Cultura 07/07/2019 - 12:00 a.m. domingo 7 de julio de 2019

Anime de pre-guerra

La animación japonesa, que hoy cuenta con una buena cantidad de admiradores, no es una creación reciente. Sus inicios datan de principios del siglo XX, con la incursión de reconocidos caricaturistas

El mundo del poder y las mujeres

El mundo del poder y las mujeres

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Rolando Rodríguez De León
periodistas@laestrella.com.pa

Cuando pensamos en animación japonesa, salta a nuestra mente lo que vimos en las décadas del 70, 80 o 90 mientras crecíamos, Astroboy, Mazinger Z, Pokemon, Evangelion y One Piece, entre otros, pero en realidad, la historia de la animación japonesa empieza a inicios del siglo XX, con joyas poco conocidas y excelentes animadores.

Los pioneros

Durante la última década del siglo XIX, el público japonés disfrutó de las películas que llegaban desde Europa y Estados Unidos, entre las que estaban también las primeras animaciones, que fueron bautizadas en Japón como Senga eiga (película dibujada a líneas) y mucho más tarde re-bautizadas como Doga eiga (imágenes en movimiento). Ellas calaron profundamente en el gusto nacional así que las productoras apostaron por crear las propias y en muchas ocasiones, aprendieron por ensayo y error.

Oficialmente la animación japonesa surge en 1917 con Hekoten ‘Oten' Shimokawa, caricaturista que adaptó su personaje Imokawa Musuko para hacer los primeros cortos, tal como Mukuzo Imokawa el portero ( Imokawa Mukuzo Genkanban no Maki , 1917) con aproximadamente cinco minutos de duración.

Shimokawa trabajaba de forma ‘experimental' dibujando con tiza sobre un tablero o entintando directamente la película, lo que terminó afectando su visión. Después de haber creado cinco cortos animados abandonó la animación, pero nunca dejó a un lado su trabajo de caricaturista.

‘facetA< Gracias a Kitayama leyendas nacionales e internacionales cobran vida en la pantalla, y como muchos de la siguiente generación de animadores fueron sus discípulos, aprendieron sus técnicas y llegaron a ser renombrados animadores'.
 

Tanto estudios como individuos se deciden por la producción de animaciones, Jun'ichi Kouchi crea La espada nueva de Hanawa Hekonai ( Hanawa Hekonai meito no maki , 1917) que es muy alabada por la crítica de la época. Seitaro Kitayama también se destaca como animador trabajando para la productora Nikkatsu y luego creó su propia productora, la Kitayama eiga Seisakujo. Algunas de sus creaciones sobresalientes son: El mono y el cangrejo ( Saru to kani , 1917), El gato y el ratón ( Neko to nezumi , 1917), Taro el centinela ( Taro no bampei , 1918) y Momotaro ( Momotaro , 1918). Gracias a Kitayama leyendas nacionales e internacionales cobran vida en la pantalla, y como muchos de la siguiente generación de animadores fueron sus discípulos en ambas compañías, aprendieron sus técnicas y llegaron a ser renombrados animadores.

Estos artistas crearon lo que hoy en día son los cortos —cualquier audiovisual de menos de 50 minutos de duración—, sin embargo, muchas de las obras antes mencionadas se perdieron por los incendios que siguieron al terremoto de Kanto (1923), pues el nitrato de celuloide, el material del que estaban hechas, era altamente inflamable capaz de combustión espontánea a temperaturas mayores de 38 grados Celsius.

Otro de los grandes fue Noburo Ofuji, quien trabajó el chiyogami , un papel translúcido llamativo por sus patrones y colores. Fue bautizado como el maestro del cut-out porque recortaba las figuras y las unía con bisagras para animarlas, recordando a las antiquísimas sombras chinescas. Desgraciadamente, en aquella época no existía la película en colores, solo nos queda imaginar cómo lucirían algunas de sus creaciones. Con aproximadamente veinte animaciones, la más famosa es La ballena ( Kujira , 1927) que en los años cincuenta, aprovechando la película en color, recreó utilizando celofanes translúcidos. Nuestro corto favorito es El gato oscuro ( Kuro nyago , 1929), una pieza en la que se aprecia la impresionante destreza del autor, ahora puede ser visualizada en Youtube.

Kenzo Masaoka

Hay muchos artistas que trabajaron en animación, Mitsuyo Seo, Ikuo Oishi, Waguro Arai y Yoshitaro Kataoka, entre otros. Sobresale especialmente Kenzo Masaoka, quien no en vano fue apodado ‘El padre de la animación japonesa'.

Masaoka utilizó una mezcla de técnicas, trabajó el dibujo sobre tableros y fue el primero en Japón en utilizar el celuloide para crear sus animaciones como lo hacía la factoría Disney. El material le permitía mayor fluidez en los movimientos, aunque su costo era alto, ya que debía ser exportado desde Estados Unidos, a pesar de lo cual hizo más de veinte trabajos animados.

En 1930 produce su ópera prima La absurda historia de la isla de los monos ( Nansensu monogatari dai ippen: Sarugashima ), con la que inicia su carrera en la animación, y al año siguiente presenta Historia de naufragios segunda parte: El barco pirata ( Nansensu Monogatari - Daini-hen - Kaizokusen ,1931). Entonces en 1932 crea la Productora de películas Masaoka ( Masaoka Doga Seisaku ), y es precisamente él quien acuñó el término Doga eiga .

A solicitud de la productora de películas Shochiku crea El mundo del poder y las mujeres ( Chikara to onna no yo no naka , 1933) estrenada hace 86 años el 15 de abril. Fue la primera animación sonorizada y hablada del Japón. A partir de 1934 incluye más secuencias animadas en celuloide y presenta El baile de la tetera ( Chagama no ondo ), Tres cuervos ( Samba karazu ), La pandilla y el bailarín ( Gyangu to odoriko ) y La venganza del cuervo ( Adauchi Karazu ) entre otras. Desgraciadamente, los altos costos de producción lo llevan a la quiebra, pero su gran afán de creación lo induce a unirse al estudio J.O., donde continua creando.

Masaoka no solo fue un gran animador, sino un maestro, mientras trabajó tenía aprendices bajo su tutela, que también fueron grandes animadores, tales como: Senjiro ‘Sanae' Yamamoto, Yasuji Murata, Tozou Masaki y Masao Kumagawa. Fue el jefe de animación de la Productora Shochiku en la que creó La araña y el tulipán ( Kumo to churippu , 1943), como se lee en la página de Anido: ‘Fue la única animación durante el período de guerra que no estaba dirigida al esfuerzo bélico de la época', que le valió la enemistad del gobierno.

Fue un maestro y como tal quiso que sus conocimientos fueran aprovechados por la generación de animadores que le seguirían. Gracias a un artículo de la Dra. Laura Montero Plata sabemos que ‘quienes entraban en el estudio de Toei Doga recibían un ‘libro de texto' donde el cineasta había resumido su conocimiento sobre la animación, un ensayo en el que se recogía tanto una larga disertación de 94 páginas, como un anexo de 38 ejemplos de ciclos de animación y otros aspectos técnicos del oficio, titulado Kenzo Masaoka, apuntes de clase sobre animación: práctica de la animación ( Masaoka Kenzo doga kogiroku Sakuga no jissai ).'

Muchos trabajos de estos artistas pueden visualizarse ahora en Youtube.

Rolando José Rodríguez De León es profesor titular de la Universidad de Panamá y doctor en Comunicación Audiovisual y Publicidad.

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