Política 17/05/2018 - 12:00 a.m. jueves 17 de mayo de 2018

La reinvención del futuro universitario de Panamá

El segundo elemento es la visión profesional: esto es, la formación de las élites universitarias para el servicio

Gregorio Urriola Candanedo
comunicacion@udelas.ac.pa

La universidad panameña es tributaria de cuatro modelos universitarios. En su base, el modelo salmantino, heredero a su vez del boloñés primigenio de la Europa pre-moderna, el cual signa nuestra base común con todas las universidades de Occidente y del que deriva la división en facultades, la clase magisterial y el cuño oficial o monopolio para la emisión de títulos.

El segundo elemento es la visión profesional: esto es, la formación de las élites universitarias para el servicio, en primer lugar, del Estado nacional en sus funciones básicas de proveedor de educación y salud pública, y de ingenieros y técnicos para las tareas de defensa, justicia interior, y el desarrollo nacional, tal cual Napoleón lo ideara para la administración de su imperio. Nuestra tercera raíz son los ‘Cow Colleges' norteamericanos, con orientación extensionista y de vinculación a las tareas del desarrollo rural e industrial. El cuarto componente de nuestra genética institucional lo es el modelo humboltiano, que hizo de la investigación el centro de la misión universitaria y que se corresponde con la visión de Bismarck de acelerar el desarrollo alemán para alcanzar y sobrepujar el de sus rivales coetáneos del viejo continente.

Por último, el elemento más reciente de esta historia de fertilización cruzada, nos llegó del Sur del continente. El movimiento gestado en la Universidad de Córdoba en 1918 tuvo su impacto aquí, no tanto en la estructuración de la naciente Universidad de Panamá, sino en su reforma tras el golpe de 1968.

La re-apertura de la Universidad de Panamá en los años 70 dio pie a la adopción del co-gobierno universitario en una versión matizada por el centralismo torrijista de corte cuasi napoleónico. Es decir, de la Reforma de Córdoba la universidad panameña pública inserta algunos elementos de gobernanza que se acompañaron con masificación de la matrícula y el acelerado proceso de creación de centros regionales en todo el territorio nacional.

Como se sabe, tanto el extensionismo estadounidense como la universidad de investigación germana calaron poco en nuestro impronta. No obstante, en un momento posterior de nuestra historia, el tándem Torrijos-Levi dará paso a la conformación de la Universidad Tecnológica de Panamá, en donde de mejor manera, una dosis de extensionismo se compadecerá mejor con las demandas de la transformación de las estructuras socio-productivas dentro de una modernización desarrollista incipiente.

Esta es la génesis ideológica de nuestro modelo universitario, el cual padecerá los correctivos de gobernanza y del regulacionismo financiero que las políticas neoliberales pusieron en boga en los años noventa del siglo pasado. Se colocaron ciertas cotas a la autonomía académica vía la evaluación de la calidad con fines de acreditación por entes externos; y se atenazó draconianamente la autonomía financiera mediante un control del gasto universitario; un control que ha acabado por ser un intervencionismo flagrante en la vida total de la universidad misma. Así nos encontramos hoy a cien años de la gesta contestataria de Córdoba.

Así como, Napoleón vio que Francia revolucionaria sin una administración eficaz no podría ser un estado potente. Así como los Estados Unidos tras una guerra civil reconocieron que no podrían ser una nación pujante sin centros educativos superiores donde un alto porcentaje de su pueblo pudiera elevar la productividad del campo y las ciudades y aumentar su propia riqueza y consumo. Así como el Canciller de Hierro junto a Humbolt decidieron que la pequeña Prusia daría un paso estratégico para disputarle hegemonía a las potencias de su tiempo produciendo ciencia y tecnología de la más alta calidad. Así nuestra pequeña Panamá necesita hoy de una administración inteligente que auspicie y formule un pacto nacional mediante el cual el grueso de la población pueda acceder a las vías para sostener una nueva etapa de nuestra historia y ser el centro geoestatégico que podemos ser y no solo albergar. Seamos realmente y para nosotros mismos, aquí y ahora, lo que el Istmo de Corinto lo fue para los griegos (Bolívar dixit).

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