Nacional 19/07/2019 - 12:00 a.m. viernes 19 de julio de 2019

El vuelo de las garzas, las estatuas ausentes y los murales destruidos

En 1922, el presidente Belisario Porras había recibido como obsequio dos garzas del poeta Ricardo Miró. Desde entonces, estas aves han sido la razón por la que a la Presidencia se le conoce como el Palacio de las Garzas. El traslado de estos animales al Parque Summit desató una polémica

El vuelo de las garzas, las estatuas ausentes y los murales destruidos

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Rommel Escarreola Palacios
redaccion@elsiglo.com.pa

En las riberas del océano Pacífico y con la panorámica vista de la Cinta Costera, se encuentra el emblemático Casco Antiguo, espacio histórico donde está la sede del Palacio presidencial, construida en 1673. Allí también estuvieron en el patio central —con su piso de mármol, una fuente y columnas de concha nácar— las cuatro garzas que históricamente han habitado este lugar.

En 1922, el presidente Belisario Porras había recibido como obsequio dos garzas del poeta Ricardo Miró. Desde entonces, estas aves que un día alcanzaron a ser nueve —simbolizando a las nueves provincias— han sido la razón por la que a la presidencia se le conoce como el Palacio de las Garzas. El traslado de estos animales al Parque Summit hace un par de años desató una polémica.

‘Existe una diferencia entre la concepción de las garzas como símbolo de la panameñidad y su estadía en la presidencia, entre el pasado que busca construir su identidad y el presente, donde son vistas como una decoración anacrónica, por lo que es necesario hacerlas volar del recinto presidencial'.
 

La fauna panameña con su sinfín de aves, como la garza, por ejemplo, ha servido de inspiración a los poetas de inicios de la vida republicana, en cuyos poemas vemos recorrer las aves nacionales: gaviotas y garzas como sustitutos de las simbólicas y exóticas cigüeñas y cisnes de la poesía modernista. Las garzas, por ende, simbolizan la panameñidad.

En ‘Garzas cautivas', Ricardo Miró describe a las garzas obsequiadas a la casa presidencial:

‘En el patio andaluz, adonde apenas/ penetra el sol en ondas fugitivas, / inmóviles, calladas, pensativas, / hay, como un par de enormes azucenas, / dos garzas melancólicas, cautivas'.

Por ello, existe la diferencia entre la concepción de las garzas como símbolo de la panameñidad y su estadía en la presidencia, entre el pasado que busca construir su identidad y el presente, donde son vistas como una decoración anacrónica, por lo que es necesario hacerlas volar del recinto presidencial.

La visión de la sociedad actual panameña, sumergida en debates poselectorales, entierra con saña la memoria histórica. No se busca la esencia de la panameñidad, porque ella estorba a los burócratas sumergidos en la acumulación de riquezas. Una prueba palpable de esto lo encontramos en el díscolo proceder mercantil y la anticultura evidenciada en el retiro de las garzas, como parte de una cadena de acciones que busca su justificación en una errónea concepción modernista.

El velo sobre el pasado

La desaparición de las estatuas de los Juegos de Antaño, en el Parque Omar, donde existe una férrea presencia policial también es un reflejo de nuestra despreocupación por el arte y la cultura. Es una muestra palpable de la desviación de la conciencia histórica.

‘La fauna panameña con su sinfín de aves, como la garza, por ejemplo, ha servido de inspiración a los poetas de inicios de la vida republicana, en cuyos poemas vemos recorrer las aves nacionales: gaviotas y garzas como sustitutos de las simbólicas y exóticas cigüeñas y cisnes de la poesía modernista. Las garzas, por ende, simbolizan la panameñidad'.
 

La lección es una. En esta patria hay que acabar con todo lo que represente el glorioso pasado de nuestras tradiciones. Prueba de lo anterior fue la destrucción en este mismo parque de un mural pintado por 37 artistas nacionales y extranjeros que representaba la visión de la cultura, y que fue tumbado a punta de mazos, con los que ellos sellaron su torpe proceder para saciar su mediocre horizonte de una patria que borra su pasado, de un pueblo que se sumerge obscenamente en la ignorancia.

La ‘antipatria' recurre también al saqueo de las piezas arqueológicas del Museo Reina Torres de Araúz. Delincuentes y huaqueros han ocasionado un daño irreparable en un museo emblemático, que deberá permanecer cerrado al celebrarse los 500 años de la ciudad de Panamá.

El panameño y el extranjero no podrán apreciar, disfrutar y saciar su interés por una cultura autóctona, con una sociedad que se sienta orgullosa de su pasado y con una historia fortalecida por la identidad nacional. Nos preparamos para celebrar la fundación de la vieja ciudad saqueada por un pirata. Quinientos años después sobreviven los corsarios...

Parece que nada significan las garzas en el palacio presidencial. Con ello se evidencia claramente que la conciencia de la patria se agita en un sórdido caminar, donde el alma nacional es despojada de la autenticidad y panameñidad. Un sector oscuro que dinamita la conciencia patria, que hace gala del despunte económico y sacrifica el cierre de museos y la destrucción de murales en un aquelarre de ritos donde se enarbola la bandera de la ‘antipatria'.

Quizá Miró en su poema ‘Las Garzas' anticipaba nuestro futuro cuando señala:

‘Míralas... Su fatal melancolía / se disuelve en el raso de los cielos, / y al verlas agitarse se diría / que son como fantásticos pañuelos / con que al morir nos dice adiós el día'.

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