Nacional 01/09/2018 - 12:00 a.m. sábado 1 de septiembre de 2018

Volver a Bolívar

Parte final del discurso pronunciado por el Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia ‘El Patriota', en la Sociedad Bolivariana, el 22 de Junio de 1980

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Carlos Iván Zúñiga (1926-2008)
periodistas@laestrella.com.pa

Estos pueblos no desean gobiernos impuestos por la fuerza, desean gobiernos que sigan, en su génesis, la pauta fijada por Bolívar:

‘En los gobiernos no hay otro partido que someterse a lo que quieren los demás'.

‘Las repetidas elecciones —decía Bolívar— son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder, el pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía'.

‘Yo soy soldado y mi deber no me prescribe otra cosa que la ciega obediencia del Gobierno, sin entrar a examinar la naturaleza de sus disposiciones que sin duda son y deberían ser las más prudentes y justas'.
 

No creía en otro poder que en el que emanaba del pueblo: ‘Que la autoridad del pueblo sea el único poder que exista sobre la tierra'.

En otra de sus sentencias fundamentales, expresaba: ‘Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos'.

¿Qué hacer, nos preguntamos con ansiedad, ante la gravedad de los problemas contemporáneos?

Estos Pueblos de América deben luchar unidos para derrocar las tiranías, para eliminar los gobiernos que hacen imposible la unidad de los pueblos de América Latina y que convierten a los organismos regionales en simples academias de retóricos, sin respaldo en los pueblos como apuntaba, repito, hace más de un siglo José Cecilio Del Valle.

Los objetivos de Bolívar deben cumplirse para acabar con las infraestructuras autocráticas. Una América infectada de dictaduras militares debería recordar a Bolívar cuando dijo:

‘Yo soy soldado y mi deber no me prescribe otra cosa que la ciega obediencia del Gobierno, sin entrar a examinar la naturaleza de sus disposiciones que sin duda son y deberían ser las más prudentes y justas'.

‘Un soldado feliz —decía en otro momento— no adquiere ningún derecho para mandar a su patria. No es el árbitro de las leyes y del gobierno: es el defensor de su libertad'.

Y si pasamos la mirada por el vasto territorio de América, repetiríamos con Bolívar:

‘Compadezcamos mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que manda'.

¡Qué hacer, nos preguntamos!

Estos pueblos de América de hoy siguen buscando los modelos que sugirió Bolívar para nuestras instituciones. Bolívar era conocedor de la evolución de todos los sistemas políticos. Sugería un Órgano Legislativo equidistante del Ejecutivo:

‘…este cuerpo en las tempestades políticas pararía los rayos del gobierno y rechazaría las olas populares'.

Postulaba un Órgano Judicial que fuera garantía de la libertad civil y que estuviera rodeado de estabilidad e independencia. Sostenía que los jueces deberían ser escogidos popularmente para subrayar la independencia de estos. Para Bolívar la peor tiranía es la de los jueces sin probidad en su función de interpretar las leyes. Estos órganos de gobierno que siguen reclamando nuestros pueblos para ahogar las estructuras autocráticas que imperan en la mayoría de las naciones americanas.

Le dio a la cuestión electoral categoría de ‘Poder' del Estado porque para Bolívar:

‘…ningún objeto es más importante para un ciudadano que la elección de sus gobernantes'.

En su discurso de Angostura su pensamiento político lo define como arquitecto de un Estado moderno. Se pronuncia contra el sistema feudal, contra la monarquía, y a favor de las constituciones de los tres poderes, en la separación y limitación de los mismos. Rousseau, Montesquieu y el pensamiento sajón conformaron su genio, de todos recogió lo indispensable para edificar un sistema democrático sin precedentes en América.

En la obra de Bolívar se encuentran todos los ejemplos decorosos para acabar con los dictadores en América y poder iniciar en esta hora de suprema crisis la unidad americana con gobiernos democráticos y con pueblos responsables. Estos Gobiernos populares son urgentes porque los problemas de América se multiplican y si sensatamente la inteligencia de todos los ciudadanos y la capacidad de trabajo de todos, no se armonizan en torno a programas de contenido popular, para enfrentar y superar la crisis, estos pueblos nuestros serán ingobernables Además, su alternativa estaría definida en la anarquía o en la esclavitud.

Señores: En este homenaje a los hombres del Congreso de 1826 debe quedar como promesa volver al pensamiento unitario de Bolívar. Solo volviendo a Bolívar podrían nuestros pueblos unirse. Porque Bolívar a más de Libertador es el símbolo de un programa de Gobierno democrático y decente.

