Nacional 01/02/2018 - 12:00 a.m. jueves 1 de febrero de 2018

Las universidades y el aporte al trabajo comunitario

La comunidad es el lugar donde fundamentamos las propuestas, las investigaciones y la confirmación de los nuevos saberes

Nicolasa Terreros Barrios
comunicacion@udelas.ac.pa

Las sociedades de hoy, presentan escenarios sociales, culturales, políticos, económicos y ambientales muy complejos, que deben ser abordados desde enfoques capaces de integrar nuevas formas en estudiar, analizar y resolver fenómenos y problemas producto de esta complejidad. Sin embrago, la tendencia sigue siendo la de simplificar los problemas, y el propio contexto. Este es uno de los desafíos más importantes para las universidades del presente siglo, desde el ámbito de la investigación, la docencia y la extensión universitaria. Se trata de generar nuevas formas de estudiar e intervenir en las comunidades con metodologías acordes a los nuevos tiempos.

La comunidad es el lugar donde fundamentamos las propuestas, las investigaciones y la confirmación de los nuevos saberes; es donde se hacen las investigaciones pertinentes y se comprueba la realidad, y, es allí donde la complejidad se logra percibir desde los diferentes espacios y realidades donde se interviene. En este sentido, y para evitar la sobre simplificación del contexto, hay que poner en práctica una estrategia metodológica que considere la acción-investigación-propuesta- de modo que los resultados que genere, nos permitan conocer y medir, y desde luego, compartir resultados y poder establecer comparaciones entre los escenarios.

La comunidad, como parte sustantiva de un sistema social, se convierte así, en un espacio local para la intervención, pero a su vez, como parte de un contexto más amplio. No podemos olvidar las dimensiones globales del contexto, y la influencia que pueden ejercer en nuestra intervención. Pero la comunidad, sigue siendo ese espacio social que nos permite establecer una relación directa con las personas y los grupos, que hace posible que nos conozcamos, intercambiemos y nos conectemos.

En este sentido, la universidad está llamada a definir nuevas estrategias de intervención en las comunidades, entendiendo que nuestra presencia en estos espacios -que más que territoriales son espacios simbólicos- dará lugar a nuevos procesos de intercambio, de reconocimiento y aprendizaje mutuo. De allí que, nuestra presencia implica que debemos adaptarnos a las realidades de las comunidades, pues nuestro ‘estar' en cierto modo significa perturbar sistemas ya establecidos y generará sin duda alguna, algún tipo de resistencia por parte de la comunidad. Hoy día, subyacen enfoques de trabajo comunitario, desde las universidades, que conciben la comunidad como ese micro espacio con una micro cultura, que nos interesa intervenir; perdiendo de vista la identidad de las comunidades, la diversidad que les caracteriza a cada una de ellas, y que es precisamente esta condición de la comunidad, la que debe invitarnos a la búsqueda de lo que es común para nosotros, y trabajar en base a esta realidad.

La propuesta de un modelo de trabajo comunitario de la Universidad Especializada de las Américas, intenta convertirse en esa nueva forma de intervenir en la comunidad, con la participación de la gente, con el establecimiento de un diálogo que propone hablar desde la universidad, pero escuchando a la comunidad, y sobre todo compartiendo los saberes que ambos actores seamos capaces de construir.

Este modelo se sustenta primordialmente, en los conocimientos generados por la propia universidad desde dos ámbitos; el debate de las teorías, de donde han de haberse definido los ejes temáticos, los fundamentos y principios que definen lo que es el trabajo comunitario; y la experiencia práctica, que ha sido construida sobre la base de lo que hemos sido capaces de hacer en el campo de la vinculación entre la universidad-los grupos-la comunidad-el entorno-la sociedad.

La integración de estos elementos sustantivos del quehacer de las universidades, producto de las experiencias desarrolladas por sus docentes y estudiantes, quienes establecen vínculos de intercambio permanente con la sociedad, se constituyen en el punto de partida de la propuesta de un modelo de trabajo comunitario.

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