Política 21/06/2018 - 12:00 a.m. jueves 21 de junio de 2018

Dos visiones de la educación sorda

Una investigación de la realidad socio demográfica, comunicativa, educativa de los sordos, sus necesidades y competencias para el empleo

Ámbar C. Arjona
comunicacion@udelas.ac.pa

En el marco de la educación inclusiva, la comunidad educativa panameña, especialmente los docentes y padres, necesita información sobre las grandes perspectivas que orientan los modos de comunicación en la atención y la enseñanza de los niños y jóvenes sordos, de acuerdo con las necesidades de aprendizaje y el desarrollo integral de los mismos.

En primer lugar, la modernidad socio científica y tecnológica y los cambios en la educación especial hacia un enfoque inclusivo impulsan nuevas estrategias de atención a los niños y jóvenes sordos partir de dos grandes visiones sobre la sordera, a saber:

La Perspectiva Clínico-médica que se centra en el hecho biológico y orgánico de la discapacidad, el déficit, la etiología o causas, el diagnóstico, las clasificaciones y el tratamiento de la pérdida auditiva para prevenirla y dirigir su rehabilitación y educación con perspectiva conductista, a la oralidad, es decir, a hablar.

En la enseñanza, desde dicha perspectiva se privilegia el modelo auditivo-oral, que concibe a la persona sorda como un ser limitado e incompleto, carente de la audición normal que necesita de entrenamiento auditivo-oral, lectura labial, de procedimientos de amplificación mediante audífonos o el implante coclear.

La perspectiva socio-antropológica o socio-cultural de la sordera (Skliar, Massone y Veinberg, 1995), como una característica socio-cultural, considera al sordo como un ser sociolingüístico integrante de una comunidad minoritaria, la comunidad sorda, que tiene derechos y deberes sociales, en lugar de apreciarle como una persona que debe ser rehabilitada.

Entonces, del enfoque exclusivamente oralista, los sistemas educativos de los países, en Europa y en Norteamérica, modificaron los programas en las escuelas para dar paso a la educación bilingüe-bicultural de los sordos, reconociéndolo como sujeto bilingüe, dentro de una comunidad, culturalmente, diferente. Esta evolución es asignatura pendiente en Panamá.

El correspondiente modelo educativo bilingüe-bicultural, conocido como bilingüismo, reconoce la lengua de señas como la lengua materna natural de los sordos, visual y gestual, que debe adquirirse primero, antes que la lengua nacional, oficial del país o de los oyentes, la segunda lengua. En la práctica, no es fácil, porque con frecuencia, los niños sordos tienen padres y hermanos oyentes.

El biculturalismo significa una cultura Sorda (con mayúscula), diferente a la general, tiene sus modos de estar, asociarse, por ejemplo, en la Asociación Nacional de Sordos, y convivir como una cultura minoritaria, como otros grupos existentes en el país.

Estas concepciones son reafirmadas con el movimiento de defensa de los derechos de las personas con discapacidad, el liderazgo de sus asociaciones y las organizaciones internacionales, que promovieron los principios de inclusión y participación.

La Udelas (1997) es una institución clave en la formación, capacitación y perfeccionamiento de las competencias del talento humano destinado a la prevención, la atención y la valoración de riesgos en el funcionamiento y la autonomía de las personas y las comunidades.

Como tal, su misión, visión y valores, la identifican, en el desarrollo de sus grandes funciones, con las necesidades de las personas con discapacidad, particularmente, en la atención temprana, la educación centrada en la familia, el seguimiento pedagógico y clínico, la rehabilitación logopédica y adaptación de implantes cocleares a infantes y niños sordos.

Dichas funciones se desarrollan en dos grandes programas: el CIAES y el Centro de Atención a la Diversidad (CADI), el último de los cuales coordina intraprofesionalmente con las instancias de docencia, el apoyo a los estudiantes Sordos que siguen carreras diversas en la universidad.

Una investigación de la realidad socio demográfica, comunicativa, educativa de los sordos, sus necesidades y competencias para el empleo, cimenta el diseño y el desarrollo de una política social, educativa y lingüística integral hacia la comunidad sorda, tan diversa, como incomprendida.

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