Política 23/11/2017 - 12:00 a.m. jueves 23 de noviembre de 2017

Sobre la educación superior en las universidades públicas

Los estudiantes vienen a constituirse en un cliente al que hay que tratar benévolamente.

Eduardo Lebrija
comunicacion@udelas.ac.pa

Juan Antonio Susto, biógrafo del padre de la instrucción pública en Panamá, refiere que el 2 de enero de 1868, al hacerse cargo de la Escuela Pública del Estado, el Ingeniero Manuel José Hurtado Díaz pronunció un emotivo discurso en el que señalo que tenía ‘una sólida fe, puesta en la instrucción pública como instrumento de felicidad común y como elemento indispensable de armonía, de concordia y de prosperidad'. Añadió a estos conceptos otros no menos importantes al destacar que ‘la gratuidad y obligatoriedad como medio más eficaz para difundir la enseñanza, vigorizará a nuestra juventud mediante el estudio, lo que contribuirá a formar hombres consecuentes con sus actos, firmes de carácter y de costumbres civilizadas'.

La educación es misión del Estado, consagrada en la mayoría de las naciones del mundo en sus respectivas constituciones. La universidad pública es un elemento esencial de tal cometido y son las instituciones de educación superior de carácter público las que tienen a su cargo la formación emancipadora y crítica de la juventud, a través de dos principios rectores, a saber: los valores de la moral y de la verdad. Y en su visión holística, comprendiendo la existencia toda, formar profesionales en las distintas áreas del conocimiento, realizar investigación científica y llevar a la sociedad mediante una extensión amplia, los frutos de la profesionalización y la producción de conocimientos.

La universidad pública es la conciencia de la sociedad. De ella emerge defensa de lo colectivo por encima del bienestar individual; realiza una crítica permanente de lo que ocurre y de aquello que lo genera; contempla la solidaridad y la cooperación y transmite la cultura sin parcializarse sólo en la ciencia, analiza a la naturaleza y al hombre, en sus diferentes entornos sociales cambiantes, siempre cuestionándose quién educa, sobre qué educa y cómo lo hace, cambia dialécticamente y hermana lo científico con lo humanista, para no profesionalizar hombres incultos e inconscientes de la sociedad a la que se deben.

Así, se rebasa la aplicación del método científico a un limitado círculo de problemas, para ampliar su interés, mediante la comunidad del trabajo, a la existencia total y generando un programa de actualización de la enseñanza de las ciencias, las humanidades, las artes y la tecnología, contribuyendo a la creación de un mundo mejor, justo, libre y democrático.

La universidad pública es puerta de entrada para las clases medias y baja, por lo que fortalecen la cohesión social, la formación del capital humano y la difusión del conocimiento en sectores vulnerables, contrarrestando la inequidad social y coadyuvando al desarrollo económico-social; por lo que estas instituciones han sido verdaderamente influyentes y fundamentales para la construcción y reforzamiento de los valores democráticos, y como lo apuntan muchos autores, han contribuido a la expansión económica a largo plazo como propulsoras de nuestra cultura y herencia

En toda la región latinoamericana y del Caribe, incluyendo Panamá, han sido las universidades públicas en las que recae el mayor porcentaje de la matrícula (75%) y más del 80% de la investigación científica realizada, por lo que el impacto potencial directo en el incremento del ingreso general es significativo.

Las características de la universalidad de las áreas de conocimiento en las universidades públicas, así como la cuasi-gratuidad de la enseñanza y las áreas especiales y vulnerables de parte de sus ubicaciones, así como de las poblaciones objeto de la extensión universitaria, obligan a que el análisis de su productividad, así como de la relación entre insumos empleados y producto obtenido, merezcan un tratamiento diferenciado de un negocio o al practicado en las universidades privadas.

Estas últimas se mueven estrictamente por las fuerzas del mercado y el análisis de sus resultados, a través del costo-beneficio. Los estudiantes vienen a constituirse en un cliente al que hay que tratar benévolamente. En dichas instituciones no hay profesionalización de matemáticos, físicos, biólogos, filósofos, historiadores, músicos, pintores, en general profesionales de la cultura y en áreas especiales de la salud y educación, como la atención a los discapacitados y problemas de aprendizaje.

Las universidades públicas son un pilar y pueden aún ampliarlo significativamente con apoyo gubernamental, del sistema nacional de innovación; en la medida en que juegan un papel clave, tanto en la formación de recursos humanos como en la investigación, tienen el potencial de afectar la capacidad de la economía y de la sociedad para adaptarse con éxito al mercado globalizado.

Las universidades públicas deben tener el apoyo coordinado del Estado; sin él, fracasarían en su intento de modernizarse y fortalecer sus capacidades de enseñanza e investigación.

Nos encontramos en una región muy desigual, en la que Panamá, junto con Brasil, representan dos de los países en donde la distribución del ingreso es más injusta; que ante tal evidencia, organismos como la Cepal han establecido que el reto más importante de los próximos años es combatir tal inequidad, porque no sólo es un obstáculo al crecimiento y desarrollo económico, sino que representa un peligro para la estabilidad social.

Fuentes bibliográficas: Biografía de Manuel José Hurtado; Universidad Pública de Pablo González Casanova; Universidades Públicas, Cepal; Diálogos de Platón.

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