lugar en que las anfitrionas son doncellas-gato, pero como el interés era entablar conversación con las chicas, decidimos buscar otro sitio.

En Tokio, mientras nos encontrábamos en Akihabara, descubrimos el edificio de Don Quijote, y en el quinto piso se encontraba el @home Café. Al llegar, una de las chicas llamó al gerente, quien nos tradujo, mientras ella nos decía las reglas del lugar: ‘No se puede tomar fotografías a las chicas, no se les puede acosar, cada cliente debe ordenar por lo menos una bebida'.

‘En 2011 Patrick W. Galbraith realizó una investigación en que proponía un posible precursor, un puesto de café que apareció en agosto de 1998 en un evento llamado Tokyo Character Collection'.

Una vez aceptado, todas las chicas nos dieron la bienvenida a coro ‘okaerinasaimase goshujinsama' (Bienvenido a casa, amo), el lugar era pequeño con un escenario y mesas en dos alturas para poder ver el espectáculo y tanto las chicas como el ambiente destilaban moe.

Ya en la mesa nos entregaron el menú y dieron las gracias: ‘gokitaku arigato gozaimasu' (gracias por venir a casa).

Como lo más fácil eran los combos, nos decidimos por el que constaba de una bebida (leche batida o soda), postre y una foto con nuestra ‘doncella', Samuel escogió la leche batida y yo la soda, de comer, panqueques de osito moe, que después descubrí que eran de otro animalito, ‘Mofu-Mofu? Toy Poodle Cake'.

Cuando llegaron las bebidas la chica que nos atendía, batió la leche mientras decía unas palabras y gesticulaba e hizo que Samuel las repitiera con ella, con los panqueques sucedió lo mismo, el ‘encantamiento' (moe moe kyun) era para ‘insuflar de amor la comida' y que supiese mejor.

Mientras conversábamos sobre la extraña experiencia, otra de las chicas nos dio unas linternas que usaríamos durante el concierto, moviéndolas en el aire para alentar a las cantantes a hacerlo mucho mejor y al finalizar nuestra doncella se nos acercó para darnos unos obsequios: una tarjeta de membresía bronce de ‘amo' que permite acumular puntos en las visitas, una carpeta plástica para guardar hojas y finalmente foto tipo polaroid con ella.

La experiencia fue muy divertida y es algo que se queda grabado en la mente de cualquiera. ¡Hasta la próxima visita!

Rolando José Rodríguez De León es Profesor titular de la Universidad de Panamá y Doctor en Comunicación Audiovisual y Publicidad.

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