El Papa en Panamá 25/01/2019 - 11:04 a.m. viernes 25 de enero de 2019

El testimonio de Luis Martínez, un joven privado de libertad, al papa Francisco

Lo que espero, o cómo me veo en un futuro, es siendo un chef internacional y un técnico de refrigeración especializada. Espero darle esa alegría a mi madre


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Redacción La Estrella de Panamá
periodistas@laestrella.com.pa

Santo Padre,
 Bienvenido al centro de Cumplimiento de Las Garzas de Pacora.

 Mi nombre es Luis Óscar Martínez y tengo 21 años de edad.

Mi vida ha sido difícil; al cumplir un año de edad, mi padre abandonó a mi madre. Ella siguió la batalla de la vida, no sólo conmigo, sino con mi hermana y mi hermano.
Cuando iba creciendo sentía que me faltaba algo, que había un vacío dentro de mí. Hoy sé que es algo que faltaba era la voz de un papá que me guiará con amor.

En el 2015 Dios tocó mi corazón y tomé una decisión de aceptar a Cristo como mi Señor y Salvador. Ese día volví a tener un papá. 

Pero tiempo después tropecé, y cometí un delito. No imaginé que tendría consecuencias graves como perder a parte de mi familia, mis estudios y estar en un lugar como este.

Causé un daño muy profundo a un ser querido y a mí. Cuando me detuvieron en abril de 2016, creí que todo había acabado. Al principio fue duro  convivir con otras personas privadas de libertad, pero cuando me trasladaron al Centro de Cumplimiento de Pacora, meditando una noche algo me dijo que no todo había terminado porque mi propósito es grande. En ese momento comprendí que mi padre Dios estaba conmigo, y que si estoy en este momento hablando con usted es por gracia y amor de parte de Dios, mi Cristo amado. Me siento agradecido, porque puso aquellas personas en caminar para ayudarme a poder culminar mis estudios secundarios y lograr cambios de mi vida. Lo que espero, o cómo me veo en un futuro, es siendo un chef internacional y un técnico de refrigeración especializada. Espero darle esa alegría a mi madre y estar en comunión con aquella parte de mi familia que perdí. 

También quisiera darle las gracias a usted. Le agradezco que como servidor de nuestro Señor Jesús tomé el tiempo de escuchar a un joven privado de libertad como yo. No hay palabras para describir la libertad que siento en este momento.

 Gracias por eso.

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