Volver a Bolívar como lo ha pedido América en todas sus décadas, como un día lo pidió Martí, el americano. O Palacios en Argentina; o Haya de la Torre en el Perú, o Arévalo en Guatemala o Vasconcelos, en sus buenas horas, en México; o Vicente Sáenz o Rafael Uribe, o Jorge Eliecer Gaitán y tantos otros predicadores también de una democracia económica, distributiva, bolivariana. Volver a Bolívar, como lo tienen fresco en la historia Liévano Aguirre, Lecuna, Townsend, Salcedo Bastardo, Porras Barrenechea, José de la Cruz Herrera, Ernesto Castillero, padre e hijo, y otros tantos cultores de su genio como García Monge y Manuel Roy.

Volver a Bolívar, lo que también implica como paso paralelo, urgente, volver con Bolívar al aula, como en la década del 30. Volver a las calles con Bolívar, ir a su encuentro, porque el Libertador, como decía Martí, está presente en lo más viril y honrado de las entrañas de América.

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia.

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé.

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá.

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.

Sí, volver a Bolívar en las aulas para que las nuevas generaciones puedan decir a sus maestros lo que Bolívar decía a su incomparable Simón Rodríguez.

‘Usted formó mi corazón para la libertad, para la Justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me señaló'.

Señores: Sí debemos volver a Bolívar como solución política a la política. En el Libertador encontramos las fórmulas para encarar los graves problemas socioeconómicos. La idea obsesiva de Bolívar sobre la unidad continental, encuentra la mejor explicación a la realidad actual del mundo que se mueve según los intereses de los grandes colosos. Sus Estados Unidos del Sur como contrapeso de carácter geopolítico a los Estados Unidos del Norte, también tenía, naturalmente, un sentido económico.

La integración económica que a nivel latinoamericano se viene dando; el Pacto Andino, los mercados comunes regionales encuentran y encontrarán en las ideas de Bolívar las ideas precursoras. Pero estas integraciones y todos los impulsos económicos deben responder no a criterios desarrollistas porque tienden a sacrificar por largo tiempo las necesidades de los pueblos. Estas integraciones deben ir acompañadas de un ritmo político que procure con urgencia una distribución justa de la riqueza. Este ritmo político o lo implanta el sano juicio de los estadistas, por la vía pacífica, o tendrán que obedecer al empuje masivo y desesperado de los pueblos.

En nuestro país estamos abocados, desde luego, a la misma realidad crítica y a las mismas perspectivas agónicas. Nuestro crecimiento vegetativo no tiene correlación óptima con el crecimiento de nuestra economía. En la producción, para lo que servimos, los insumos descontrolados hasta fiscalmente, tornan apáticos y desesperanzados a los productores. Anualmente, más de 20 mil jóvenes panameños reclaman trabajo para sus brazos, y somos conscientes que no tenemos trabajos para esos brazos, quemando ilusiones y creando con ellos problemas adicionales.

Nadie puede dudar que a la mayoría de los niños panameños, como a casi todos los niños de América, lo cubre una inmensa lágrima.

El mundo de los desocupados crece; crece la población en las ciudades y no ordenamos un programa para estimular el retorno a los campos. Muy por el contrario, todo se planifica publicitariamente para que el panameño sueñe con abandonar su rancho de paja, por el rancho de cemento de la ciudad.

El año 2000 nos encontrará con una población duplicada, exigiendo más servicios, con la crisis energética definida del todo, para bien o para mal. Nos encontramos a tiempo no para llorar calamidades, sino para unificar criterios en torno a grandes programas nacionales y hacerle frente con entusiasmo y fe al reto de la hora. Reto diverso, múltiple, como los afrontados por Bolívar. El primero que resolvió Bolívar fue el problema de la tiranía. Un gobierno libre y estable consigue una economía sana. El reto que no está resuelto es el de la unidad, el de la federación de los pueblos. Es la situación que a pesar de todos los esfuerzos de las figuras luminosas que ha tenido América no ha encontrado el acuerdo final.

La integración debe constituir el afán permanente de todos los líderes y de todos los pueblos. La resignación que va caracterizando a todos los sectores ante el drama energético, por ejemplo, es consecuencia de la frustración de todos estos pueblos atiborrados del ‘panamericanismo, hermandades' y otros vocablos huecos; por ello son pueblos enfrentados a los peores diagnósticos, en trance de recibir certificados de defunciones como soberanos. La unidad de ahora no es solo defensiva, mientras crecíamos como quería Bolívar. La unidad de ahora no es para comenzar a vivir, es para sobrevivir, para prepararnos a vivir una nueva sociedad y para salir de las dictaduras que estrangulan a la mayoría de los países de América Latina.

Es el reto para la América de hoy. El mismo reto que en las particularidades de su época afrontó el Congreso Bolivariano que se inició en esta augusta casa hoy hace 154 años y que todos los presentes conmemoramos con gratitud y respeto.

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