Columnistas 18/07/2019 - 11:23 a.m. jueves 18 de julio de 2019

¿Xenofobia en Panamá?, una reflexión sobre el concepto 

Pese a todo, estableciéndose el vinculo o no entre el anteproyecto y su autora con la xenofobia, es importante aclarar que el objetivo de regular la entrada de migrantes al país no es por ello condenable: se trata de un proceso ordinario que todo país realiza en alguna medida, y si tiene falencias, será necesario corregirlas. 

Juan España
opinion@laestrella.com.pa

En días pasados, la diputada Zulay Rodríguez presentó un anteproyecto de ley que pretende adicionar artículos al Decreto Ley 3 de 2008 sobre el Servicio Nacional de Migración de Panamá, con lo cual se buscaría regular la entrada de extranjeros al Istmo. Sin embargo, el polémico documento -añadido a las declaraciones de la propia parlamentaria- han generado todo un debate en torno a la reaparición de la xenofobia en el territorio panameño, con lo cual se torna necesario examinar el cacareado concepto a fin de brindar unas guías generales sobre el mismo y a su vez recordar que esta controversia podría estar ocultando un debate de mayor importancia para la nación.

De este modo, el propósito de este escrito no consistirá en indagar en los orígenes foráneos de la diputada Zulay, buscando con ello ironía o quizás una hipocresía inherente a su discurso, ni mucho menos se busca hacer memoria de lo ya muchas veces repetido, esto es, nuestra conocida historia en torno a la exclusión de ciertos grupos de individuos por razones de etnia, como se evidenció en su momento en la primera mitad del siglo XX (en documentos como la Constitución de 1941 impulsada por Arnulfo Arias Madrid). Por el contrario, el enfoque consistirá en dar algunas luces sobre el concepto de xenofobia y al mismo tiempo ofrecer una interpretación sobre lo que esta polémica parece estar ocultándonos, ya sea deliberadamente o no. 

Para el primer objetivo, los académicos Ronald R. Sundstrom y David Haekwon Kim, en su texto ‘Xenophobia and Racism’ publicado en la revista ‘Critical Philosophy of Race’, ofrecen una definición de la xenofobia desde una óptica distinta. Para ello alejan al concepto de su definición netamente etimológica, que establece que la xenofobia es el miedo a los ‘otros’. Este alejamiento se debe a que el miedo no es el único elemento, ni necesariamente el más importante, involucrado en la xenofobia. 

Por ello, en vez de relacionar a la xenofobia con una emoción particular, ambos teóricos propondrán que el principio básico de este fenómeno sería la exclusión cívica u ostracismo cívico. Más para comprender esta definición de xenofobia cabe recordar que nuestra vida colectiva nos forma a todos de una manera profunda, incluso cuando estos elementos e influencias pasan desapercibidos por el agente o agentes en cuestión. Es lo que el filósofo Charles Taylor denominó como imaginario social, una idea que implica los modos en los que las personas imaginan su existencia en sociedad, cómo se acomodan y relacionan con los demás, las expectativas que tienen, etc. 

Estas expectativas consisten, por ejemplo, en tener un acceso equitativo a bienes, trabajo, relaciones y estatus; a su vez, esto debe complementarse con el mismo acceso a ser protegido de igual forma por la ley. Además, este proceso debe estar infundido y reforzado por ciertas prácticas culturales de carácter inclusivo. Sin estos reconocimientos, estaríamos privando al agente en cuestión -un extranjero- de ser incluido dentro de una sociedad y todo lo que esa aceptación le concede en materia de derechos y acceso a bienes. 

Los autores añaden algo más, y es que existe una variación en intensidad en cuanto al nivel de exclusión. La teórica política Hannah Arendt nos provee de un ejemplo para ilustrar este último elemento con mayor claridad, al comparar el acceso en derechos que tiene un criminal y un refugiado. El primero, pese a haber quebrantado la ley, retiene ciertos derechos en virtud de pertenecer a un Estado nación, más el refugiado carece de derechos concretos añadido al hecho de encontrarse sin un Estado nación (ya sea porque no lo posee, porque debió huir a causa de un conflicto armado o por otras razones). Ciertamente hay una serie de tecnicidades que se olvidan en este ejemplo (desconocemos de qué tipo de criminal o refugiado hablamos, cuáles son las condiciones, etc., ya que hay distinciones entre estos), pero el punto de Arendt sirve para indicar que dependiendo de las circunstancias y el contexto, empleando al criminal y al refugiado como casos extremos, tendremos una variación en intensidad en cuanto a exclusión.

