El Papa en Panamá 31/01/2019 - 12:00 a.m. jueves 31 de enero de 2019

Las flores de la niña panameña que llegaron al Vaticano

Danna obsequió una pintura y un ramo de rosas blancas que luego el papa colocó en el altar de la virgen Santa María la Mayor, en Roma, para agradecer por su exitoso viaje a Panamá

Danna Valencia Anturi también entregó una pequeña carta a Francisco. / Danetzy Antury
Danetzy Antury

Danna Valencia Anturi también entregó una pequeña carta a Francisco.

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Marlene Testa
mtesta@laestrella.com.pa

El lunes 28 de enero, un avión procedente de Panamá que transportaba al papa Francisco aterrizó en Roma. La siguiente imagen que mostraron los medios al mundo fue la del pontífice orando de rodillas en la Basílica de Santa María la Mayor (Roma) para agradecer por el éxito que tuvo la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2019. En sus manos, una ofrenda para la virgen: un ramo de flores blancas, pinochos amarillos y hojas verdes. Y aunque colocar el obsequio al pie de la virgen es una costumbre que Francisco practica al regresar de cada viaje, el ramo que sostenía este lunes encarnaba una historia de perseverancia, fe y devoción panameña.

Las flores eran regalo de Danna Valencia Anturi, una niña panameña de siete años que esperó frente a la Nunciatura al Sumo Pontífice todos los días que duró su visita. Para asistir a los eventos de la jornada juvenil, Francisco pasaba cuatro veces por la calle donde está la plaza Centro Comercial Albrook Gardens, que queda junto a la Nunciatura, y donde la mamá de Danna tiene una floristería. Cada vez que el papa hacía el recorrido, los vecinos, incluyendo a Danna, tenían algo distinto que ofrecerle. Estaban en vigilia permanente. La mamá de la pequeña cuenta: ‘Queríamos tener su gracia, su mirada , su bendición'.

La florista escogía las mejores rosas para hacerle arreglos al Pontífice. Quería demostrar el aprecio y respeto que sentía su familia por él. Danna intentó obsequiarle primero una pintura: un jarrón chocolate con flores rojas y rosadas que llevaba su firma.

El jueves, el tercer día de la visita del Pontífice, decidió entregar personalmente el cuadro. Ese día, ella llegó con su mamá y su hermana a las cinco de la mañana a la floristería. A las siete, cuando el papa salió de la Nunciatura, Danna, con la pintura en sus manos, corrió detrás del carro que lo transportaba, en medio de los gritos de otros devotos que la animaban, pero no logró alcanzarlo.

A pesar de este primer tropiezo, nunca se dio por vencida. Tenía un plan para atraer la atención del papa. Escribió un letrero inmenso que decía: ‘Este cuadro es para ti, papa'. Sacaba el letrero y el cuadro todos los días, cuando el pontífice entraba y salía de la Nunciatura.

En la noche, la mamá de la niña, cómplice de esta aventura, decidió encender focos navideños en las barandas de seguridad, alrededor del letrero y del cuadro. Pero esto tampoco funcionó: había mucha gente en el área que impedía que el papa y la niña se encontraran. Entonces, Danna decidió trepar a una escalera con el cuadro y el letrero en sus manos. ‘Este cuadro es para ti, papa'.

Como el que persevera con amor y fe logra las cosas —reflexiona ahora la mamá de la niña— pasaron jueves y viernes sin el encuentro con Francisco; pero el sábado los escoltas se detuvieron frente a la niña. ‘El papa se va a bajar, se va a bajar', gritaba eufórica la gente. El pontífice alcanzó a ver a la niña, pero siguió su camino.

Cuando llegó el domingo y concluía la visita del papa en Panamá, la mamá de Danna decidió conversar con uno de los escoltas en un último intento por cumplir el sueño de su pequeña. ‘Mi hija tiene un cuadro que quiere entregar al papa', dijo. ‘Vamos a ver qué podemos hacer', contestó el guardia que recordó que era la dueña de la floristería que hacía los arreglos de flores y ponía alabanzas.

Llena de emoción, la mamá de la niña se apuró a hacer dos ramos, con siete rosas blancas cada uno, con pinochos amarillos y follajes verdes para representar los colores del Vaticano y de la esperanza. Era un ramo para que cada una de sus niñas entregara uno al papa.

Eran las tres y quince del domingo. El papa se preparaba para salir de la Nunciatura. Esta vez no regresaría. La JMJ había concluido y el santo padre debía partir a un largo viaje con destino a Roma.

La dueña de la floristería preparó globos blancos y amarillos para los niños que estaban en el área y pequeños ramos de flores para que las mamás se despidieran del papa.

Finalmente, los esfuerzos dieron sus frutos. Para su sorpresa, el escolta salió de la Nunciatura y señaló con un dedo a Danna: ‘Tú, ven, gesticuló'. La niña caminó hacia el guardia que la condujo hasta las puertas de la sede diplomática del Vaticano.

La mamá ansiosa esperaba con su otra hija en brazos y solo dijo: ‘hágase tu voluntad'. El papa salió al encuentro de la pequeña que entregó el cuadro y el ramo con una bandera panameña. ‘Gracias papa, esto es para ti', dijo Danna. Él le dio un beso en la mejilla, la bendijo y le obsequió un rosario.

Al encuentro con la mamá, la niña recordó que el papa colocó el ramo en el carro donde se transportaba. ‘No paré de llorar. Al fin las flores llegaron al papa', recuerda la mamá.

El lunes, ella recibió una llamada de un familiar agitado. No paraba de gritar de la emoción. Danetzy, mira las flores que el papa puso en el altar en Roma, es el mismo ramo que tú hiciste. le dijo. Ella no podía creer lo que escuchaba.

‘Nunca pensé que las flores que con tanto cariño hice fueran a reposar en el altar de la virgen, en Roma', dice, al tiempo que se le quiebra la voz.

Las imágenes salieron en los medios de comunicación, pero nadie sabía cómo ese ramo había llegado hasta el altar en Roma, una historia de fe que unió a una mamá y a sus hijas y que demuestra el fervor de los católicos durante la visita del papa Francisco a Panamá.

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