Cultura 06/12/2018 - 12:00 a.m. jueves 6 de diciembre de 2018

Antonio Rodríguez Del Villar, caída del velo de hipocresías y omisiones

Ella desconocía que su abuelo había trabajado en la Normal de Santiago, antes de iniciarse nuestro intercambio de correos

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Aristides Ureña
opinion@laestrella.com.pa

Era un caluroso día de julio del 2008 y nervioso esperaba en Tocumen a la profesora Ana Teresa Rodríguez, docente en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, Venezuela. Apenas superados los controles aduanales y una vez cumplido el rito obligatorio de cordialidades de recíproca amistad, nos dirigimos al hotel en el centro de la capital de Panamá.

Ansioso por controlar la montaña de materiales (artículos, catálogos, cartas y fotos), nos sumergimos en un tour increíble de preguntas y respuestas.

Ana Teresa es la nieta del artista español Antonio Rodríguez Del Villar y nos encontrábamos en contacto cotidiano desde hacía un año, dado que compartíamos un interés común: investigar sobre la vida de Don Antonio, que vivió en Florencia, Italia. Trabajó en Panamá y en Santiago y murió en Caracas en 1971 a la edad de 91 años. Ana Teresa compilaba los datos para la publicación de su biografía.

Ella desconocía que su abuelo había trabajado en la Normal de Santiago, antes de iniciarse nuestro intercambio de correos. Entre el sinnúmero de artículos que llenaban sus carpetas, había algunos sobre las obras del monumento del Parque Santa Ana (1936), de algunos bustos realizados en Panamá, entre los cuales se encontraban varios de Roosevelt y Abelardo Herrera en Aguadulce (1935), además de las muchísimas fotos a las que ella no lograba dar ubicación. Por eso su visita a Panamá en busca de datos sobre los trabajos escultóricos de su abuelo.

Se sintió fuertemente atraída por lo que yo le había informado sobre mis investigaciones, haciéndole, además, partícipe de todas mis intuiciones acerca del trabajo de Don Antonio en la Normal de Santiago.

Es así como, lentamente, observando cada foto, estudiando sus particularidades entre ellas, encontré la foto que aquí presento y que era el primer documento fotográfico sobre la Normal.

¡Casi me muero! Lloré como un niño, colmado de miles emociones. Sentí que Don Antonio, desde muy lejos, me había puesto en su sendero. Se trataba del molde del frontis superior de la Normal de Santiago, ‘la alegoría a la patria', y junto a esta, las demás fotos de las decoraciones del Frontal.

El hecho es que esta certeza venía a romper con el velo de hipocresías y de memorables omisiones —causadas, tal vez, por distracciones en las trascripciones o por pobreza intelectual— sobre el autor del vestíbulo y creador del frontis de la Escuela Normal de Santiago; hipocresías y omisiones, sobre todo, contrarias a la despierta y luchadora intelectualidad panameña, cuyo interés se basa en poner de relieve la verdad histórica y que se encuentra tan lejos de las acomodadas y dominantes pseudointelectualidades de turno.

EL FRONTIS

Luis Caselli, arquitecto de la estructura de la Escuela Normal, concede a colaboradores (escultores extranjeros) proponer, con toda libertad, algún prototipo, escogiendo la actual fachada entre dos modelos diferentes. Entre ellos, como si a través de esta, respondiese a una voluntad de embellecimiento de la estructura y no de búsqueda de contemporaneidad estilística. Y es así que son los escultores españoles Miguel Villa y Rodríguez Del Villar quienes presentaron sus proyectos, modelos que resultan muy interesantes para los estudiosos, ya que ambos dan un punto imprescindible de inicio a la comprensión de las razones que están en la base de la problemática estilística. Estas libertades darán una versión estilística de la fachada completamente diferente a la estructura de la entera construcción. Es por eso que cuando hablamos de la Escuela Normal se debe hacer referencia estilista al proyecto arquitectónico (el edificio) por una parte y al lenguaje de la fachada por otra, contraposición que, sin embargo, ha producido una obra única en su género y de auténtica originalidad en nuestro Panamá.

Interesante es la segunda hipótesis del ‘frontis', aquella que no tiene aceptación, de que es realizada por el olvidado pintor Miguel Villa, quien compartió con Don Antonio vivencias en la Colombia de los años 1920 al 1930, ambos muy amigos. Además, Pedro Villa, hermano de Miguel, quien se distinguía particularmente en las copias de las obras de los grandes maestros europeos, vendiéndolas a buen precio, así como Miguel, que es conocido más por ser pintor que escultor. Por eso, resulta extraña la presencia de su proyecto para el ‘frontis' de la Escuela Normal.

Entre los documentos por mí estudiados existe esta versión dibujada en plano arquitectónico y coloreada a lápiz. Firmada por Miguel Villas (archivo I.D. Nacho Valdés). Esta imagen tiene estrecha relación con la realización de esta obra y es una fiel reproducción del Frontis de Miguel Villa, con la diferencia de que esta obra está realizada por: G.M. Montfor y firmada en junio 1938 (me reservo aclarar más adelante su autenticidad), sospechoso autor que conocía muy bien la versión dibujada por Miguel Villa; sin embargo, nos ayuda a comprender las opciones presentadas a Caselli.

Esta versión no realizada recuerda los edificios Vieneses y Modernistas Deco, el estilo exótico que recorría los finales del siglo XIX hasta el inicio del año 1920 en Europa. Se observa la utilización de estucos, tal vez, dorados o claros, sobre fondo color verde, reflexiones de ‘ecos estilísticos', de ‘Mix de motivaciones estéticas', que nos ayudarán a bien interpretar el trabajo del actual frontis realizado por Antonio Rodríguez De Villar, y que algunos dan por Barroco y Plateresco.

Tomado de ‘El Escorial de América, los misterios de las decoraciones de la obra veragüense .

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