De estas variaciones de intensidad, explican Sundstrom y Haekwon Kim, una de las formas centrales -o más extendidas- en que se expresa la xenofobia como ostracismo cívico se manifiesta cuando a un sujeto se le hace sentir que no pertenece a la nación. Esto puede ocurrir por medio de legislaciones que de forma explícita o implícita promueven esta exclusión, pero lo más relevante aquí es que dicha exclusión estaría basada en una serie de atribuciones que colocamos sobre un sujeto vulnerable y que aluden a que este no pertenece adecuadamente a la comunidad cívica. Aquí hay que hacer una diferenciación importante, porque dicha exclusión no consiste en un reclamo contra el sujeto, donde se le achaca que no pertenece legalmente a la nación que le recibe, más bien, los autores apuntan a que la xenofobia es una idea asociada con un conjunto distinto de actitudes y efectos, junto con creencias, que se refieren a la inclusión y exclusión nacional.

¿Califica el anteproyecto de la diputada Zulay como una legislación que busca excluir a los nacidos en el extranjero? En tanto que promueva un ostracismo cívico contra ciertas comunidades podríamos establecer que este es el caso, esto es, que los coloca en una situación de desigualdad frente a sus pares nacionales. Pese a todo, estableciéndose el vinculo o no entre el anteproyecto y su autora con la xenofobia, es importante aclarar que el objetivo de regular la entrada de migrantes al país no es por ello condenable: se trata de un proceso ordinario que todo país realiza en alguna medida, y si tiene falencias, será necesario corregirlas. 

Sabemos que los decretos 167 y 168 han incrementado el número de regularizaciones de extranjeros, siendo el cambio más palpable el que aconteció entre 2016 y 2017, cuando se pasó de 4,614 regularizaciones a 22,375, según estadísticas del Servicio Nacional de Migración de Panamá. En total se han regularizado a más de 60 mil extranjeros desde 2016 hasta la fecha. A ello le añadimos que en 2019 se otorgaron unos 21,803 permisos de trabajo, que fueron emitidos por el Ministerio de Trabajo, de los cuales la mayoría son de carácter humanitario (12,875). 

Más al final se tratan de estadísticas aún superficiales que mal interpretadas pueden terminar en anteproyectos que no brindan una solución a un fenómeno que aún no tenemos del todo claro. Y recordamos que las anécdotas no cuentan como evidencia, solo los estudios científicos, es decir, más de uno. Esto nos indica que hace falta que realicemos investigaciones que permitan ofrecer un panorama más claro sobre lo que acontece en el país en torno a la migración y hasta que punto los extranjeros supuestamente están abusando de los “beneficios” que el Estado les ha otorgado.

Y aquí es donde entramos en el segundo punto, pues todo lo anterior aparenta ser la puesta en escena de una tragicomedia que ni siquiera podemos calificar con certeza de xenofobica como se observó en un párrafo anterior, de modo que aparenta ser más un simulacro que esconde otra cosa, tal como indicaría el filósofo Jean Baudrillard. Para revelar lo que está detrás del telón importa mucho observar el contexto sobre el cual surge el anteproyecto de Zulay, pues antes que este documento generase tanta atención y polémica tanto en medios como en las redes sociales, en la Asamblea Nacional -según el Latinobarómetro tiene una confianza del 26%- se había presentado un proyecto de ley que buscaba reformar el reglamento orgánico de régimen interno de esta institución, entre cuyas modificaciones se propone cortar el salario a los diputados que tengan varias ausencias. 

Es por ello curioso cómo es que aparece en el debate nacional la parlamentaria y su anteproyecto. Ya sea que fuese intencional o no, no estaría mal averiguar cuántas ausencias han acumulado los diputados que aparan este anteproyecto migratorio y que ha robado tanto protagonismo. 

 

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